Es posible, querido lector, que al leer esta columna hoy lunes todavía el desenlace de la primera vuelta no esté 100% cerrado. Si sí, ¡en buena hora!
Es posible, querido lector, que al leer esta columna hoy lunes todavía el desenlace de la primera vuelta no esté 100% cerrado. Si sí, ¡en buena hora!
Lo que hayan decidido las urnas ayer nos deja un mensaje más allá de las preferencias. Aunque el ideal es que cada uno emita su voto estando debidamente informado, previo ejercicio reflexivo, la realidad es que la mayoría vota “con las tripas”, pensando en sus empleos, en sus sueldos o en los deficientes y escasos servicios estatales que tenemos. No todos votamos con estrategia, pensando en el equilibrio de fuerzas entre el Ejecutivo y el Parlamento, o en el balance partidario en el Senado y la Cámara de Diputados.
El resultado de la primera vuelta traerá un nuevo escenario, quizá menos complejo (de 35 opciones a dos), pero superlativo y hasta liberador. Se acerca el fin de la incertidumbre que paraliza decisiones e inversiones. Y en ese punto, solo quedará trabajar y avanzar con lo que hay, como lo ha hecho el país durante tantos años. Si bien llevamos años a la deriva, sí tenemos algunas certezas que debemos exigir que las nuevas autoridades cuiden y protejan, como la independencia del BCR, la responsabilidad fiscal y la idoneidad de perfiles con solvencia técnica y capacidad de negociación. Y es que, la diferencia entre gobernar y sobrevivir radica también en nuestra capacidad de exigir integridad, sea cual sea la inclinación política de la autoridad.
Desde este espacio, abocado a la economía y a los negocios, quiero recordar que más allá de las cifras, lo importante es que estas se traduzcan en reducción de pobreza, mejores servicios y/o una atención de calidad en el sector salud. El bienestar proviene del crecimiento económico que, a pesar de los embates, es resiliente, pero no inmune si avanzamos con mucha desconfianza.
Al cierre del día, el mercado y el tipo de cambio reflejarán la temperatura de nuestra elección; será una foto momentánea. El próximo gobierno no solo deberá gestionar el PBI, la inversión privada o la inflación, sino la fragmentación y el debilitamiento institucional. La tarea no es fácil, pero el objetivo es claro: el país debe dejar de caminar sin rumbo y con autoridades por las cuales no sentimos ni el mínimo respeto.




