El camino hacia la Luna no ha sido ni será una tarea fácil. Entre el 6 y 11 de marzo se abría una nueva ventana de lanzamiento para que la NASA pudiera llevar adelante la esperada misión Artemis II. Sin embargo, otra vez esta ha sido postergada. Hace un mes, una fuga de hidrógeno líquido en los tanques del cohete lanzador SLS hizo suspender el despegue, cuando este ya parecía inminente. Ahora, tras un ensayo general exitoso realizado el jueves 19 de febrero, se pensaba que estábamos cerca de ver orbitar a cuatro astronautas alrededor de la Luna, por primera vez en 53 años, pero un nuevo problema ha vuelto a posponer el lanzamiento.
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Según explicó el propio Isaacman, el helio —al ser un gas inerte— es utilizado para purgar los motores del SLS y realizar la presurización de los tanques de combustibles criogénicos LH2 (hidrógeno líquido) y LOX (oxígeno líquido) a medida que estos se van descargando en esos vertiginosos segundos y minutos que suceden al lanzamiento. Una falla en este sistema podría llegar a ser catastrófica.
Por eso, buscando poner paños fríos a la situación, el administrador de la NASA calificó estos incidentes como habituales en la carrera espacial. “Durante la década de 1960 —recordó—, cuando la NASA logró lo que la mayoría creía imposible, y lo que nunca se ha repetido desde entonces, hubo muchos contratiempos. Un ejemplo histórico es que Neil Armstrong pasó menos de 11 horas en el espacio en Gemini 8, antes de que su misión finalizara prematuramente debido a un problema técnico. Poco más de tres años después, se convirtió en el primer hombre en caminar sobre la Luna”.
“Siempre la seguridad es lo primero para cualquier misión que NASA lleva adelante, así que se hacen muchas verificaciones”, nos dijo hace unas semanas la ingeniera aeroespacial peruana Rosa Ávalos-Warren, quien a fines de 2022 lideró el sistema de comunicaciones de la misión Artemis I. En su opinión, cada misión tiene su parte crítica, por eso se evalúan períodos de ventana para el lanzamiento y resulta importante ir paso a paso. “Era una misión en la que participaron tantas personas y en diferentes estados y significó mucho porque fue una parte crítica que abrió el camino para el desarrollo de Artemis II. Entonces, se pudieron verificar muy bien los sistemas del cohete y también de la nave espacial… Hay como una secuencia y un camino que nos lleva a Artemis II. Por eso, haber apoyado Artemis I para mí fue muy valioso, porque estamos llevando a la humanidad de vuelta a la Luna y es una parte también tan importante, porque estamos experimentando y viendo, después, el salto de la Luna hacia Marte”.
Sobre las posibilidades del inicio de la misión, ella comentó: “Hay diferentes periodos de ventana que se están evaluando en su totalidad, así que (el lanzamiento) depende de esos ensayos generales”. Actualmente, Ávalos-Warren trabaja en la división de Astrofísica de la NASA, como programadora ejecutiva en las misiones relacionadas con el sistema de telescopios como el Hubble y el James Webb. “En enero —dijo— acabamos de lanzar tres misiones que buscan analizar los diferentes exoplanetas (ubicados más allá de nuestro sistema solar). En sí, la división de astrofísica busca responder las grandes preguntas sobre cómo funciona el universo, su origen, la evolución de las galaxias, las estrellas y cómo hemos llegado hasta aquí”.
«La nave tiene un sistema que, en milisegundos, podría eyectar a los astronautas en caso de una emergencia”.
Pero más allá de estas interrogantes sobre el espacio profundo, llegar a nuestro único satélite resulta todavía, en pleno siglo XXI, una tarea complicada. Podría pensarse que si hace medio siglo se pudo caminar sobre la Luna, ahora con una tecnología más sofisticada todo debería ser más sencillo, pero la realidad y los objetivos son diferentes. En 1969 existía la presión de una carrera espacial con la Unión Soviética y la idea fue solo llegar. Ahora, el proyecto Artemis tiene alcances y objetivos mayores: monitorear recursos e instalar una base en la superficie lunar.
“En todo este tiempo, la tecnología ha mejorado, pero también hay límites físicos que se tienen que vencer, y sobre todo está el tema de la seguridad, pues se están lanzando vidas humanas al espacio”, dice el astrónomo peruano Erick Meza, quien es investigador del Conida, la Comisión Nacional de Investigación y Desarrollo Aeroespacial. Por lo tanto, enviar una nave a la Luna presenta ciertos aspectos críticos a vencer.
Arriba: De izquierda a derecha, astronautas Jeremy Hansen, Christina Koch, Victor Glover y Reid Wiseman, comandante de Artemis II.
/ MIGUEL J. RODRIGUEZ CARRILLO
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“Está el tema del despegue para salir exitosamente de la gravedad terrestre —enfatiza Meza—. Imagínate la cantidad de combustible que hay que consumir en solo ocho minutos (para impulsar el cohete SLS), entonces fallar ahí puede ser terrible, algo que ya ocurrió en el caso del Challenger. Por eso, la nave de Artemis tiene un sistema en la parte superior que, en una acción de milisegundos, podría eyectar a los astronautas en caso de una emergencia”.
Después de esta primera etapa, la cápsula orión —ya desprendida del cohete SLS—, orbitará la Tierra para emprender luego el viaje hacia la Luna, asistida por un módulo de servicio construido por la Agencia Espacial Europea, que será el soporte de los cuatro astronautas, durante los diez días de la misión. “El objetivo es realizar un sobrevuelo lunar y nunca antes una tripulación se va a alejar tanto de la Tierra. Me parece que llegarán hasta los 400.000 kilómetros de distancia, lo que va a permitir hacer algunos experimentos con la interacción gravitatoria de la Luna”, explica el especialista.
Y después viene el retorno. Algo tan riesgoso como el despegue. Sobre todo, porque la cápsula Orión pondrá a prueba su escudo térmico para reingresar a nuestra atmósfera a una velocidad superior a los 40.000 kilómetros por hora. “Va a tener que hacer una trayectoria de retorno —afirma Meza—, y configurar el ángulo exacto de entrada, porque un error significaría también una catástrofe. Es una parte crucial porque estarán aproximadamente a 2.500 grados centígrados, si hacemos una comparación es casi la mitad de la temperatura superficial del Sol”.
En síntesis, Artemis II buscará comprobar que el soporte vital, los sistemas de navegación, comunicación y el instrumental funcionan a la perfección, con cuatro astronautas a bordo. Esto con miras al esperado alunizaje que según la nueva programación de la NASA debería producirse en la misión Artemis IV, en 2028. Mientras tanto, la espera continua. La próxima ventana para el hipotético despegue de la misión Artemis II se abrirá en los primeros días de abril. Algunos especialistas, como el propio Meza, creen que el lanzamiento demorará más. Algo habitual en misiones tan complejas y arriesgadas como esta.














