Paula Arias no sonríe al recordarlo. La mujer que hoy lidera la orquesta femenina de salsa más popular del país todavía siente el calor de esa vergüenza primera. “Nunca lo voy a olvidar. Fue en el cumpleaños de Lucía de la Cruz”, dice. Ese fue el primer escenario importante de Son Tentación. Fue una reunión en Chorrillos, con reconocidos músicos criollos y salseros por todos lados, cajones sonando y hombres mirándolas como si no pertenecieran a esa escena. Ellas no eran conocidas. No tenían disco, ni instrumentos. Solo un CD marcado con plumón: pista 1, pista 2, pista 3.
“Lucía nos invitó un día después de vernos en un programa donde ella también estaba de invitada. Nos dijo que toquemos en su cumpleaños. Y fuimos”, relata la cantante.
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Fueron “bien producidas”, con plumas y lentejuelas, tacos fucsia y un saco negro largo con letras grandes —Son Tentación ritmo caliente— porque por entonces hacían música tropical, lo que cayera. Paula quería que se vieran “brasileras, rumberas”. Pero al entrar entendieron que estaban fuera de cuadro: no había ni una pluma, ni una lentejuela, ni un grupo tropical. “Era una cubanada criolla”, resume.
“Entramos y nadie nos llamaba, nos miraban con menosprecio. Esperamos varias horas al fondo, hasta que alguien se acercó a decirnos que subamos para cantar una canción. Las chicas no querían ni sacarse el saco porque el vestuario era demasiado colorido y brillante. Estábamos avergonzadas, pero subimos”, recuerda.
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Por intuición o supervivencia, Paula decidió —en ese momento— no cantar tropical: eligió salsa, la pista 3, «Amor de etiqueta», y arrancó de frente. El público que no las miraba volteó; el que parecía listo para reírse, se quedó escuchando; y cuando terminaron, hubo aplausos. Recién ahí apareció un animador, y recién ahí Lucía de la Cruz se acercó, las saludó y dijo que sería su madrina.
Desde esa noche Son tentación dejó lo tropical y empezó a ser una agrupación femenina salsera.
Han pasado casi quince años desde aquella vez en Chorrillos y Paula Arias vuelve a hablar de “pistas”, pero ya no de un CD pintado con plumón. Ahora habla de internacionalización.
“Hace dos años y medio empecé a trabajar en serio el tema de internacionalizarnos. Hice cosas con salsa venezolana, con el maestro Wilmer Lozano, y hace poco lanzamos un popurrí como tributo. Y ahora estamos fusionando nuestra salsa con la cumbia argentina, con la banda B-rlin”, destaca.
“A mediados de año o un poquito más quiero sacar un disco. Y este 2026 lo hemos empezado con mucha fuerza, enfocada en hacer crecer a la agrupación en todo sentido: no solo en música, también en escena, en lo visual. Es un crecimiento constante: nunca dejas de aprender, de invertir, ni de innovar”, remarca.
Paula Arias dice que su historia no empezó con la música, sino con la necesidad. “Desde muy chiquita. Desde los 10 ya estaba metida en shows infantiles. En orquestas hacía coros, a veces era bailarina, a veces hacía de muñequito… de todo un poco. Era mil oficios”, cuenta. “Lo que realmente podía ayudarte a sobrevivir en ese tiempo, pero todo giraba en torno al arte: la música, el canto, la animación y la actuación. En ‘Los amores de Polo’ interpreté a Lucha Reyes”.
Su entrada de lleno al canto no tuvo un punto exacto de inicio, sino una acumulación de jornadas. Fue en paralelo, mientras estudiaba teatro, trabajaba en escena y bailaba donde hubiera oportunidad, incluso en casinos.
“Me estafaron un montón de veces. Iba a estudios donde me prometían grabar mis canciones con instrumentos reales y terminaba pagando por pistas hechas en máquina. También sufrí humillaciones. Algunos empresarios me insinuaron cosas para supuestamente darme la oportunidad”, confiesa.
En un circuito dominado por hombres, nadie confiaba en que una mujer pudiera levantar una agrupación propia. “Era mucho más difícil. Las mismas agrupaciones masculinas te ponían trabas, no te dejaban crecer. Había mucha maldad, tropiezos, no te reconocían pasajes, o te decían que regreses y simplemente ya no te pagaban”.
Rendirse fue una posibilidad en algún momento de su carrera. Pero Paula siguió. “Claro que sí. Perdí fuerzas, bajé la guardia, lloré, me he quebrado un montón de veces”, admite.
Con los años, Son Tentación se convirtió —sin proponérselo— en un semillero. De ahí salieron Daniela Darcourt, Amy Gutiérrez, Suu Rabanal, Kate Candela, Asmir Young, Briela Cirilo.
“Es un orgullo enorme”, dice Paula. “No solo por el talento, sino por la historia y el sacrificio detrás. Crecimos como familia. Que hoy Son Tentación sea conocida como la Universidad de las voces femeninas del Perú, es una bendición”.
Las diferencias y las acusaciones también llegaron, y Paula no las esquiva. Kate Candela, por ejemplo, la señaló públicamente por una presunta falta de pago de una indemnización.
“Duele cuando alguien olvida de dónde salió”, dice al respecto. Habla de disciplina y de formación: teatro, ballet, coaches vocales. “Esto es una escuela, aquí se forma. Y también somos familia”, señala.
Manejar un grupo grande —hoy son entre 40 y 45 personas entre artistas y staff— exige algo más que dirección musical. “Una se vuelve psicóloga, mamá, enfermera”, reflexiona.
El día en que Son Tentación teloneó a Marc Anthony en el Estadio Nacional, Paula lloró de emoción y gratitud. “Ahí sentí que todo había valido la pena”.
Sigue siendo independiente, sin productora, haciendo sus propias apuestas. Sabe que el camino es más lento así, pero disfruta más cuando los logros llegan. Recuerda las primeras negativas, los discos tirados a la basura, la incredulidad. Hoy la agrupación tiene nuevas voces, preparación constante y una proyección internacional en marcha.
Si tuviera que definir a Son Tentación en una sola palabra, Paula no duda:—Mi vida entera.
Además…
Actualmente la agrupación está conformada por Paula Arias, Gretell Sanabia, Mariale Salazar, Narda Pumarada, Sonali Oré y Lucero López.













