Alrededor de 9 millones de personas permanecerían en situación de pobreza en el Perú hacia el 2040, estimó Giovanni Di Placido, director de Análisis y Estudios de la Fundación Microfinanzas BBVA. Según el especialista, la informalidad y la baja productividad continuarían explicando cerca de la mitad de esta problemática, mientras el cambio climático, el envejecimiento, la migración, la brecha digital y el trabajo de cuidado no remunerado adquirirían mayor relevancia.
Alrededor de 9 millones de personas permanecerían en situación de pobreza en el Perú hacia el 2040, estimó Giovanni Di Placido, director de Análisis y Estudios de la Fundación Microfinanzas BBVA. Según el especialista, la informalidad y la baja productividad continuarían explicando cerca de la mitad de esta problemática, mientras el cambio climático, el envejecimiento, la migración, la brecha digital y el trabajo de cuidado no remunerado adquirirían mayor relevancia.
La proyección fue presentada durante el evento “Sembrar resiliencia: Microfinanzas ante el fenómeno El Niño”, organizado por Financiera Confianza y la Fundación Microfinanzas BBVA. El encuentro reunió a representantes del sector microfinanciero, las aseguradoras y el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) para analizar cómo los riesgos climáticos podían afectar los ingresos, negocios y activos de los hogares más vulnerables.
Di Placido señaló que casi el 60% de la población peruana se encuentra en situación de pobreza o vulnerabilidad. Esta última categoría comprende a los hogares que han superado la línea de pobreza, pero pueden retroceder ante un impacto económico, climático o de salud.
“Perú está permanentemente caminando por una cornisa”, sostuvo el especialista. Explicó que el problema no consistía únicamente en conseguir que las personas salieran de la pobreza, sino en evitar que volvieran a caer en ella.
El expositor añadió que la pobreza en el país se había urbanizado. Como muestra de este cambio, indicó que en Lima pasó de 14% en el 2019 a cerca de 27% en el 2025. Esta evolución obligaba a incorporar las carencias y los riesgos particulares de los hogares urbanos en las políticas públicas, afirmó.

La pobreza en Lima pasó de 14% en el 2019 a cerca de 27% en el 2025, señaló Giovanni Di Placido. (Foto Cris BOURONCLE / AFP).
/ CRIS BOURONCLE
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Di Placido advirtió que la pobreza del futuro tendría características distintas de las observadas tradicionalmente. Entre los nuevos perfiles mencionó a los adultos mayores sin pensión, las mujeres dedicadas al cuidado sin ingresos, los jóvenes cuyos empleos podían ser reemplazados o transformados por la tecnología, los hogares expuestos a eventos climáticos y las familias urbanas con patrimonio, pero sin liquidez para afrontar una crisis.
Según el especialista, aproximadamente el 70% de las personas que trabajan en el Perú lo hace en la informalidad, porcentaje que se eleva a 94% en el sector rural. La falta de acceso a la seguridad social y la baja productividad mantendrían a una parte importante de esta población expuesta a caer o recaer en la pobreza.
El especialista también señaló que cerca del 40% del empleo estaría expuesto de alguna manera al avance de la inteligencia artificial. A ello se sumaba la denominada pobreza digital. “No es tanto que no tengan conexión o que no puedan acceder a través del móvil, sino que no tienen las habilidades para sacar provecho de esta conectividad”, explicó. Esta situación afecta a alrededor del 25% de los peruanos.
Alrededor del 25% de los peruanos tenía dificultades para aprovechar la conectividad por falta de habilidades digitales, indicó la Fundación Microfinanzas BBVA.
/ CESAR FAJARDO
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Frente a ese escenario, Di Placido sostuvo que las estrategias contra la pobreza no debían limitarse a las transferencias de dinero. Añadió que también era necesario fortalecer el aprendizaje, la conectividad, los seguros, el tiempo disponible para trabajar y el capital productivo de los hogares.
Stephanie García Van Gool, directora de Medición de Impacto y Desarrollo Estratégico de la Fundación Microfinanzas BBVA, presentó los resultados obtenidos entre los clientes de Financiera Confianza. Indicó que el 20% se encontraba en situación de pobreza y otro 20% permanecía en condición de vulnerabilidad.
Aunque el 76% de los clientes había incrementado sus ahorros, solo el 36% podía sostenerse durante más de seis meses con esos recursos. Para García Van Gool, este reducido margen mostraba que los hogares necesitaban combinar liquidez, protección y activos para afrontar una crisis y recuperarse de ella.
