En los edificios cercanos al cruce de la Av. San Felipe con la Av. Brasil (Jesús María), observamos balcones con colgadores para secar prendas de vestir, macetas, bicicletas, cajas, y sillas y mesas de pequeño tamaño. Difícilmente una persona se asomaba a observar el paisaje.
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Caso similar detectamos en la cuadra 7 de la Av. Javier Prado Oeste en Magdalena y el cruce de la Av. César Vallejo con el Jr. Alberto Alexander en Lince.
¿Qué función tiene un balcón?
El arquitecto urbanista Augusto Ortiz de Zevallos, explicó a El Comercio que la función histórica de los balcones siempre fue mirar la calle. Esta finalidad existía también en los tiempos de la Lima colonial. “La celosía histórica, que es muy limeña y tiene orígenes un poco árabes, servía para mirar sin ser visto. Las casas tenían un comercio en el primer piso y arriba estaba la sala con su balcón”, mencionó.
Rossi Burneo, gerente de proyectos de Alerces Inmobiliaria, declaró a este Diario que un balcón puede cumplir diferentes funciones si está bien diseñado. “Puede operar como un espacio de descanso breve, puede ser un punto de ventilación natural que pueda mejorar el confort térmico interno del espacio anexo, una extensión visual de la sala, un área para plantas, incluso también puede funcionar como una zona pequeña de trabajo en departamentos compactos. Estos usos tienen que equilibrarse con restricciones de área y la estructura para que el balcón pueda realmente ser aprovechable“, detalló.
Burneo mencionó que el uso ideal de un balcón debería ser para el descanso y relajo de los habitantes de un edificio.
De acuerdo con Ortiz de Zevallos, a través del tiempo y con casas y departamentos más pequeños, los balcones se han convertido en espacios a los que se les ha quitado presencia. “Hoy en Lima uno tiene que moverse por muchas horas afuera y la casa termina volviéndose en espacios sobre todo para dormir, no como un espacio de disfrute. En ese escenario, el balcón se olvida o sirve como un espacio para acumular, porque no hay tiempo para darle un uso deseable y poder disfrutarlo”, manifestó.
No obstante, Ortiz de Zevallos resaltó que los balcones son un complemento saludable para las familias. Por eso, insistió en recuperarlos como espacios vivos. “La pandemia recuperó la revalorización de que el balcón es valioso para oxigenar la casa y no sentirnos encerrados. Recuperar la lógica de los balcones como espacios vivos es una buena iniciativa”, afirmó.
¿Por qué los balcones caen en desuso y qué alternativas existen ante ello?
El arquitecto Fernando Leyva Herrera sostiene que Lima “está llena de balcones sin uso”. “Están llenos de tendales o usados como depósitos. También, este espacio que debería conectar los edificios con la ciudad está perdido en balcones angostos, sin privacidad y posibilidad de uso real”, afirma.
Leyva indicó que no se opone a la existencia de los balcones; sin embargo, sostiene que “deben hacerse bien para que no parezcan elementos diseñados para no ser usados”. “Diseñar espacios con calidad es una manera de respetar a los habitantes. Si los balcones van a ser tan angostos que ni siquiera caben un par de sillas, mejor no ponerlos. No se trata de cumplir con el hecho de que cada edificio debe tener departamentos con balcón”, expresó.
Al respecto, Burneo indicó que los balcones deben contar una profundidad que permita recrear un espacio que las personas puedan habitar y darle un segundo uso. “Nosotros tratamos de la profundidad de los balcones de nuestros proyectos no baje de los 65 centímetros. Es una medida que tenemos que mantener como estándar para que se pueda generar una habitabilidad del balcón y no simplemente donde pueda caber un pie“, resaltó.
En esa línea, la gerente expresó que la falta de una profundidad adecuada puede derivar en que los balcones terminen siendo usados como almacenes, tendedores de ropa o que caigan en desuso.
Asimismo, Ortiz de Zevallos señaló que el espacio mínimo para darle un uso funcional a un balcón debería ser de 4 metros cuadrados. “El parque de barrios se ha ido perdiendo y los balcones son hoy un espacio donde los niños pueden jugar y donde podemos tener un disfrute básico. Un balcón de 4 metros cuadrados para arriba permite la posibilidad de darle un uso organizado, donde quepan una mesa con 3 o 4 sillas”, detalló.
El arquitecto Gabriel Rodríguez, fundador de R’ home, mencionó que no existe un reglamento que determine medidas mínimas para un balcón. En esa línea, indicó que debería tener como mínimo 60 centímetros de ancho, sin considerar las mamparas ni las barandas, para darle usos funcionales. “Algunas inmobiliarias miden desde el eje de la baranda y engañan a los propietarios. Existen balcones de 40 centímetros o menos, donde las personas están apretadas y ni siquiera tienen espacios para poner mesas o sillas”, advirtió.
Por su parte, Leyva propone el diseño de fachadas de doble piel. “Es una alternativa que ofrece privacidad y también un uso flexible del balcón. Permite que este espacio se integre con la sala o funcione de forma independiente para tener control solar y que se pueda habitar. Incluso en proyectos con espacios reducidos se puede trabajar con esta estrategia», indicó.



