Después de casi dos décadas en la unidad de cuidados intensivos (UCI) del Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN) de Breña, Creysi, una paciente de 19 años, dejó el centro pediátrico para regresar a su domicilio, cumpliendo el anhelo de su familia. La paciente ingresó, con apenas un año y cuatro meses de edad, al hospital por un cuadro de neumonía que cambiaría su vida para siempre.
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Lo que siguió fue un camino largo y desafiante. Tras diversos exámenes, Creysi fue diagnosticada con miopatía congénita y distrofia muscular, condiciones que comprometieron su capacidad respiratoria y la llevaron a depender de un ventilador mecánico. Una traqueotomía marcó el inicio de una permanencia en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), específicamente en la sala de ventilación mecánica prolongada, donde creció, aprendió y dejó huella.
“Hoy nos vamos a casa luego de 19 años de estar hospitalizada en la UCI del INSN. Estoy muy agradecida con todo el personal. Hemos tenido altas y bajas, como en toda familia, pero siempre estuvieron para nosotros”, expresó conmovida su madre, Mónica Contreras.
Durante casi dos décadas, el INSN de Breña no solo fue un centro de atención médica, sino el segundo hogar de Creysi. Allí, un equipo multidisciplinario no solo cuidó de su salud, sino también de su bienestar emocional, acompañándola en cada etapa de su crecimiento.
Para la licenciada en Enfermería María del Rosario Palacios Martínez, quien la cuidó durante estos años, Creysi fue mucho más que una paciente. “Es mi ‘ojoncita hermosa’. Siempre ella te recibía con una sonrisa. A pesar de sus limitaciones, lograba comunicarse, interactuar, expresar cariño. Era una niña feliz”, comentó.
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Con el paso del tiempo, Creysi desarrolló formas únicas de conexión con quienes la rodeaban. Cada avance era celebrado, desde sus primeras expresiones faciales hasta vocalizaciones. Incluso descubrió habilidades que sorprendieron a todos: aprendió a elaborar pulseras con cuentas, una actividad que no solo le brindó entretenimiento, sino también una forma de expresión.
“Ella nos enseñó que, incluso con limitaciones, se pueden desarrollar habilidades. Es un ejemplo de valentía, de ternura y de fortaleza”, afirmó la enfermera María del Rosario, quien destaca que el cuidado en la UCI va más allá del diagnóstico. “Aquí no solo ves una enfermedad, ves a un ser humano. Y tienes que brindarle no solo conocimiento, sino también amor”, remarcó.
De regreso a casa
El acompañamiento de su familia fue clave en este proceso durante su estancia en UCI. Su madre y sus hermanos estuvieron presentes a lo largo de los años, adaptándose a las circunstancias y manteniendo viva la esperanza de algún día llevarla a casa.
“Me voy contenta con mi hija. No sé cuánto tiempo estará conmigo, pero lo único que quiero es que sea feliz, que tenga el calor de familia, que podamos llevarla a un parque y darle calidad de vida”, contó su madre, con la emoción de quien inicia una nueva etapa.
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La historia de Creysi también pone en valor el trabajo sostenido del equipo de la UCI en la atención de pacientes con ventilación mecánica prolongada, quienes requieren cuidados altamente especializados, monitoreo constante y, sobre todo, un profundo compromiso humano.
Creysi deja atrás los pasillos del instituto que fueron testigos de su crecimiento. Se despidió de quienes la cuidaron, pero se lleva consigo algo más grande: el amor de una familia que nunca se rindió y el de un equipo de salud que la acompañó como si fuera suya.













