La noche del último sábado, un sismo de magnitud 5,1 sacudió la provincia de Chupaca, en la región Junín, dejando al menos cinco personas fallecidas, 21 heridas y más de 300 damnificadas. La tragedia también dañó centros de salud, instituciones educativas y monumentos históricos con más de cuatro siglos de antigüedad, convirtiéndose en el evento sísmico más devastador registrado en el país durante el presente año.
La noche del último sábado, un sismo de magnitud 5,1 sacudió la provincia de Chupaca, en la región Junín, dejando al menos cinco personas fallecidas, 21 heridas y más de 300 damnificadas. La tragedia también dañó centros de salud, instituciones educativas y monumentos históricos con más de cuatro siglos de antigüedad, convirtiéndose en el evento sísmico más devastador registrado en el país durante el presente año.
El desastre vuelve a mostrar que en el Perú, los terremotos no son el único problema, pues los especialistas advierten que la calidad de las edificaciones, la autoconstrucción, el tipo de suelo y la limitada cultura de prevención terminan siendo factores determinantes para explicar por qué un sismo moderado puede desencadenar una tragedia.
Los registros del Centro Sismológico Nacional del Instituto Geofísico del Perú (IGP) muestran que este no fue un evento aislado. Entre el 1 de enero y el 19 de julio, el país acumuló 477 sismos, de los cuales 21 alcanzaron o superaron la magnitud 5, confirmando la permanente actividad tectónica que caracteriza al territorio nacional debido a su ubicación sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico.
A partir del análisis de las estadísticas oficiales, El Comercio revisó cómo se ha comportado la actividad sísmica durante el presente año, cuáles son las regiones donde más tiemblan, qué eventos ocasionaron los mayores daños y qué lecciones deja el reciente desastre de Junín para un país que continúa expuesto a un eventual gran terremoto.
477 sismos en poco más de seis meses: la constante actividad sísmica que caracteriza al Perú
Lejos de tratarse de una situación extraordinaria, los movimientos telúricos forman parte de la dinámica natural del territorio peruano. Solo entre el 1 de enero y el 19 de julio, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) registró 477 sismos, una cifra que refleja la permanente liberación de energía generada por la interacción entre las placas de Nazca y Sudamericana.
Del total de eventos reportados, 21 superaron la magnitud 5, mientras que la gran mayoría correspondió a movimientos de menor intensidad que, en muchos casos, fueron imperceptibles para la población o no ocasionaron daños debido a que ocurrieron lejos de centros urbanos.
Registro de la cantidad de movimientos telúricos en el Perú durante enero a julio en el 2026. (Mapa: difusión del diario Correo / Randy Ortiz).
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Los registros muestran además que únicamente durante julio se contabilizaron 78 movimientos sísmicos, una cifra que continúa incrementándose conforme avanzan los días y que confirma la constante actividad tectónica del país.
No obstante, los especialistas enfatizan que una mayor cantidad de sismos no significa necesariamente que exista un incremento del peligro respecto de otros años. Por el contrario, el Perú libera energía prácticamente todos los días debido a su ubicación sobre una de las zonas geológicamente más activas del planeta, donde ocurre cerca del 80% de la actividad sísmica mundial.
Lo que sí representa una preocupación permanente es que gran parte de las ciudades peruanas mantiene elevados niveles de vulnerabilidad estructural, situación que podría agravar considerablemente las consecuencias de un sismo de gran magnitud.
Arequipa, Ica y Lima lideran la actividad sísmica durante el 2026
El análisis de los registros oficiales evidencia que la mayor concentración de movimientos telúricos se mantiene en la costa sur y centro del país.
Arequipa encabeza la lista con 76 sismos registrados entre enero y julio, seguida por Ica, con 63, y Lima, con 58. Más atrás aparecen Loreto (35), Piura (33) y Pasco (27), departamentos que, en conjunto, concentran más de la mitad de toda la actividad sísmica registrada durante el año.
De acuerdo con el Instituto Geofísico del Perú (IGP), esta distribución responde principalmente al proceso de subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, responsable de la mayoría de los sismos registrados frente al litoral peruano. En otras regiones, como Junín, la actividad también está relacionada con fallas geológicas activas ubicadas en el interior del continente.

Sismo sacude Ica: parte del techo de la UTP colapsó tras movimiento telúrico. Foto: X
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Entre los eventos de mayor magnitud registrados este año destaca el sismo de magnitud 6,1 ocurrido el 19 de mayo en Ocucaje, Ica, que dejó 28 personas heridas, más de 1,200 afectadas, daños en 447 viviendas, establecimientos de salud, instituciones educativas y diversas vías de comunicación.
