martes, enero 27

En ajedrez, las torres no ganan partidas solas, pero controlan columnas enteras y obligan a todos a recalcular. En la geopolítica y economía del Pacífico, los puertos cumplen ese papel. Y el Perú, quiera o no, ocupa hoy una posición clave.

Lo que está en juego no es simpatía por una potencia u otra, sino la arquitectura que definirá nuestra logística, economía, seguridad y dependencia en la próxima década. China y Estados Unidos ya están moviendo piezas, y el espacio donde esas jugadas se cruzan es, cada vez más, el Perú.

¡Gracias por suscribirte a Día 1!

Tu inscripción ha sido confirmada. Recibirás nuestro newsletter en tu correo electrónico. ¡Esperamos que disfrutes del contenido!

«,t.textContent=n,t.classList.replace(«cutter-nl__button–premium»,»cutter-nl__button–subscribed»)):(i.innerHTML=»

Lamentamos verte partir.

Tu suscripción ha sido cancelada y ya no recibirás más nuestro newsletter en tu correo electrónico. Si cambias de opinión, siempre serás bienvenido de nuevo.
¡Gracias por habernos acompañado!

«,t.textContent=s,t.classList.replace(«cutter-nl__button–subscribed»,»cutter-nl__button–premium»)),t.disabled=!1}),3e3):(window.tp.template.show({templateId:»OTFEJQDCHMFK»,displayMode:»modal»,showCloseButton:»true»}),setTimeout((()=>{t.disabled=!1,t.textContent=l}),3e3))}catch(e){console.log(«ERROR AL SUSCRIBIRSE O DESUSCRIBIRSE: «,e)}}))}else window.tp.pianoId.init({display:»modal»,loggedIn:function(e){const{firstName:t,lastName:s}=e.user||{}}}),t.addEventListener(«click»,(()=>{window.tp?.pianoId?.show({screen:»login»})}))}])}))}));const closeSubscribeModal=()=>{document.getElementById(«subscribe-modal»).innerHTML=»»};

Newsletter exclusivo para suscriptores

El puerto de Chancay –una inversión cercana a US$3.500 millones, con Cosco Shipping controlando alrededor del 60%– no es solo infraestructura. Es una torre logística diseñada para mover más de un millón de TEU al año en su primera fase y reducir en hasta 10 días los tiempos de conexión directa con Asia. Control de rutas, tiempos y dependencia.

La respuesta estadounidense no ha sido retórica. En los últimos meses, Washington aprobó un paquete potencial de hasta US$1.500 millones en equipos y servicios vinculados a cooperación naval y modernización en el Callao y su base naval. El puerto hoy mueve cerca de 3 millones de TEU anuales y sigue siendo crítico para el comercio exterior peruano. No es protocolo: es contrapeso estratégico.

En paralelo, Corea del Sur irrumpe como un caballo estratégico. Sus acuerdos de defensa con el Perú –blindados, artillería y cooperación industrial– superan ya los US$700 millones y alinean estándares, logística y tecnología militar con el ecosistema del bloque estadounidense, sin necesidad de declaraciones políticas explícitas.

Nada de esto es ideológico. Es geoeconomía dura: puertos, armas, minerales críticos, corredores y tratados que fijan límites a cada movimiento posterior. La neutralidad pasiva se vuelve una ilusión cuando las torres ya están en juego y otros piensan en décadas.

El riesgo para el Perú no es quedar atrapado entre potencias, sino no entender qué pieza es en la partida. Porque una torre mal utilizada puede dejar al rey expuesto, pero un peón bien usado, puede coronar. Un país que no define su estrategia termina jugando la partida que otros diseñaron.

Share.
Exit mobile version