Hay amistosos que obligan a mirar de frente lo que viene. Y si hay algo que Mano Menezes entendió apenas pisó Videna, es que la selección peruana necesita eso: un impacto inicial. No un rival amable que adormezca las urgencias, sino uno que las exponga. Por eso Senegal, cuadro que ganó en el campo la Copa África, pero que hace unos días perdió el título por un reclamo de Marruecos (La CAF declaró ganador a Marruecos tras el abandono del campo de los senegaleses), aparece como la primera montaña que deberá escalar una Bicolor que entra en pleno proceso de recambio, con jugadores que buscan un lugar y referentes que deben sostener a los demás en la turbulencia.
Hay amistosos que obligan a mirar de frente lo que viene. Y si hay algo que Mano Menezes entendió apenas pisó Videna, es que la selección peruana necesita eso: un impacto inicial. No un rival amable que adormezca las urgencias, sino uno que las exponga. Por eso Senegal, cuadro que ganó en el campo la Copa África, pero que hace unos días perdió el título por un reclamo de Marruecos (La CAF declaró ganador a Marruecos tras el abandono del campo de los senegaleses), aparece como la primera montaña que deberá escalar una Bicolor que entra en pleno proceso de recambio, con jugadores que buscan un lugar y referentes que deben sostener a los demás en la turbulencia.
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El amistoso pactado para el 28 de marzo, en la próxima fecha FIFA, no es un exceso de ambición. Es una elección calculada. Senegal llega con un equipo consolidado, con futbolistas de élite plenamente vigentes: Sadio Mané, líder emocional y futbolístico del plantel; Nicolas Jackson, delantero del Bayern Múnich; Idrissa Gueye, uno de los mediocampistas más intensos de África; y Edouard Mendy, arquero campeón de Europa. Es decir, un rival que obligará a competir, no solo a presentarse.
Para una selección peruana que arrastra un ciclo irregular, con el recuerdo todavía fresco del fracaso de Reynoso y Fossati, y con la obligación de recomenzar de forma urgente, Senegal representa una especie de espejo incómodo: muestra lo mucho que falta, pero también lo que puede lograrse si el plan es sostenido.
Durante su presentación, Mano Menezes fue claro con su política de convocatoria: quiere referentes cerca de los jóvenes. “Los referentes son importantes. Porque los jóvenes, en determinados partidos, pueden ser ayudados por jugadores que pasaron por situaciones fuertes”, dijo. Y ese matiz es clave para entender por qué este adversario es el ideal.
El técnico brasileño no solo necesita evaluar rendimientos individuales; necesita medir carácter y lectura de juego bajo presión. Los amistosos ante rivales de menor jerarquía no generan esas respuestas. Senegal sí. Los africanos no especulan, no regalan metros, no negocian la intensidad. Para un equipo que debe reajustar automatismos, que debe volver a ser fuerte en duelos y que necesita recuperar autoestima competitiva, pocas pruebas son más completas.
Víctor Zaferson, scout peruano con amplia trayectoria, explica que el criterio para elegir rivales en amistosos no puede depender del miedo al resultado, sino del propósito. “En los últimos años me he convencido que el resultado de los amistosos es muy subjetivo. Depende del momento de los jugadores, de los disponibles y de lo que busca el seleccionado. Cualquier rival competitivo suma”, señala.
Lista de convocados para amistosos con la selección peruana (Imagen : @La Bicolor)
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El scout agrega un punto crucial: el progreso de las selecciones africanas. “Los africanos han crecido mucho, sobre todo Senegal reforzándose con futbolistas formados en Europa. Ya no creo en eso de que si arrancas con uno débil te irá mejor después porque la exigencia crecerá gradualmente. Rusia juega solo amistosos hace 3 años y Perú, que jugó partidos oficiales en ese tiempo, no le pudo ganar”.
Su reflexión final apunta al corazón del problema: la mentalidad. “Reynoso enfrentó a Alemania y Marruecos y lo criticaron por elegir rivales tan duros. Lo más importante es que los futbolistas se tomen en serio todos los partidos”.
Desde otra mirada complementaria, Ernesto Arakaki -cuatro veces campeón nacional y hoy formador de jugadores en Perú- coincide en que evitar rivales fuertes ya demostró ser un error. “Creo que ya se quiso hacer una programación de amistosos pensando en la progresión, que quizá se comience con uno más accesible y después con selecciones más complejas. Y no ha funcionado”, explica.
Para Arakaki, el camino real es más directo: “En la selección tenemos que convocar a los mejores y ganar los amistosos. Esa es la forma de armar un equipo y crear un espíritu competitivo, ganador”.
El recambio generacional de la selección peruana no es solo el pedido del hincha: es una necesidad estructural. Varias piezas del equipo que llegó a Rusia 2018 ya no tienen el mismo impacto, continuidad o ritmo competitivo. El reto de Menezes es mezclar esa experiencia con el empuje de una nueva camada que todavía no termina de consolidarse: los Noriega, Quispe, Grimaldo…
Y esa mezcla -si quiere funcionar- debe ser templada en partidos que importen. No por el marcador, sino por las preguntas que obligan a responder. Senegal, con su físico dominante, su velocidad en transición y su jerarquía individual, es un rival perfecto para sacar las primeras conclusiones.
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