La ejecutiva explicó que la pandemia había evidenciado que la resiliencia no consistía únicamente en resistir el impacto inicial. El cierre de los negocios redujo los ingresos, obligó a recurrir a los ahorros y afectó la capacidad de recuperación. En algunos de los casos analizados, la actividad tardó casi tres años en volver a la normalidad.
García Van Gool señaló que Financiera Confianza había colocado, hasta ese momento, alrededor de 85.000 seguros. Asimismo, presentó un análisis que comparó durante dos años a un grupo de clientes que tenía únicamente un crédito con otro que contaba, además, con un seguro multirriesgo.
Ambos grupos hicieron crecer sus negocios, pero los clientes asegurados registraron un desempeño superior en activos y excedentes. La ejecutiva indicó que este resultado permitió comprobar el impacto de combinar el crédito con otros productos financieros.
La ejecutiva sostuvo que no bastaba con entregar el seguro, sino que también debía garantizarse una atención oportuna. “Necesito asegurarme de que la indemnización llegue a tiempo porque un mes para nuestros clientes es importante”, afirmó. Por ello, consideró que el impacto no debía medirse solo por el número de pólizas, sino también por la forma en que fueron ofrecidas y por la rapidez y efectividad de la atención.
La medición también identificó carencias estructurales. García Van Gool señaló que el 20% de los clientes todavía habitaba viviendas construidas con materiales inadecuados y que el mayor déficit, de 32%, correspondía al saneamiento.
Entre quienes accedieron a créditos para mejorar el saneamiento de sus viviendas, el 95% reportó mejoras en la salud del hogar, el 23% indicó que había reducido gastos y el 70% señaló que reinvirtió en su negocio el tiempo que logró ahorrar.
La representante de la fundación explicó que los créditos de saneamiento y los seguros cumplían funciones complementarias. Los primeros permitían mejorar la infraestructura, la salud y el uso del tiempo, mientras los segundos protegían los activos y aportaban liquidez ante una emergencia.
Iván Mena Alberca, director de la Dirección de Seguro y Fomento del Financiamiento Agrario del Midagri, anunció durante su participación que el sector preveía lanzar seguros paramétricos para café y alpacas la próxima semana. Aunque calificó el plazo como probable, señaló que esperaba que ambos productos salieran al mercado durante ese periodo.
Midagri anunció que preveía lanzar seguros paramétricos dirigidos a productores de café y alpacas. (Foto: ONG Solidaridad)
/ Habrahan Michell Leon Leon PERU
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El funcionario explicó que los seguros agrarios permitían transferir a un tercero parte del riesgo fiscal que normalmente asumía el Estado cuando una emergencia afectaba a los productores. Señaló que el Seguro Agrícola Catastrófico funcionaba en todo el país y otorgaba una indemnización de S/1.000 por hectárea a los agricultores de subsistencia.
También indicó que el Padrón de Productores Agrarios sería una de las principales herramientas para identificar a los agricultores que recibirían las medidas que se adoptaran frente al fenómeno El Niño. A este instrumento se suman el Plan Nacional de Heladas y Friaje y los recursos destinados por el Gobierno para atender de manera urgente al sector.
Lourdes del Carpio Gómez de la Torre, gerente de Seguro Agrícola de La Positiva Seguros, señaló que el financiamiento estatal de hasta el 70% de la prima había permitido ampliar el acceso de los pequeños agricultores al seguro.
La ejecutiva recordó que el seguro agrícola comercial o de rendimiento fue lanzado en el 2013 sin financiamiento estatal y alcanzó inicialmente a 7.700 productores. Con el cofinanciamiento de la prima, el número de asegurados superó los 35.000 en un año.
“Hemos llegado a asegurar a más de 35.000 pequeños productores en un año. El salto es cinco veces más de lo que logramos sin ningún financiamiento del Estado”, afirmó Del Carpio.
Por su parte, Juan Luis Jaureguy, gerente comercial de Mapfre Perú, sostuvo que el seguro multirriesgo todavía tenía un alcance reducido en el país debido al desconocimiento de la población. Precisó que esta cobertura costaba menos de S/1 por cada S/1.000 de crédito y podía proteger los negocios frente a incendios, vandalismo, inundaciones, terremotos y otros riesgos.
Ana Cecilia Akamine, gerente general de Financiera Confianza, señaló durante la apertura del encuentro que el papel de las microfinanzas no debía limitarse al otorgamiento de créditos. “Debemos conocer mejor las vulnerabilidades de nuestros clientes”, afirmó. Añadió que las entidades debían ayudarlos a anticipar los riesgos, proteger sus negocios y acompañarlos durante las dificultades.



