Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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En medio de la escalada militar en Medio Oriente, en Estados Unidos se analiza un escenario que hasta hace poco parecía extremo: enviar fuerzas especiales a Irán para tomar control de su material nuclear y sacarlo del país. La operación, aún en fase de discusión, buscaría confiscar el uranio altamente enriquecido para evitar que pueda convertirse en arma atómica. Pero ¿qué tan viable es una misión de este tipo y qué riesgos implicaría?
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Por informes del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y de la inteligencia israelí y estadounidense, la pista más concreta apunta al complejo nuclear de Isfahán, uno de los centros principales del programa nuclear iraní.
Informes del OIEA indican que parte del uranio altamente enriquecido estaba almacenado en una zona subterránea de este complejo.
Tras los ataques aéreos de Estados Unidos de junio del año pasado, con enormes bombas antibúnker, algunos informes indican que el material podría haber quedado enterrado bajo estructuras dañadas en ese sitio.
Sin embargo, el material también podría haber estado en Fordow o Natanz, los principales centros de enriquecimiento de uranio de Irán que también son subterráneos.

La planta de enriquecimiento de uranio de Fordow en Irán el 19 de junio de 2025 (arriba), y tras los ataques estadounidenses en el lugar el 22 de junio de 2025. (AFP).
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Otra posibilidad es que Irán haya trasladado el uranio a una ubicación secreta antes o durante los ataques del año pasado, lo que hoy mantiene en incertidumbre su paradero.
Sobre el plan que se discute, el portal Axios informó que la operación implicaría que las fuerzas especiales entren físicamente a instalaciones nucleares fortificadas o subterráneas dentro de Irán.
Axios precisó que aún no está claro si se trataría de una misión estadounidense, israelí o conjunta.
Agregó que probablemente ocurrirá solo después de que ambos países estén seguros de que el ejército iraní ya no puede representar una amenaza seria para las fuerzas involucradas.
Recordó que el martes de la semana pasada, en una sesión informativa ante el Congreso de Estados Unidos, se le preguntó al secretario de Estado Marco Rubio si se aseguraría el uranio enriquecido de Irán. “Tendrán que ir a buscarlo”, dijo, sin especificar quién.

El proceso de enriquecimiento de uranio. (AFP).
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Mientras que un funcionario de defensa israelí manifestó a Axios que Trump y su equipo están considerando seriamente enviar unidades de operaciones especiales a Irán para misiones específicas.
Otro funcionario estadounidense sostuvo que la administración ha discutido dos opciones: retirar el material de Irán por completo o llevar expertos nucleares para diluirlo en el lugar.
Para Axios, los ataques del año pasado contra las instalaciones nucleares iraníes sepultaron bajo escombros las reservas de uranio. Agregó que desde entonces ni los propios iraníes han podido acceder a ellas.
Los ataques también destruyeron casi todas las centrifugadoras de Irán, y no hay evidencia de que se haya reanudado el enriquecimiento.
¿Cómo se transporta el uranio enriquecido?

El entonces presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, visitando las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Natanz, el 8 de abril de 2008. (Foto de HO / SITIO WEB DE LA OFICINA DE LA PRESIDENCIA DE IRÁN / AFP).
/ HO
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Trasladar uranio altamente enriquecido no es una tarea improvisada ni exclusivamente militar. El movimiento de este tipo de material nuclear está sujeto a protocolos internacionales muy estrictos y a tecnologías de transporte diseñadas para evitar fugas radiactivas, accidentes o intentos de sabotaje.
Las normas específicas y generales que regulan estas operaciones son establecidas por el OIEA. Estas reglas definen desde el tipo de contenedores autorizados hasta los procedimientos de seguridad, monitoreo y respuesta ante emergencias durante el traslado.
En términos técnicos, el uranio enriquecido suele almacenarse y transportarse en forma de hexafluoruro de uranio (UF₆), un compuesto químico que se utiliza en el proceso de enriquecimiento dentro de centrifugadoras. Para su traslado, el material se solidifica y se sella dentro de cilindros metálicos especiales. Estos cilindros, a su vez, se colocan en contenedores de transporte certificados, diseñados para resistir impactos severos, incendios e incluso la inmersión en agua.
Los contenedores deben superar pruebas extremas antes de ser autorizados: caídas desde varios metros de altura, exposición prolongada al fuego y choques violentos. El objetivo es garantizar que el material nuclear permanezca aislado incluso en caso de accidentes graves.
A estas medidas técnicas se suma un componente de seguridad reforzada. Cuando se trata de uranio altamente enriquecido, el traslado suele realizarse bajo estricta custodia estatal o militar. Los envíos pueden incluir escoltas armadas, rutas confidenciales, monitoreo constante y equipos de especialistas en radioprotección.
El proceso también implica la presencia de ingenieros nucleares y expertos en seguridad radiológica, responsables de supervisar la manipulación del material y verificar que se cumplan todos los estándares internacionales.
En teoría, transportar los 450 kilos de uranio enriquecido al 60% que se atribuyen a Irán no requeriría un gran volumen de carga, ya que el material ocupa relativamente poco espacio. Sin embargo, hacerlo en medio de un conflicto armado actual añadiría una complejidad considerable: primero habría que asegurar las instalaciones nucleares, evaluar posibles daños por bombardeos y luego aplicar los protocolos técnicos para retirar el material sin provocar riesgos radiológicos.
En resumen, incautar y trasladar uranio enriquecido desde instalaciones subterráneas en un país en guerra sería una operación logística y científica de enorme dificultad, incluso si se cumplen con los protocolos internacionales diseñados para manejar este tipo de materiales.
Otra opción sería diluir el uranio altamente enriquecido en el mismo lugar donde se encuentra, un procedimiento conocido en el ámbito nuclear como downblending.
Este proceso consiste en mezclar el uranio enriquecido con uranio natural o empobrecido para reducir la concentración del isótopo fisible uranio-235, llevándolo a niveles que ya no puedan utilizarse para fabricar armas nucleares.
La técnica tiene precedentes en programas internacionales de desarme y se realiza bajo estrictos protocolos de seguridad y verificación establecidos por el OIEA.
Sin embargo, aplicarla en instalaciones nucleares dentro de un país en guerra implicaría un desafío técnico considerable, ya que requeriría acceso seguro a las plantas, equipos especializados y la presencia de ingenieros nucleares para supervisar todo el proceso.














