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La ausencia de Perú en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar 2026 no ha pasado desapercibida. Tras varias ediciones con presencia —e incluso triunfos— nacionales, este año ningún representante figura ni en la competencia internacional ni en la folclórica, manteniendo al Perú con 10 Gaviotas ganadas hasta el momento.
La ausencia de Perú en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar 2026 no ha pasado desapercibida. Tras varias ediciones con presencia —e incluso triunfos— nacionales, este año ningún representante figura ni en la competencia internacional ni en la folclórica, manteniendo al Perú con 10 Gaviotas ganadas hasta el momento.
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El festival chileno, que distingue entre la competencia internacional (canción inédita de cualquier género) y la folclórica (propuesta con raíz tradicional), cuenta históricamente con delegaciones peruanas. Sin embargo, en 2026 Perú no aparece en la lista de países participantes.
¿Falta de postulación? ¿Problemas en la curaduría local? ¿Simple rotación geográfica? Viña no solo evalúa canciones: investiga trayectorias, consistencia escénica y proyección internacional. No es un casting improvisado, sino una vitrina estratégica. En ese contexto, conversamos con dos peruanas que participaron en el certamen —Lita Pezo y Jessyca Sarango— para entender qué busca Viña y por qué hay años de auge y otros de ausencia.
Lita Pezo representó al Perú en la competencia internacional de Viña 2024 con una propuesta íntima y autobiográfica, reafirmando la vigencia del país en la Quinta Vergara.
/ Diego Martin
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Jessyca Sarango, quien participó en 1999 y 2005, recuerda que su diferencial fue la autenticidad. “Creo que fue mi forma de escribir e interpretar mis canciones, además de siempre haber tenido un look fuera de los estándares musicales y de la moda. Nunca me he dejado influenciar por las tendencias, siempre he sido yo”, afirma.
Más crítica, sostiene que la industria musical ha sufrido un “deterioro masivo” donde predomina el show por encima del contenido. “A más sucio y mediocre a nivel artístico, más atractivo para el público masivo. Es la triste realidad”, dice sin matices. En su diagnóstico, los festivales ya no son necesariamente sinónimo de talento, sino parte de un engranaje más plástico.
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Por su parte, Lita Pezo, finalista y figura destacada en ediciones recientes, ofrece otra perspectiva. “Creo que fue la pasión y las ganas con las que fui. Mi canción contaba mi historia, mi lucha en mi vida personal y la música”, señala. Para ella, el componente emocional —una narrativa honesta— conecta con el jurado y el público de la Quinta Vergara.
¿Cómo convertirse en un artista atractivo para Viña? Pezo es pragmática: no existe un requisito secreto. “Ellos miran el trabajo e investigan todo tu currículum”. En su caso, tras su paso por La Voz Perú, desarrolló proyectos propios y consolidó repertorio original. La proyección fue consecuencia de un proceso sostenido.
Jessyca Sarango marcó un hito para el Perú al obtener doble Gaviota en 1999, consolidándose como una de las voces más recordadas en la historia peruana del certamen.
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¿Por qué hay temporadas con fuerte presencia peruana y otras de vacío? Sarango desliza una hipótesis: pérdida de credibilidad en la industria. “Ya ningún premio o festival es sinónimo de talento. Todo es plástico y artificial”, sostiene. Su mirada es estructural: más que un problema de artistas, sería un problema de sistema.
Pezo, en cambio, relativiza la lectura nacional. “Va más allá del país. El equipo de producción busca darle algo nuevo y fresco a cada edición”. En su experiencia, Viña rota geografías y estilos para renovar el espectáculo. La ausencia de un país no implica sanción ni desinterés permanente.
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También desmonta un mito recurrente: Un peruano no puede ganar dos años consecutivos. “No lo creo”, responde de forma contundente. Recuerda que otros países han repetido premio en distintas ediciones y que, en definitiva, “cuando es tu tiempo, es tu tiempo”, agrega.
Para los jóvenes, ambas coinciden en la disciplina. Sarango es tajante: “La carrera musical no es para todo el mundo. La industria puede destruir el espíritu”. Recomienda estudio, preparación y dedicación absoluta. Pezo subraya la importancia de proyectarse internacionalmente: más que el trofeo, lo relevante es que “el mundo entero sepa de ti”.
Antes de hablar de ausencia conviene mirar el archivo. Perú no ha sido un actor marginal en la Quinta Vergara. Ha tenido picos de protagonismo, años discretos y regresos celebrados. La memoria de Viña, para el público peruano, no está hecha solo de nostalgias sino de fechas concretas, canciones y Gaviotas que marcaron época.
Interpretó “Hay un modo”, compuesto por Pedro Suárez Vértiz, quedando finalista aunque sin Gaviota, pero marcando una primera presencia destacada en la era contemporánea del festival.
Compitió con “No volveré a caer”, canción emblemática que le brindó gran reputación a nivel internacional, sin embargo, no consiguió el premio.
No compitió en concurso, pero su presencia como artista invitada y jurado marcó un momento de alta visibilidad para la música criolla peruana, incluso interpretando clásicos como “La flor de la canela” en show especial.
Obtiene la primera Gaviota de Plata para el Perú con “Juramento”, compuesto por Carlos Rincón, llevándose además trofeos por Mejor Interpretación y Canción.
Gana Gaviota de Plata a Mejor Intérprete con el tema “Vida”.
Compite Jorge Pardo interpretando el tema “Mi alma entre tus manos”, compuesto por Jessyca Sarango, con el que gana dos Gaviotas. Sin embargo, una polémica pondría en disputa el premio entre Pardo y Sarango.
Se impone con “Tusuykusun” (“Bailemos” en quechua), obteniendo Gaviota de Plata a Mejor Canción, siendo la peruana más joven con una Gaviota a sus 22 años.
Participa con “La flor de la canela”, aunque no alcanza los premios mayores.
Compite con el tema “Destrozado y sin control” en su estilo pop rock y optimiza su presencia, llegando a rondas finales pero sin conseguir Gaviota.
Triunfa con “Sonero de Callejón”, llevándose Gaviota de Plata a Mejor Interpretación.
Compite con “Ya no más”, tema que ganó Gaviota de Plata a Mejor Canción y Gaviota de Plata a Mejor Intérprete.
Participa con la canción “Una misma sangre”, en coautoría con Santiago León Falcón, una propuesta andina sin lograr premio.
Se consagra con “Warmisitay”, ganando Gaviota de Plata en folclor con un tema que fusiona raíces andinas y pop.
Representa a Perú con “Luchadora”, una balada de carácter autobiográfico que la posicionó en instancias finales de la competencia, aunque sin alzarse con trofeo.
Debuta en la Quinta Vergara con “Kuti Tika”, una propuesta que fusiona ritmos andinos, rap y música urbana, exaltando la cultura andina aunque no obtuvo Gaviota.
Milena Warthon se convirtió en la última ganadora peruana en Viña del Mar (2023), imponiendo el pop andino y renovando la identidad musical del país ante el público internacional. (Foto: @milenawarthon)
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Si se mira el mapa completo, la participación peruana en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar no ha sido lineal, pero sí cíclica. Esa secuencia demuestra que Perú no es un invitado ocasional, sino un competidor que es cada vez más frecuente.
La pregunta, entonces, no es si el talento existe, sino si el engranaje institucional y estratégico está funcionando para colocar ese talento en la vitrina adecuada. Las respuestas de Sarango y Pezo coinciden en un punto: más allá de coyunturas, o mitos urbanos, lo decisivo sigue siendo la identidad artística. Si esa identidad encuentra gestión y oportunidad, el retorno solo será cuestión de tiempo.




