lunes, junio 29

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Cada año el Centro Nacional de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) detecta y localiza unos 20.000 terremotos en todo el mundo, es decir, aproximadamente 55 al día.

Cada año el Centro Nacional de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) detecta y localiza unos 20.000 terremotos en todo el mundo, es decir, aproximadamente 55 al día.

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Algunos son leves. Otros, como el doblete sísmico que sacudió Venezuela este 24 de junio, causan numerosas víctimas fatales y hacen colapsar edificios enteros a lo largo de kilómetros.

De acuerdo a registros que abarcan desde aproximadamente 1900, se prevé que ocurran unos 16 terremotos de gran magnitud en un año cualquiera. La cifra incluye 15 terremotos de magnitud en el rango de 7 y uno de magnitud 8 o superior, según el USGS.

En el caso de otros desastres como los huracanes, las predicciones permiten evacuar con antelación zonas que podrían verse afectadas y salvar vidas.

Cuando se trata de terremotos, en cambio, no es posible hacer pronósticos precisos.

¿Qué impide a los científicos predecir con certeza cuándo ocurrirán?

Los fuertes sismos de magnitud 7,2 y 7,5  en Venezuela ocurrieron con 39 segundos de diferencia, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos.

Los fuertes sismos de magnitud 7,2 y 7,5 en Venezuela ocurrieron con 39 segundos de diferencia, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos.

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Los terremotos se producen por la liberación repentina de tensión que se va acumulando gradualmente debido a los movimientos de placas tectónicas a lo largo de una falla geológica.

Predecir un terremoto implicaría saber tres variables: dónde tendrá lugar, su magnitud y el momento en que se producirá, señala a BBC Mundo Antonio Morales Esteban, catedrático de ingeniería del terreno de la Universidad de Sevilla y especialista en ingeniería sísmica.

“Podemos conocer con cierta exactitud dos de esos parámetros”, dice. Se trata de los primeros.

Luego explica: “El terremoto se produce en fallas que se han estudiado geológicamente y en función de su tamaño, de la velocidad en la que se desplazan y una serie de características podemos inferir la magnitud máxima que esas fallas son capaces de producir. Aparte hay otra serie de parámetros que podemos saber, como el número de terremotos anuales, por ejemplo”.

“¿Por qué es muy difícil conocer el instante? Por la propia naturaleza de los terremotos, que se producen por el contacto entre dos placas en una falla. Esas fallas acumulan tensión. Es como si yo juntase dos dos puños, las aprieto, las deslizo una contra otro. Estoy acumulando esfuerzo entre ellos, hay un rozamiento y no se produce nada hasta que de repente, de una manera impredecible, se produce un deslizamiento súbito”, detalla.

Los científicos saben entonces que la tensión se está acumulando en las grandes fallas durante décadas, pero no hay forma de descifrar en qué momento se cruzará un umbral de resistencia y se liberará esa tensión.

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“Las fuerzas tectónicas son permanentes, siempre están empujando con diferentes niveles, con diferentes velocidades”, explica a BBC Mundo el profesor Arturo Belmonte, experto en sismología en el Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción en Chile.

“Las rocas tienen la capacidad de resistir esta acumulación de carga hasta que efectivamente se supera un umbral de resistencia”, agrega.

Y pone un ejemplo: “Es como quien rompe un lápiz de madera. El lápiz no se rompe inmediatamente sino que yo tengo que aumentar o eventualmente seguir insistiendo hasta que se va doblando y de pronto esto supera cierto umbral y se quiebra. Acá básicamente ocurre lo mismo”.

Los científicos pueden saber que esa liberación de tensión ocurre cada cierto periodo, que puede ser de decenas o centenares de años.

“En zonas sísmicas como la chilena los terremotos en general tienen períodos de retorno, de recurrencia. En terremotos con magnitud mayor a 8, el periodo puede ser 80 años, 90 años, 100 años. Pero no es posible saber exactamente cuándo va a ocurrir”.

“Lo que sí hoy día se definen son gaps sísmicos o lagunas sísmicas. Una de ellas es la zona de Atacama, la zona de Copiapó. El último terremoto ocurrió en 1922, el 11 de noviembre. Por tanto, en esa perspectiva de muy largo plazo con un error que puede tener diez, veinte años, aunque no es una predicción, uno tiene una idea de cuáles son las zonas que están por así decirlo aguantando y en las que no se ha liberado esa energía que se acumula durante estos largos períodos de tiempo», dice.

“Pero poder decir este sábado a las tres de la tarde va a haber un evento de tal magnitud en tal lugar no es posible”, aclara.

Un lápiz de madera no se rompe de golpe, sino que va acumulando tensión. Así también pasa con las placas tectónicas.

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La imposibilidad de predecir el instante de un terremoto tiene que ver también con los límites de los instrumentos y modelos científicos actuales.

Morales Esteban daba antes el ejemplo didáctico de dos puños que presionan uno contra el otro y acumulan tensión.

“Ahora imaginemos que eso sucede en una falla que tiene decenas y cientos de kilómetros de longitud con materiales diferentes, con ángulos diferentes, con una estructura complejísima”, dice.

“Con la instrumentación que tenemos hoy día y el estado del conocimiento, predecir el instante es imposible. Necesitaríamos conocer la tensión acumulada y la resistencia al material en cada punto para poder hacer un modelo, lo cual ahora mismo está muy lejano”.

La resistencia, agrega, es una variable importante que influye en la magnitud del sismo.

“Si el material de contacto, la roca que hay en la falla, es muy resistente, se acumulará mucha tensión antes de que haya esa rotura o ese deslizamiento”, explica.

“Sin embargo, si el material es muy blando, pues se van produciendo terremotos pequeños y no se producen terremotos grandes como los de ahora en Venezuela”.

“Por ejemplo, aquí en España, donde yo vivo es muy raro que haya terremotos superiores a 6 porque el material es más blando. Pero en la zona sur, en la falla Azores-Gibraltar, se llegan a producir terremotos de más de 8, porque ahí el material es muy resistente”, cuenta.

Cientos de edificios en Venezuela quedaron destrozados o colapsaron.

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Belmonte explica a BBC Mundo que los equipos actuales no permiten medir qué ocurre a grandes profundidades.

“En términos muy simples… estos eventos ocurren en zonas donde la presión y temperatura son extremas. No podemos observar directamente el fenómeno como los meteorólogos observan el movimiento de las nubes de los frentes de mal tiempo, lo que sabemos lo inferimos de las ondas sísmicas”, señala el experto chileno.

“Por ejemplo, el ser humano no ha bajado hasta más de cuatro kilómetros de profundidad en las minas, y un pozo que se hizo durante la Unión Soviética alcanzó 12 km de profundidad, pero el radio terrestre tiene 6.370 km. O sea, no tenemos acceso a las profundidades donde está ocurriendo una sismicidad tal vez precursora”.

Los modelos científicos actuales, añade, no permiten hacer predicciones exactas.

“Las fallas geológicas no son un continuo homogéneo. Y los datos disponibles también en el tiempo son relativamente limitados. La placa de Nazca, por ejemplo, subduce (se hunde por debajo de otra) hace más o menos 23 millones de años. Pero nosotros tenemos información de los últimos 500 años”.

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