martes, abril 14

Este artículo nació en 20 minutos, justo después de saber que como mínimo 63.000 peruanos no pudieron votar en las elecciones presidenciales porque sus mesas nunca se abrieron. Esto, luego de solicitar al Diario El Comercio cambiar mi entrega original; ese texto no tenía sentido frente a las miles de personas que se habían ido el domingo 12 de abril por la mañana de sus locales de votación sin poder ejercer el derecho a voto. Es primera vez en 17 años que cambio una columna a última hora, teniendo en consideración que siempre escribo sobre las circunstancias cotidianas. Pero, nunca frente a la impotencia de escuchar al Jefe de la ONPE decir que no hay problema con quienes no votaron porque no se les multará. Como si fuese el dinero lo único que importa. Como si las últimas elecciones no se hubiesen ganado por votos contados con gotero. Cada voto cuenta. Cada persona tiene valor.

Este artículo nació en 20 minutos, justo después de saber que como mínimo 63.000 peruanos no pudieron votar en las elecciones presidenciales porque sus mesas nunca se abrieron. Esto, luego de solicitar al Diario El Comercio cambiar mi entrega original; ese texto no tenía sentido frente a las miles de personas que se habían ido el domingo 12 de abril por la mañana de sus locales de votación sin poder ejercer el derecho a voto. Es primera vez en 17 años que cambio una columna a última hora, teniendo en consideración que siempre escribo sobre las circunstancias cotidianas. Pero, nunca frente a la impotencia de escuchar al Jefe de la ONPE decir que no hay problema con quienes no votaron porque no se les multará. Como si fuese el dinero lo único que importa. Como si las últimas elecciones no se hubiesen ganado por votos contados con gotero. Cada voto cuenta. Cada persona tiene valor.

¡Tanto trabajo para darle valor a las cosas desde mi carrera! Para lograr que se hable de la Marca Perú con orgullo, que se trabaje en marca personal. Y entonces, en segundos, en uno de los días más importantes para la democracia nacional, para nuestro país y para nuestro futuro, unos incapaces destruyen todo con fallas logísticas, falta de material, demoras y demás descaros. Es increíble que a sabiendas de lo que significa un proceso electoral a nivel nacional, con todo el tiempo de coordinación y prevención que se ha tenido, se haga todo de tal manera que estemos frente a elecciones inválidas y ciudadanos indignados. Pero no por una tragedia inevitable o una crisis imprevisible, sino por incapacidad, y con un panorama sin antecedentes en nuestra historia política.

No estamos frente a un incidente aislado, sino frente a un síntoma. Un síntoma de instituciones que no están a la altura, de una cultura de “cumplir como sea”, de una tolerancia peligrosa a la mediocridad en lo público. Porque cuando normalizamos que 63.000 personas no voten y la respuesta es “no pasa nada”, lo que estamos diciendo es que sí pasa, estamos diciendo que hay ciudadanos de segunda categoría y que hay derechos que pueden esperar y que la democracia es flexible cuando debería ser innegociable. Una elección no solo define autoridades, sino también la confianza en el sistema. Y cada vez que el sistema falla de esta manera, lo que pierde el país no es solo un resultado electoral: pierde legitimidad, pierde cohesión y pierde futuro. ¿Fraude? Quizá. Defraudados, de todas maneras.

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