Los gatos parecen desafiar las leyes de la física cuando caen: sin impulsarse contra nada, logran girar en el aire y aterrizar de pie. Este fenómeno, conocido como “reflejo de enderezamiento”, responde en realidad a una compleja maniobra corporal basada en la estructura de su columna vertebral.
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Esta combinación permite que el gato ejecute una secuencia precisa de movimientos en el aire. Primero rota la parte delantera del cuerpo -cabeza y patas delanteras- gracias a la flexibilidad torácica. Luego, la parte trasera sigue el mismo movimiento, alineándose para el aterrizaje.
La rigidez de la zona lumbar cumple un papel clave: actúa como un “ancla” que evita que el animal pierda el control mientras gira, facilitando una rotación segmentada del cuerpo sin necesidad de apoyo externo.
Los autores del estudio señalan que este mecanismo no solo explica la habilidad de los gatos para caer de pie, sino que también podría aportar información útil para la medicina veterinaria y el desarrollo de robots más ágiles.














