martes, abril 21

A pesar de la incertidumbre respecto de los resultados electorales, nos vamos acercando a una segunda vuelta. En el marco de las innumerables promesas electorales, emitiremos nuestros votos, otra vez, el próximo junio.

¿Son las promesas de campaña mentiras o no?

Adam Grant, psicólogo de Wharton, explica que operamos en varios modos de pensar y hablar: el predicador, el fiscalizador, el político y el científico. Según Grant, estamos en “modo predicador” cuando defendemos nuestras creencias e ideales; en “modo fiscalizador”, cuando buscamos contradecir e invalidar los argumentos del otro; y, en “modo político”, cuando decimos lo que la audiencia quiere escuchar para ganar su aprobación o, como en este caso, su voto. La cuarta forma es el “modo científico”, que nos obliga a revisar nuestras opiniones y conclusiones basándonos en la lógica y la data.

Los candidatos presidenciales utilizan, principalmente, los tres primeros: el modo predicador, fiscalizador y político. Ellos están constantemente, en la campaña, predicando, persuadiendo y buscando formas de ganar al otro en la interacción. No asumen responsabilidad respecto de lo dicho, y no requieren mostrar resultado alguno. Por lo que estos métodos no están diseñados para mentir o decir la verdad, sino para ganar una elección. Es una estrategia política.

¿Y qué ocurre cuando uno gana?

La situación cambia. Así, el presidente electo se ve obligado a gobernar una realidad concreta y a mostrar resultados tangibles. Si bien algunos dicen que los gobernantes no dejan de hacer campaña cuando son elegidos, su modo de pensar y comunicar requiere un mayor acercamiento al “modo científico”; es decir, ya no basta con tener data, necesitan actuar en función a ella.

Así, el cambio de “modo” genera una evidente discrepancia entre lo ofrecido en la campaña y lo ejecutado en el gobierno. En esa línea, por ejemplo, PolitiFact, una plataforma norteamericana de verificación de hechos, rastreó las promesas de los presidentes de Estados Unidos. Según esta fuente, Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden no llegaron a cumplir, en sus respectivos gobiernos, ni el 50% de sus promesas de campaña. Este patrón se repite sin importar la ideología o el partido.

El paso de candidato a presidente genera, en efecto, una disonancia, pero ello no implica que todas las promesas de campaña sean mentiras, sino que el gobernar exige un ajuste pragmático.

Así se juega este partido y entenderlo nos hace más lúcidos y nos permite preguntarnos no quién promete más, sino quién será, en su gestión, menos candidato y más gobernante.

Share.
Exit mobile version