Ni un murmullo, ni un timbre telefónico. Solo silencio por parte de la audiencia que, durante hora y media, no hizo más que tener los ojos fijos en Wendy Vásquez Larraín (Lima, 1978), cuya interpretación de Tessa, abogada que acaba de ver su mundo colapsar, se apoderó del Teatro La Plaza en esa primera función con público de “Prima Facie”, obra de la dramaturga australiana Suzie Miller que ha conquistado allá donde se ha puesto en escena. Para no arruinar la experiencia del espectador, basta decir que la protagonista, quien se gana la vida defendiendo acusados de violación, descubrirá de primera mano las fallas del sistema que creía eficiente.
“Yo tengo que contar esta historia”. Eso pensó Juan Carlos Fisher (así lo dijo a El Comercio) hace años al conocer el texto y sentir que debía adaptarlo. “Es emocionante ver que la obra está teniendo una vida por todos lados, se está haciendo en todo el mundo y está generando esto”, cuenta el director teatral sobre el efecto en la audiencia. “Y si estás acompañado de una de las mejores actrices del Perú es todo mejor”, remata. Considerando su experiencia en el Perú y también en España, donde ya dirigió esta obra, él sabe lo que dice.
“Juan Carlos y yo nos conocemos hace muchos años y hemos trabajado muchas veces juntos”, cuenta Vásquez Larraín a este Diario tras la función y asegura que, sí, ella se encuentra bien a pesar del atropello emocional y físico al que la empuja el papel. Es la única en escena, la que levanta la pieza solo con su performance.
“Es bien demandante a muchos niveles. Físico; me siento como una atleta a veces. Emocionalmente también; es movilizador”, dice Vásquez Larraín, quien por momentos durante la obra se para sobre la mesa y hace un bailecito, pero también se quiebra, duda, se apaga por todo lo malo que le pasa a Tessa. “Sin embargo, es un privilegio. Yo lo siento como un privilegio y me siento muy agradecida de poder estar haciendo esto. No siempre te tocan proyectos tan exigentes y tan demandantes y es un lujo poder tener estos espacios de crecimiento”, añade. “No dudo que ella termine exhausta emocionalmente”, sostiene por su parte Fisher, “pero lo bonito es que hacemos teatro porque lo amamos y nos gusta contar historias”.
Para esta versión el director apuntó al minimalismo. La versión del West End y Broadway con Jodie Comer, por ejemplo, incluía música, varios cambios de vestuario e incluso lluvia en el escenario. La versión peruana tiene escasa utilería. Apenas una mesa, una silla y luces de neón que trazan los bordes de una caja transparente que ocupa todo el escenario y que es, al mismo tiempo, dormitorio, oficina, cocina, juzgado y taxi. Pero así como esta parquedad hace que la atención recaiga más en la actriz, la iluminación hace lo suyo para oprimir al personaje.
Fisher: “Lo poderoso de este texto era tener a la actriz contándolo y viviéndolo con nosotros, para nosotros, que cualquier otra cosa que tengamos podía ser un distractor”.
Para el final de “Prima Facie”, el espectador habrá hecho las veces de jurado. Cómo no tomar posición cuando se desmenuzan los huecos de un sistema que, se supone, tiene que proteger a las mujeres. La obra acaba con un veredicto, pero también incomoda y hace cuestionar para quién está hecha la justicia que despliega en boca de la actriz. Porque para la víctima, no.
DATO
“Prima Facie”
De miércoles a domingo en el teatro La Plaza de Larcomar. Entradas a la venta en Joinnus.

