Meta anunció este lunes 12 la designación de Dina Powell McCormick, exasesora de Donald Trump, como presidenta y vicepresidenta de la compañía. El nombramiento supone la creación de nuevos cargos en la estructura de dicha empresa y, en palabras de Mark Zuckerberg, las labores de la ejecutiva tienen “un particular foco en colaborar con gobiernos y entidades independientes para construir y financiar la infraestructura de inteligencia artificial de Meta”.
Powell McCormick es una figura reconocida en el mundo corporativo, pero tiene también un amplio historial dentro del gobierno de Estados Unidos, siendo uno de sus últimos trabajos en el estado el de asesora adjunta de Seguridad Nacional durante la primera gestión de Trump. Al mismo tiempo se trata de una figura familiar para la empresa matriz de Facebook, pues ya había formado parte de la junta directiva de la firma tecnológica.
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“La experiencia de Dina en los niveles más altos de las finanzas globales, combinada con sus profundas relaciones en todo el mundo, la hacen especialmente adecuada para ayudar a Meta a gestionar esta próxima fase de crecimiento como presidenta y vicepresidenta de la empresa”, señaló Zuckerberg en un comunicado.
El presidente estadounidense también se pronunció sobre la designación y se mostró satisfecho con la elección de Powell McCormick, a quien felicitó en su red social Truth Social.
“Felicitaciones a Dina Powell McCormick, quien acaba de ser nombrada nueva presidenta de Meta. Una gran elección de Mark Zuckerberg. Es una persona fantástica y muy talentosa que ha servido a la administración Trump con fuerza y distinción”, publicó el jefe de Estado.
QUIÉN ES DINA POWELL MCCORMICK
Llamada originalmente Dina Habib, Powell McCormick, nació en Egipto dentro de una familia cristiana copta en 1973. Se mudó junto a sus padres a Estados Unidos cuatro años después y se estableció en Dallas (Texas), logrando más adelante obtener la ciudadanía de dicho país.
Se graduó de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad de Texas, en Austin, en 1995 y durante sus años de estudiante comenzó a trabajar como asistente de los senadores Ike Harris y Jerry E. Patterson. Ya por entonces la hoy presidenta de Meta se encontraba sumamente identificada con el Partido Republicano.
Después de su graduación trabajó con la senadora Kay Bailey Hutchison y más adelante con el representante Dick Armey, puesto en el que permaneció durante cuatro años. De estas experiencias, la por entonces asesora parlamentaria obtuvo valiosos contactos entre la derecha estadounidense.
En 1998 contrajo matrimonio con Richard Powell, próspero relacionista público, de quien tomaría el apellido que pasó a usar desde entonces.
Para el inicio del presente siglo Dina Powell ya había logrado llegar al Consejo Nacional Republicano, donde ocupó importantes cargos y con el que fue parte de la campaña presidencial de George W. Bush. Luego de que este último ganara las elecciones, comenzó a trabajar para la Casa Blanca y escaló posiciones hasta convertirse en la persona más joven en dirigir la Oficina de Personal Presidencial con solo 29 años.

Durante la gestión de Bush, Powell también ocupó el cargo de subsecretaria de Estado para Asuntos Educativos y Culturales desde el 2005. Al hablar con fluidez el idioma árabe, la funcionaria tuvo la labor de mejorar la imagen de Estados Unidos en Medio Oriente en el complejo contexto de la Guerra de Irak.
Tras la presidencia de Bush estuvo alejada del sector público desde el 2007, pero fue contactada durante el primer gobierno de Donald Trump para servir como asesora senior para iniciativas económicas, propuesta que terminó aceptando. Posteriormente, sumó a esas labores las de asesora adjunta de Seguridad Nacional para Estrategia y se le encomendaron labores en Medio Oriente, región donde ya acumulaba vasta experiencia.
Desde entonces ha sido cercana al entorno del líder republicano, con una relación particularmente buena con Ivanka Trump, hija del mandatario y quien sugirió su retorno al gobierno en el 2017.
Tras divorciarse de Richard Powell, la asesora presidencial permaneció en la primera gestión de Trump hasta el 2018, señalando que su alejamiento del gobierno se debía al afán de dedicar tiempo a su vida privada. Durante ese mismo año que se casó con Dave McCormick, actual senador del Partido Republicano, agregando su apellido a su nombre profesional.

Más allá de su trabajo en el sector público, el paso de Dina Powell McCormick ha sido también nutrido por el sector privado, sobre todo en los sectores de banca e inversión, con participación en firmas como Goldman Sachs y BDT & MSD Partners. A lo anterior se añade su paso por Meta como parte del directorio del gigante tecnológico.
TRUMP, LAS GRANDES TECNOLÓGICAS Y UN GIRO RADICAL
El nombramiento de Dina Powell McCormick, una persona del entorno de Donald Trump, como presidenta de Meta termina de completar un giro radical en las relaciones entre el presidente y la firma tecnológica, que habían sido sumamente tensas hasta poco antes del segundo mandato del líder del Partido Republicano.
El actual gobernante de EE.UU. había señalado reiteradamente que Facebook y otros servicios de Internet tenían un marcado sesgo y que en ellos primaba la censura.

