No se puede entender la política nacional sin ‘Pepe’ Luna Gálvez. La ha atacado y disfrutado desde varios ángulos. En los 80 fue un aprista en ascenso que llegó a pelear por la secretaría nacional del partido. Alan García y parte de la cúpula lo frenaron. Salió del viejo partido y probó con uno nuevo, Solidaridad Nacional, fundado por Luis Castañeda Lossio en 1998. Manejó la organización para él, montándole varias campañas limeñas y nacionales. La última fue el 2016, con ‘Nano’ Guerra García como candidato presidencial. Fue una derrota porque se retiraron antes de la elección para no perder la inscripción; y fue una despedida, porque rompió con Castañeda.
FOTO: José Luna Gálvez sobre mociones de censura y vacancia contra José Jerí: “Podemos Perú ya está firmando”
Luna fundó su propio partido, Podemos, en el 2017 y encontró un candidato de arrastre, Daniel Urresti. Pequeña digresión con eco en el 2026: su principal rival interno en Solidaridad fue Rafael López Aliaga. Cuando salió Luna, este hizo un trato con Castañeda para refundar el partido. Así nació Renovación Popular y los amarillos se hicieron celestes. Los de Podemos, en cambio, no tienen un color, sino varios. Ese es su aporte a la política y a la contrapolítica, o, a lo que muchos teóricos llaman hoy el ‘vaciamiento democrático’: apurar la conversión de los partidos en plataformas electorales sin cohesión ideológica, en trampolín de independientes que entran a la política porque buscan horadar la capacidad regulatoria del Estado o para torcerla a su favor.

«En los 80 fue un aprista en ascenso que llegó a pelear por la secretaría nacional del partido. Alan García y parte de la cúpula lo frenaron. Salió del viejo partido y probó con uno nuevo, Solidaridad Nacional, fundado por Luis Castañeda Lossio en 1998». (Foto: USI)
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Perú es un caso extremo de este fenómeno ya apuntado años atrás por politólogos como Steven Levitsky y Mauricio Zavaleta en “¿Por qué no hay partidos políticos en el Perú?” (2019). Podemos es vanguardia de este fenómeno. Ha llegado al punto de convertir a su bancada en espacio de tránsito de renunciantes de bancadas de izquierda y de derecha, en una suerte de espacio de ‘coworking’ político. El partido ha llegado a tal nivel de relajo o de sofisticación -ustedes escojan- que nos obliga a mirar con detenimiento la creatividad de este hombre de 70 años que sonríe bajo sus cejas puntiagudas de lince, de Jack Nicholson o de diablo -vuelvan a escoger.
Ahora debo hacer una digresión mayor. No se puede entender a Luna en la política sin entender a Luna el emprendedor (ver mi crónica “Con ustedes, José Luna” del 17/9/2019). Igual que César Acuña, fundó una academia preuniversitaria que, tras unos años, se convirtió en universidad. A diferencia de Acuña y su UCV (Universidad César Vallejo), la de Luna, Telesup, no obtuvo el licenciamiento de Sunedu. Sin embargo, mientras duró, cumplió un rol crucial para su dueño. Fue el eje de un clientelismo de becas por votos y, además, de malas artes de influencia -esto ya no lo digo yo, sino la tesis de la investigación fiscal sobre la organización criminal Los Gangsters de la Política presuntamente liderada por él- de un esquema para capturar organismos como la ONPE y el extinto CNM (hoy JNJ). La investigaciones siguen abiertas tras varios reveses y triunfos parciales de Luna y de su narrativa de que lo investigan ‘por 8 firmas’ (un peritaje dio ese número ínfimo de firmas falsas, pero en realidad se le imputa haber influido en la ONPE, a través de su funcionario José Cavassa, para inscribir con celeridad su partido). Llegó a afrontar un pedido de prisión preventiva que no llegó a concretarse. Es uno de tantos candidatos con varios procesos abiertos.
De este combo de emprendedurismo cuasi informal, que capitalizó las ansias de educación de cientos de miles de jóvenes; del talento de político sin remilgos ideológicos que tiende puentes y palancas hacia distintas instituciones; y de operaciones non sanctas; nace la propuesta de Podemos para el 2026. Le pregunté a Arón Espinoza, secretario nacional de Emprendedores y Empresarios Emergentes -¡vean en la etiqueta una lectura del país- y principal colaborador de Luna luego de su hijo José Luna Morales; si han contratado a un marketero. “A estas alturas, ya para qué; no hay tiempo para que un extranjero venga y entienda lo que pasa en el Perú como nosotros. No conozco mejor ‘campañero’ que Pepe Luna”, me dice.
