lunes, enero 26

El verano no dio tregua. El sol cayó sin piedad sobre el Alberto Gallardo, pero ni el calor ni la hora fueron excusa. Más de diez mil hinchas celestes llegaron igual, con la camiseta pegada al cuerpo y la ilusión intacta, para reencontrarse con su equipo en la Tarde Celeste 2026. Sporting Cristal volvió a casa y lo hizo como se espera en estas ceremonias que mezclan fútbol y promesa: con una victoria por 3-1 ante Universidad Católica y con la sensación de que, otra vez, el camino empieza a trazarse desde su propio césped.

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La tarde tuvo aroma a renovación. No solo por los refuerzos que asoman como piezas importantes para la temporada, sino por la respuesta del hincha ante los nombres formados en casa. Iam Wisdom, canterano de 20 años, fue uno de los más ovacionados. No fue casualidad. Debutó en 2024, se consolidó en 2025 y hoy ya no parece un proyecto, sino una realidad. Cada toque suyo fue acompañado por el murmullo de aprobación de la tribuna, esa complicidad silenciosa que se construye cuando el público siente que el jugador representa algo más que una posición en la cancha.

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Cristal entendió rápido cómo jugar el partido. Con intensidad, con orden y con la convicción de que el año exige protagonismo desde el primer día. El once inicial —que bien podría repetirse en el debut oficial— mostró esa idea: Enríquez en el arco; Juan González, Araujo, Lutiger y Cristiano en defensa; Távara, Wisdom y Yotún en el mediocampo; Gabriel Santana, Christofer Gonzales y Ávila en ataque. Aunque el plan se alteró antes de empezar: Gonzales se lesionó en el calentamiento y Maxloren Castro ocupó su lugar, encendiendo una preocupación inevitable a solo una semana del inicio de la Liga 1.

El partido, sin embargo, no perdió ritmo. Gabriel Santana fue otro de los nombres que conectó rápido con la gente. Llegó este año y no necesitó demasiado para hacerse notar. En su debut, respondió con gol, como si entendiera que en Cristal la exigencia es inmediata. Cada celebración suya fue un diálogo directo con la tribuna, que lo recibió como a uno propio. A su lado, Cristiano da Silva mostró solvencia, mientras que el argentino Juan Cruz tuvo un rendimiento destacado como lateral derecho, proyectándose con criterio y firmeza.

Hubo tiempo para darle homenaje a los ídolos del club. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)

Universidad Católica intentó competir, pero Cristal fue superior en los momentos clave. El equipo de Paulo Autuori manejó los tiempos, presionó cuando tuvo que hacerlo y golpeó con eficacia. Más allá del resultado, lo que quedó fue la imagen de un equipo que sabe a qué juega, incluso en una tarde de presentación, cuando el fútbol suele quedar atrapado entre discursos y aplausos.

En el mediotiempo, el Alberto Gallardo cambió de foco sin perder intensidad. Cristal presentó a su plantel femenino, que este año buscará pelear el título. La ovación fue unánime. No hubo distinción ni protocolo: el aplauso fue genuino, como reconocimiento a un proyecto que también exige protagonismo y resultados. Fue uno de esos momentos en los que el club se muestra como una sola idea, más allá del género o la categoría.

Paulo Autuori, siempre medido, aprovechó la jornada para referirse a uno de los temas que ronda La Florida: la posible salida de Maxloren Castro. Lejos de dramatizar, el técnico fue claro. “Me alegro con este tema porque este muchacho necesita vivir otra realidad para crecer”, señaló. En sus palabras no hubo resignación, sino una comprensión profunda del proceso formativo. En Cristal, exportar talento sigue siendo parte del modelo, incluso cuando duele desprenderse.

El calor seguía ahí, inmutable, pero nadie parecía notarlo al final del partido. La gente se quedó unos minutos más, observando a los jugadores, cantando, renovando esa fe que cada temporada se reinicia casi por reflejo. Felipe Vizeu, uno de los que se quedó cuando pudo irse, resumió el espíritu de la tarde. “Siempre que entramos en la cancha con esta camiseta, tenemos que dar lo mejor. Salimos felices, con una victoria. Ahora tenemos que concentrar porque sabemos que la temporada es larga”, dijo.

Y eso fue la Tarde Celeste 2026: un punto de partida. Una tarde de verano, de calor incesante, de canteranos ovacionados y refuerzos que empiezan a justificar su llegada. Cristal volvió a casa, ganó y dejó claro que la ilusión, aunque se renueve cada año, sigue encontrando razones para quedarse.

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