Asimismo, el 30 de junio se produjo un movimiento de magnitud 5,0 cerca de Curimaná, en Ucayali, además de otros sismos comprendidos entre 4,5 y 4,9 frente a las costas de Ica, Arequipa y Lima, así como en la Amazonía peruana, aunque sin generar consecuencias de consideración.
Un sismo de magnitud 5 se registró este martes 30 de junio en la región Ucayali. (Foto: IGP)
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Paradójicamente, ninguno de esos movimientos igualó el impacto humano ocasionado por el reciente sismo de Chongos Bajo, en Junín, donde una magnitud de apenas 5,1 bastó para convertirse en el desastre sísmico más grave del año. Precisamente, esa diferencia entre magnitud e intensidad será determinante para entender por qué un movimiento relativamente moderado terminó ocasionando seis fallecidos y centenares de damnificados.
El sismo más devastador del año: por qué un movimiento de magnitud 5,1 dejó seis fallecidos en Junín
Paradójicamente, el sismo más destructivo registrado en el Perú durante el 2026 no fue el de mayor magnitud.
Mientras que el movimiento telúrico de 6,1 ocurrido el 19 de mayo en Ocucaje (Ica) dejó decenas de heridos y daños materiales en viviendas, establecimientos de salud, colegios e infraestructura vial, el reciente sismo de 5,1 registrado la noche del 18 de julio en Chongos Bajo, provincia de Chupaca (Junín), ocasionó el mayor número de víctimas mortales del año: al menos cinco personas fallecidas, 21 heridas y más de 300 damnificadas.
Sismo en Junín
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El movimiento ocurrió a las 9:24 p.m., con epicentro ubicado a siete kilómetros al sur de Chupaca y a una profundidad de apenas 24 kilómetros, afectando principalmente a los distritos de Chongos Bajo, Huamancaca Chico, San Juan de Iscos, Yanacancha y otras localidades cercanas. En el anexo de Pumpunya, considerado el punto más golpeado por la emergencia, cerca del 70% de las viviendas colapsó, según informó posteriormente la Defensoría del Pueblo.
Las labores de evaluación realizadas por el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) permitieron confirmar la destrucción de 48 viviendas, más de 250 inmuebles afectados, daños en establecimientos de salud, instituciones educativas y monumentos históricos como la iglesia Santiago León de Chongos Bajo y la Cani Cruz, escultura religiosa con más de 400 años de antigüedad.
Sismo derrumba parte de la parroquia Santiago Apóstol en Junín. Foto: Captura de video/RPP
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Las autoridades también confirmaron la identidad de las víctimas mortales: Jeff Lenin Orihuela Urbina, de 18 años; Marino Barreto Munibe, de 72; Adela Nestares Muñico, de 73; Hilda Gloria Bautista de Munibe, de 68; Zaldívar Jave Juan Eduardo, de 68 años.
Tras la emergencia, el Ejecutivo inició el procedimiento para declarar el estado de emergencia en cinco distritos de Junín por al menos 60 días, mientras Indeci envió más de 7,7 toneladas de ayuda humanitaria, EsSalud desplegó brigadas médicas especializadas y el Ministerio de Trabajo anunció recursos cercanos al millón de soles para generar empleo temporal orientado a la recuperación de la infraestructura dañada. Asimismo, el Aeropuerto Francisco Carlé de Jauja fue habilitado como puente aéreo para acelerar el traslado de ayuda hacia las familias damnificadas.
«Los sismos son inevitables; el desastre depende de la vulnerabilidad de las construcciones»: explica presidente del IGP
Hernando Tavera, presidente del Instituto Geofísico del Perú (IGP), mencionó durante una entrevista con El Comercio que el impacto de un sismo está condicionado principalmente por la profundidad del evento, la cercanía del epicentro a los centros poblados, las características del suelo y, sobre todo, por la calidad de las edificaciones.
El especialista explicó que el comportamiento sísmico ocurrido durante el 2026 se encuentra dentro de los parámetros esperados para un país ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Según indicó, el IGP reporta, en promedio, alrededor de 800 sismos por año, por lo que el registro de más de 400 eventos durante la primera mitad del año responde a la dinámica natural del territorio peruano.
“Somos un país dinámicamente activo, somos un país sísmico y cada año nosotros reportamos la ocurrencia de un promedio de 800 eventos sísmicos ocurridos en todo el territorio peruano”, señaló.
