Informarse sobre las propuestas incluidas en los planes de gobierno presentados, al menos sobre los temas prioritarios, es una buena práctica. Así, al revisar los planes de gobierno en materia de desarrollo e inclusión social y reducción de la pobreza, uno encuentra una pobreza de ideas alarmante. Quien gane las elecciones difícilmente logrará cambios en la pobreza y la inclusión con estas propuestas.
Los planes de gobierno en materia social están plagados de lugares comunes: mejorar la focalización de los programas sociales, ampliar su cobertura, incorporar un componente de donación de alimentos a los programas existentes, reemplazar programas asistenciales por programas de generación de ingresos, etc. Nada nuevo, nada basado en evidencia, todo sin costeo ni estimación de beneficios. Y, claro, todo acompañado de lo que todos queremos: una mejor educación, salud, agua segura, vivienda y seguridad para todos.
También resulta preocupante que no se proponga aprovechar las oportunidades a partir de lo poco en lo que se avanzó en los últimos años. Como el recientemente creado OFIS —un organismo técnico especializado que se encargará del registro social de todos los ciudadanos y que permitirá hacer seguimiento nominal a niños recibiendo distintos servicios del Estado— o lo aprendido en una intervención piloto del programa Juntos —positivamente evaluada— para atender a hogares con madres gestantes o niños pequeños para impactar el desarrollo infantil temprano de niños en hogares con alta pobreza en zonas urbanas.
En contraste con las pocas ideas propuestas, el mundo está lleno de experiencias interesantes, con resultados, que aprovechan las nuevas tecnologías para llegar mejor, más lejos, más barato y con mayor impacto; enfoques que proveen paquetes de servicios y no solo un programa a la vez; intervenciones a nivel territorial que mejoran las oportunidades de los más pobres; iniciativas de largo plazo que mejoran los medios de vida de manera sostenida, etc. En la India, en Togo, en Kenia, en Bangladesh y en muchos otros lugares, hay mucho de qué aprender y de dónde inspirarse para diseñar mejores políticas sociales, más efectivas y eficientes.
Esta pobreza de ideas a nivel local, unida a un diagnóstico desfasado, explica en gran medida que aún no hayamos podido ni siquiera retomar los niveles de pobreza prepandémica y condenará a muchos ciudadanos, sobre todo a niños, a crecer sin oportunidades, excluidos y marginados, y hará que se malgasten los recursos de los contribuyentes.
Quien gane las elecciones deberá partir de un diagnóstico actualizado sobre la pobreza, idealmente incluyendo nuevas formas de pobreza en él (como acaba de hacer Chile) y, a partir de ahí, buscar ideas de intervenciones probadas, factibles y efectivas, que permitan responder al desafío de eliminar la pobreza.
No podemos resignarnos a que la pobreza de ideas en los planes de gobierno se traduzca en otros cinco años perdidos para los peruanos en situación de pobreza.