La campaña es Luna, lo saben él y sus reclutados; pero también saben que su jale de candidato es limitado. La última encuesta del CPI, aparecida el martes pasado le da 2.9%, su mejor cifra hasta ahora, pues los últimos sondeos le dan 2% (Ipsos), 0.9% (Datum) y 0.8% (IEP). Siempre fue un organizador tras bambalinas, un operador en jefe. Le costaría demasiado producirse, en tan poco tiempo, una imagen que entretenga en el escenario a costa del autoescarnio, como lo hace jocosamente Acuña. Su apuesta es saltar la valla gracias a su lista ‘coworking’.
El candidato no debió ser Luna sino Daniel Urresti, repitiendo su salto de valla del 2021; pero al caer preso condenado por el crimen del periodista Hugo Bustíos en 1988, salió de escena. El anhelo podemista es que Urresti sea pronto liberado, en aplicación de la polémica ‘Ley de Amnistía’ promulgada el año pasado. Si ello sucediera, haría campaña por su esposa Juanita Pastor, candidata al número 2 del senado por Lima. En el ideal de la armonía podemista, están los Urresti codeándose con el candidato izquierdista a la segunda vicepresidencia Raúl Noblecilla; con la estridente y provocadora candidata a la primera vicepresidencia, Cecilia García; y con Herminia Chino, madre de Betssy Chávez, en el puesto 6 de la lista al senado nacional, solo por nombrar algunos. José Cevasco, ex oficial mayor del Congreso, cercano a la derecha, incursiona en la política como el número 1 en la lista al senado por Lima. Cuando le pregunté cómo así dio ese paso, me contó: “Me buscó Luna y me dijo, ‘Pepe, quiero que des equilibrio a lista, pero no cambies de perfil, sé el mismo de siempre, técnico, preocupado en tus reformas [del Congreso]”. Luna se siente más a gusto haciendo casting electoral que encabezando el cast.
Cada uno lo suyo
Le pregunté a Arón Espinoza por los fundamentos de la campaña de los polos compartidos o ‘coworking’, que junta en la plancha a Noblecilla, que ha defendido a Pedro Castillo y a Betssy Chávez; con Cecilia García, más cercana a la derecha, y ex congresista podemista en el congreso complementario del 2020. “Al principio me opuse a ver candidatos castillistas, pero luego entendí que hoy la política tiene que ser de todas las sangres, con representantes de pensamientos distintos pero, al final, con propuestas en común”, me respondió.
Podemos es, de alguna manera, el partido de la pos polarización del 2021; no porque los polos hayan dejado de existir, sino porque los lleva y diluye adentro. Desde allí busca golpear a quiénes estime conveniente. Por lo pronto, ha escogido a dos ‘punching bags’. A ‘Porky’ López Aliaga, porque es el primero en intención de voto, porque tiene el viejo duelo castañedista que les conté y porque Espinoza es regidor metropolitano de oposición que le tiene varias denuncias guardadas al ex alcalde de Lima. El otro ‘punching bag’ es César Acuña porque Podemos se alió con Trabajo Más Trabajo, el movimiento regional del ex secretario general aprista, Elías Rodríguez, el candidato que disputó la región La Libertad con el líder de APP. Rodríguez perdió el GORE pero ganó más provincias y distritos que APP y va por la revancha en octubre.
Cuando Elías se alió a Podemos me contó sus razones y en ellas está la clave tentadora de la oferta de Luna: “Habíamos cerrado con un líder. Al rato nos dijo que le diéramos vicegobernador y otros puestos. Hablé con mis cuadros y dijimos ni hablar. Luego Podemos nos dijo ‘les damos la llave de la casa en la región y ustedes se encargan’” (ver “¿Puede Podemos contra APP?” en El Comercio del 3/2/2025). He ahí la diferencia entre una propuesta de alianza tradicional de un partido caudillista como APP y la seductora oferta del coworking podemista. Lo mismo ha pasado con Guido Bellido, el ex perulibrista y ex primer ministro de Castillo. Bellido no llegó a inscribir su partido ‘Pueblo Consciente’ para participar en estas elecciones. Se ha aliado con Luna y este le asegura amplia libertad para operar con su gente en la región cusqueña.