Hernando Tavera, presidente del Instituto Geofísico del Perú (IGP), explica que el reciente sismo de Junín evidenció que el mayor riesgo no radica en la magnitud del movimiento, sino en la vulnerabilidad de las construcciones, la cercanía del epicentro y las condiciones del suelo.
/ Leandro Britto
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Tavera precisó que departamentos como Arequipa, Ica y Lima concentran históricamente la mayor cantidad de movimientos telúricos debido a la convergencia entre las placas de Nazca y Sudamericana, proceso que se intensifica frente a la costa sur por la presencia de la denominada Dorsal de Nazca, una estructura geodinámica que favorece una mayor liberación de energía en esa zona.
Respecto al reciente desastre en Junín, explicó que la diferencia con otros eventos de mayor magnitud radica en las condiciones bajo las cuales ocurrió el sismo. Mientras el movimiento registrado en Ica tuvo su epicentro a unos 60 kilómetros de profundidad, el de Chupaca se originó aproximadamente a 10 kilómetros y muy cerca de las áreas urbanas, lo que provocó un nivel de sacudimiento considerablemente más intenso.
“Debido a estos dos factores, ha generado niveles de sacudimiento del suelo bastante importantes, lo suficiente para generar daño en viviendas construidas de adobe y quincha”, afirmó.
El presidente del IGP añadió que el riesgo aumenta cuando confluyen tres condiciones: un epicentro cercano, suelos poco compactos que amplifican el movimiento y edificaciones construidas con materiales vulnerables. “Si estoy cerca del sismo, el suelo se va a sacudir con mayor intensidad. Si los suelos no son compactos, el sacudimiento va a ser mayor. Y si las estructuras que se encuentran en ese suelo son de adobe y quincha, significa que el riesgo también se incrementa”, explicó.
Sobre las réplicas registradas tras el sismo telúrico en Junín, indicó que este comportamiento es normal luego de un sismo importante. Hasta la tarde de esta entrevista, el IGP había detectado 18 réplicas, aunque solo cuatro fueron percibidas por la población debido a su mayor magnitud. Según señaló, la disminución progresiva de estos movimientos sugiere que la zona afectada viene estabilizándose desde el punto de vista tectónico, aunque recordó que no es posible predecir con certeza si ocurrirán nuevos sismos.
Finalmente, Tavera sostuvo que los recientes eventos registrados en Pisco, el Valle del Mantaro e incluso experiencias internacionales, como la ocurrida en Venezuela, demuestran que los sismos, por sí mismos, únicamente sacuden el suelo.
Doble terremoto en Venezuela deja 5 119 muertos y más de 17 mil personas sin vivienda, según último reporte. Foto: AFP.
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Para Hernando Tavera, las tragedias ocurren cuando las construcciones no están preparadas para resistir ese movimiento. En ese sentido, consideró prioritario que el Estado y la ciudadanía promuevan edificaciones que cumplan las normas técnicas, eviten ocupar zonas geológicamente inestables y reduzcan progresivamente la vulnerabilidad del territorio.
“Los sismos solamente sacuden el suelo. Si las viviendas que hemos construido no soportan ese nivel de sacudimiento y colapsan total o parcialmente, entonces vamos a tener daño estructural y afectación a las personas”, concluyó.
«El terremoto no mata por sí solo; mata la vulnerabilidad»: las brechas que aún mantienen al Perú en riesgo
Para el Magíster Ingeniero Gastón Palacios Moreno, especialista en Gestión del Riesgo de Desastres (GRD), el reciente sismo de Junín dejó una lección que trasciende las cifras de fallecidos, heridos y viviendas destruidas. El problema de fondo, sostiene, continúa siendo la vulnerabilidad acumulada que existe en miles de ciudades y comunidades del país.
El especialista sostiene que el país cuenta con un marco legal sólido, encabezado por la Ley N.° 29664, Ley del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (SINAGERD), además de simulacros nacionales periódicos, brigadas comunitarias y una ciudadanía cada vez más informada sobre los peligros sísmicos. No obstante, advierte que persisten problemas estructurales como la autoconstrucción informal, la limitada fiscalización de edificaciones vulnerables, las desigualdades entre regiones y una cultura preventiva que suele activarse únicamente después de una emergencia.
“La población peruana está moderadamente informada, pero insuficientemente preparada. El mayor riesgo no es la ausencia de normas, sino la brecha entre la planificación y la implementación local”, afirmó.




