sábado, febrero 14

Habiendo ya iniciado la temporada tenística 2026 y aprovechando el primer trimestre, surge un debate no menor que debe ser abordado con pinzas y que seguro en los siguientes meses leeremos más. Y es que hace un tiempo, importantes declaraciones hicieron ruido en el mundo del tenis: el presidente de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), el extenista italiano Andrea Gaudenzi, comunicó a la prensa los cambios que se avecinaban para la organización de cara a los próximos 2 o 3 años.

Habiendo ya iniciado la temporada tenística 2026 y aprovechando el primer trimestre, surge un debate no menor que debe ser abordado con pinzas y que seguro en los siguientes meses leeremos más. Y es que hace un tiempo, importantes declaraciones hicieron ruido en el mundo del tenis: el presidente de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), el extenista italiano Andrea Gaudenzi, comunicó a la prensa los cambios que se avecinaban para la organización de cara a los próximos 2 o 3 años.

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Entre varias novedades que sucederán dentro, la parte más preocupante fue, sin duda, que se esté cocinando un plan para intentar que en febrero coexistan dos eventos de mucho peso en el circuito: la gira sudamericana y un nuevo torneo de categoría Masters 1000, en nada más y nada menos que Arabia Saudita, propuesta que tiene como meta iniciarse en el 2028.

Aunque a simple vista pareciera ser un proyecto ambicioso y conveniente para el deporte internacional, las declaraciones son, de arranque, alarmantes, sobre todo para quienes vivimos de este lado del globo. Desglosemos.

En primer lugar, el calendario tan apretado. La ATP cuenta con nueve torneos de categoría Masters 1000 en el año, de los cuales ocho son obligatorios y que, en su mayoría, duran dos semanas. Al año tenístico, y es un tema de conversación ya conocido entre los tenistas, le faltan semanas para calzar todos los torneos en los que tienen que participar, eso sin contar los Grand Slams –que también duran dos semanas-, los ATP 500 y los ATP 250 -con los que también tienen que cumplir una cuota-, además de las semanas que se juega la Copa Davis, aunque en este campeonato no tenga injerencia la ATP, de igual manera genera cruces de calendario. Pretender calzar un evento más de dos semanas es, simplemente, una locura.

¿Cómo se vería perjudicado, entonces, el panorama para el tenis latinoamericano con estos cambios?

Lo realmente desconcertante es lo que traería consigo añadir otro Masters 1000 en febrero: la desaparición de la gira sudamericana. En el 2024 el torneo ATP 250 de Córdoba, Argentina, tenía su última edición. Con esa baja, en la región sudamericana quedaron apenas 3 campeonatos: el ATP 250 de Buenos Aires (Argentina), el ATP 250 de Santiago (Chile) y el ATP 500 de Río de Janeiro (Brasil), agrandando aún más la brecha que existe con los torneos en Norteamérica, Europa y Oceanía. Con la inclusión de un nuevo torneo de categoría Masters 1000, que dure dos semanas y en el mes en que precisamente se juega la gira por Sudamérica, estos tres mencionados corren extremo peligro de ser olvidados y hasta eliminados.

Comencemos destacando la relevancia de los torneos ATP 250 y 500 alrededor de todo el mundo. Estos torneos, muchas veces, son las mejores oportunidades que tienen los tenistas de menor ranking de hacer puntos, ganar títulos y competir activamente en un circuito que en instancias más grandes resulta destructivo (claros ejemplos son los tenistas top 10, top 20 o top 30 que vienen a Sudamérica, o figuras como Novak Djokovic, Carlos Alcaraz y Jannik Sinner que tienen también sus cuotas de aparición en otras partes del mundo). Con ello, claro está, viene lo de recibir una remuneración decente (y digo decente porque ni se acerca a lo que ganan jugando en un Grand Slam, que para muchos incluso nunca llega), tema que para los que están fuera del top 100 es una preocupación bastante grande –ni siquiera vamos a ahondar en lo extremadamente caro que es sostener una carrera en el tenis, eso da para otro artículo.

Ignacio Buse celebró su tercer título de categoría Challenger en la temporada. (FOTO: ITEA).

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Que sean varios torneos y estén repartidos en todas partes del mundo les permite organizar mejor sus calendarios porque, de por sí, los obligatorios ya copan casi todo el año, así que son buenas oportunidades para aprovechar las giras y seguir compitiendo sin perder el ritmo.

Los ATP 250 y 500, al ser torneos más chicos, pero en los que igual participan jugadores de nombre, permiten acercar el tenis a países donde quizás aún falta inversión. La gira sudamericana es el ejemplo perfecto: apenas tenemos el torneo en Buenos Aires, el de Santiago y el de Río, tres eventos que, a pesar de la cantidad, mueven masas. Para un continente es nada, en comparación de Europa o Asia, o incluso de Estados Unidos, como mencionábamos anteriormente, pero al menos nos da ese primer acercamiento y nos permite agarrarnos de algo para trabajar por el desarrollo del deporte en la región, especialmente en el momento actual tan importante para el tenis latino que viene creciendo a pasos agigantados.

