miércoles, agosto 26

En un entorno cada vez más competitivo, volver a crecer exige mirar con atención una variable que a veces damos por sentada: la productividad. No se trata simplemente de producir más o trabajar más horas, sino de encontrar mejores maneras de hacer las cosas, aprovechar mejor los recursos y convertir capacidades en resultados.

En el Perú tenemos aún una importante brecha que cubrir frente a economías más desarrolladas. La experiencia internacional confirma la magnitud de las brechas. En 2024, la productividad medida como PBI por hora trabajada alcanzó US$84,1 en Estados Unidos, US$92,2 en Dinamarca y US$99,7 en Noruega, mientras que en nuestro país no llega a los US$20.

El desafío es particularmente evidente en el país: nuestra productividad laboral equivale apenas al 27% del promedio de la OCDE, pese a que trabajamos alrededor de 2.250 horas al año, frente a unas 1.740 en las economías de la OCDE. Estas diferencias no reflejan únicamente el esfuerzo de los trabajadores: también dependen del capital, la tecnología, la innovación y la eficiencia con la que se organizan los recursos.

La productividad se construye desde varios frentes. Empieza por procesos más simples y eficientes, continúa con tecnología que permita tomar mejores decisiones y depende, sobre todo, de equipos preparados para adaptarse, aprender y ejecutar con agilidad. Ninguna herramienta genera valor por sí sola si no existe una cultura dispuesta a mejorar de manera permanente.

La tecnología tiene hoy un papel especialmente relevante. La inteligencia artificial, la automatización y el análisis de datos están abriendo una nueva frontera de productividad: permiten reducir tareas repetitivas, anticipar necesidades, tomar decisiones con más información y liberar tiempo para actividades de mayor valor. Pero el verdadero impacto no vendrá simplemente de incorporar nuevas herramientas, sino de nuestra capacidad para rediseñar la manera en que trabajamos alrededor de ellas.

En Grupo AJE, esta mirada forma parte de la evolución que venimos impulsando con AJE 2.0: fortalecer capacidades, innovar, diversificar y operar con mayor agilidad para seguir conectando con consumidores de distintos mercados y generaciones. Más que incorporar herramientas, buscamos construir una organización capaz de aprender, cuestionarse y transformarse continuamente.

Pero el desafío de la productividad trasciende a una empresa. Para que el Perú vuelva a crecer de manera sostenida necesitamos inversión, infraestructura, educación, innovación, instituciones que generen confianza y empresas cada vez más competitivas. No podemos construir el crecimiento del futuro simplemente sumando más horas de trabajo o más recursos; tenemos que conseguir que cada hora trabajada, cada sol invertido y cada decisión generen más valor.

La productividad, finalmente, es una cultura. Se desarrolla cuando cada equipo entiende que siempre existe una oportunidad para simplificar un proceso, mejorar una decisión, incorporar una nueva capacidad o encontrar una manera distinta de servir al consumidor. El crecimiento del futuro no vendrá de trabajar más, sino de hacer mejor las cosas. De aprender más rápido, innovar constantemente y transformar nuestras organizaciones antes de que el mercado nos obligue a hacerlo. Ese es el verdadero reto de la productividad y una de las claves para que el Perú vuelva a crecer.

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