Hay, eso sí, un grupo visible de izquierdistas en la lista, porque hay una explícita apuesta de Luna por captar el difuso e incierto voto castillista. Noblecilla me contó que en el 2024 Luna se reunió con Róger Nájar, ex parlamentario por UPP durante el congreso complementario del 2020 y ex perulibrista que iba a ser primer ministro de Castillo, pero a última hora fue reemplazado por Bellido. Nájar lidera el grupo Ciudadanos Por la Democracia y aceptó la invitación de Luna a sumarse a sus filas manteniendo su agenda pro nueva constitución y pro indulto a Castillo. Así se gestó la afiliación de Nájar y otros miembros del grupo como Noblecilla y el Gral. en retiro y ex jefe de la DINI, Wilson Barrantes. Los 3 aparecen en las listas.
Raúl Noblecilla en la Plaza de Armas de Arequipa. Foto: GEC.
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Una fuente podemista me dijo que la notoriedad que le dio a Noblecilla su enfrentamiento con la mayoría congresal, a la que le dijo zambacanuta durante su defensa de Betssy Chávez, le granjeó la invitación para la plancha. Le pregunté a Noblecilla cómo fue invitado y me contó esto: “Te soy honesto. Luego del acuerdo con Ciudadanos Por la Democracia, algunos nos afiliamos. Pero llegó un momento en que sentí que no tenía nada que hacer allí y escribí una carta de renuncia. La difundí en mis redes y en medios. Pasó un tiempo y me reuní con Pepe Luna. Asumí que iba a ser una reunión para decirnos adiós amablemente, pero me preguntó porqué no había hablado con él antes de la renuncia. Nos entendimos y salió la propuesta de la vicepresidencia. Por suerte, la carta yo la había difundido públicamente, pero no la había enviado ni al partido ni al JNE, así que seguía afiliado. Dios sabe por qué hace las cosas”, concluye Noblecilla.
Le pregunté a Raúl sino se siente raro como el único izquierdista de la plancha. “Respetamos nuestros puntos de vista. Yo soy izquierdista y sé que no se puede prescindir de una definición de izquierda o derecha. Con Cecilia me llevo bien. Ella dice que no tiene ideología pero esa es una mentira infantil. Yo la percibo de centro con fuertes preocupaciones sociales. A Pepe Luna también lo percibo de centro”, me dice antes de explicarme su ruta para llegar a una asamblea constituyente a través de un referéndum que faculte esa vía. También busca un indulto para Castillo. Aunque no está en el plan de gobierno de Podemos, ni en boca de los candidatos no castillistas; Luna sí ha declarado a favor de ambas cosas.
El líder de Podemos está convencido de que desde su centro puede pescar más votos castillistas que Juntos Por el Perú, el partido de Roberto Sánchez al que el mismo Pedro llama a votar. Para quienes cuestionan que el ‘centro’ sea una alternativa ideológica específica o una categoría como las otras; Podemos les da la razón. Muchos podemistas se definen de centro pero no por convicción sino por mera convención o conveniencia. El centro, si existe, tendría que ser una posición compartida por sus integrantes; pero en Podemos se pretende que sea la suma y resta o promedio de los intereses de sus independientes.
Por supuesto, en las operaciones de Luna, hay tanto cálculo como improvisación. Muchos fichajes no son buscados, aparecen en el camino. No deja de ser sorprendente la intercambiabilidad de la plancha. Para Cecilia García es absolutamente coherente estar allí pues es un cuadro podemista. Pero resulta que el candidato a la segunda vicepresidencia, antes que Noblecilla, iba alguien de su polo opuesto, el pastor ultraconservador Julio Rosas. Fue congresista de Fuerza Popular y luego de APP. En el último quinquenio ha estado fuera del Congreso pero no del activismo pro vida y pro familia. Estuvo a punto de hacer un acuerdo con Podemos pero, según mi fuente, pidió muchos cargos en las listas, que, a juicio de Luna, le parecieron insostenibles. El co worker quería ocupar medio piso. No hubo acuerdo y allí se fortaleció la alternativa de izquierda.
Si pasean la mirada por las listas podemistas, van a encontrar movimientos de todas las regiones y tendencias, personajes muy independientes y representantes del caudillismo edil. Por ejemplo, están Óscar Benavides, varias veces alcalde de ATE, y Rosa María Aranda, esposa de Felipe Castillo Oliva, actual alcalde de Los Olivos. El fenómeno de la conversión de partidos en plataformas con diversidad facciosa, inconsistencia ideológica y alta tasa de transfuguismo, es universal. Pero en el Perú de Podemos estamos en la vanguardia experimental de ese fenómeno, en lo que tiene de aberrante y en lo que tiene de creativa su fórmula del coworking de emprendedurismos políticos multicolores.