Con un nuevo añadido en el calendario y un inminente recorte en la lista de torneos de menor categoría (porque superan en cantidad a los más grandes), los primeros en “pagar pato” seguramente vamos a ser nosotros. Y complementando con el punto anterior, lógicamente, quitar estos eventos aleja más al público del deporte. No es lo mismo ver un torneo en la televisión que en vivo. Desde el lado emocional, para quienes somos realmente fanáticos, presenciar un torneo, gritar en un estadio, tomarse la foto con un jugador, es un sueño hecho realidad.

Si quitamos los pocos ATP que quedan en Sudamérica, al final nos vamos a quedar solo con los Challengers, que están muy buenos y generan movimiento, pero son circuitos completamente diferentes. Para los jugadores, los ATP de Sudamérica (y Latam en general) son tribunas importantes. Ejemplos como Joao Fonseca, una nueva figura sudamericana en ascenso, Francisco Cerúndolo, consolidado como el mejor tenista de la región en el ranking mundial hace buen tiempo, y ahora Ignacio Buse como abanderado peruano dentro del top 100, juegan un rol determinante en la representación local. Jugar en sus países o en territorios accesibles para sus comunidades es primordial para ellos mismos y para su gente; además, significa una inyección económica también para el país anfitrión: por los auspiciadores, por las entradas vendidas, por el turismo interno y externo que genera. En este mismo eje, ¿cabe siquiera recordar la cantidad de jugadores sudamericanos que han pisado el top 50 mundial en la historia? Y si pensamos en el tenis saudí, ¿se acercaría en algo a esta cifra?

Otro dato del que se viene hablando mucho –sobre todo en redes sociales- es la observación, y a veces queja, de la brecha que existe en el ranking y la diferencia abismal que hay entre un grupo de jugadores con otro. El espacio entre el top 2 y el resto del ranking es evidente (hablando específicamente de puntaje, aunque en nivel es más que obvio) y esto genera que, al final del día, tengamos casi siempre los mismos jugadores en las rondas finales. ¿Pues qué creen que va a pasar si llenan el calendario de más torneos grandes? La brecha se va a agrandar aún más, porque clasificar a un M1000 es mucho más difícil. Las rondas de qualy van a ser una matanza y al final vamos a terminar viendo a los “mismos de siempre” competir en todo –si es que ya no lo estamos viendo-. Dice Gaudenzi que “los fans aman ver a los mejores compitiendo entre sí” y sí, lógico, pero al final queremos ver diversidad, para eso existe un catálogo amplio de torneos (y, además, ¿no debería importar más lo que quieran los tenistas, antes que los fans?).

¿Y la demanda física y emocional que implican los torneos de dos semanas en un calendario tan apretado para los atletas? Ya varios tenistas han pronunciado sus molestias al respecto, es un sinsentido pretender que puedan seguir adaptando sus calendarios a torneos más largos y demandantes, eso sin mencionar la polémica alrededor de las marcas de pelotas. Al final nos vamos a quedar con jugadores sumamente lesionados, cansados física y mentalmente, algo que ya está sucediendo.

A los tenistas no se les está escuchando, cabría detenerse un momento a pensar que, antes que deportistas, son seres humanos y necesitan descanso y que sus pedidos sean atendidos también. Pretender colocar un M1000 en un país que mueve más dineroque tenis como Arabia Saudita es un arma de doble filo: porque es un destino caro y lejano, porque está aún lejos de consolidarse como potencia de este deporte, porque a pesar de ser sede de un par de torneos la gestión para ir a competir es complicada. Pero es un país donde corre plata, y si corre plata eso ya nos da un indicador de que a los altos mandos de la ATP al final solo les importa facturar. Y ni siquiera por mejorar las condiciones de trabajo para los jugadores; para facturar en sus bolsillos.

En los años que quedan previos a estos cambios, ojalá lidere la sensatez. El argumento de “seguir trabajando por la expansión del tenis global” para al final reducirlo en este lado de nuestro continente es contradictorio y significaría un retroceso tremendo en la región. Nos da la sensación de que el tenis, finalmente, no era lo más importante. Bien dicen que “por la plata baila el mono”, ojalá que no seamos los premiados.

SOBRE EL AUTOR

(Lima, 1998) Bachiller en Comunicación Social por la Universidad de Lima. Con estudios en dramaturgia y escritura narrativa. Desde el 2015 se ha desempeñado en prensa cultural y desde el 2018 en corrección de estilo. Actualmente se desempeña como Redactora de Opinión y Deportes del El Comercio. Ver más
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