Mark Zuckerberg fue uno de sus blancos y en su libro “Save America” Trump sugirió que el magnate tecnológico había usado Facebook y otras plataformas “en su contra”.
El actual gobernante estadounidense fue más allá e incluso sugirió que podría enviar a Zuckerberg a la cárcel si interfería con los últimos comicios.
“Lo estamos vigilando de cerca, y si hace algo ilegal esta vez, pasará el resto de su vida en prisión, al igual que otros que hagan trampa en las elecciones presidenciales del 2024”, afirmaba Trump.
Google también fue blanco de las críticas del empresario convertido en político, pues Trump acusó a la compañía de tener vínculos con China; sin embargo, la disputa más complicada en aquella época fue con Twitter (actual X).
Twitter suspendió el acceso de Donald Trump a su plataforma en enero del 2021 aduciendo que había infringido sus términos de servicio con mensajes de “incitación” y “glorificación” de la violencia. Los mensajes de Trump en dicha red social son considerados por sus críticos como el germen fundamental para el asalto al Capitolio, ocurrido a comienzos de aquel año.

Ese marco de tensión con el ‘Big Tech’ estadounidense dio un giro de 180 grados tras la victoria electoral de Trump a fines del 2024, que significó un acercamiento pronunciado entre ambas partes.
La toma de mando tuvo un fuerte componente simbólico con la presencia de los líderes de algunas de las firmas tecnológicas más importantes del gigante norteamericano. Mark Zuckerbeg (Meta), Sundar Pichai (Google), Jeff Bezos (Amazon y Blue Origin) y Tim Cook (Apple) fueron algunas de las personalidades presentes en la ceremonia.
A estos se añadían otros aliados más decididos dentro del rubro como Elon Musk —quien ya había comprado Twitter para convertirla en X— y Peter Thiel, uno de los pocos inversores tecnológicos que apostó por Trump en su primera campaña.
A partir de ese momento se ha visto un intento marcado de las firmas de Silicon Valley por complacer a Trump.
Meta ha sido bastante activa en dicho propósito, pues a inicios del 2025 anunció la eliminación en Facebook e Instagram de los verificadores de datos externos que tanto criticaba Trump. Mark Zuckerberg indicó que usarían el sistema de notas comunitarias que Elon Musk había introducido en X y también señaló que harían menos restrictivo el abordaje de temas sociales sensibles.

A esto se sumaron donaciones al fondo del comité inaugural de Trump en el 2025 y promesas de inversiones en inteligencia artificial (IA) de cara a la carrera geopolítica contra China.
Google también ha sido parte de estas concesiones, aunque en una escala menor y en algunos casos orientada a gestos simbólicos. Por ejemplo, por pedido del gobierno de Trump, cambió el nombre del Golfo de México a Golfo de América para los usuarios ubicados en Estados Unidos y eliminó sugerencias de búsqueda sobre procesos de destitución a autoridades políticas, incluyendo aquellos que involucraron al líder republicano.
La firma dirigida por Sundar Pichai también anunció que abandonaría su compromiso de no emplear la inteligencia artificial para propósitos militares y, al igual que Meta, acordó impulsar el dominio de EE. UU. en torno a la inteligencia artificial.
En lo que respecta a Apple, el gobierno de Trump venía ejerciendo presión para trasladar su producción a suelo estadounidense para dejar de hacerlo en China, por lo que la empresa anunció que abriría nuevas plantas en Texas y Michigan, que emplearían a miles de trabajadores locales. Asimismo, la firma de Cupertino prometió una inversión de 600.000 millones de dólares en Estados Unidos para el periodo comprendido entre 2025 y 2029.
Amazon también ha emprendido medidas similares pues en noviembre del 2025 dio a conocer que invertirá 50.000 millones de dólares en la implementación de la IA en el gobierno, a la vez que usará su filial Amazon Web Services para reforzar dicha infraestructura. A lo anterior se suma la construcción de centros de datos masivos en Carolina del Norte y Pensilvania.
El afán de contar con el visto bueno de Trump también ha llevado a que la compañía fundada por Jeff Bezos suprima de forma progresiva sus programas de diversidad, equidad e inclusión desde enero del 2025.
DATO
El interés del gobierno de Estados Unidos por la IA está integrado en buena medida dentro del Proyecto Stargate, que cuenta con la participación clave de Open AI con la colaboración de Oracle y Soft Bank.
Larry Ellison, fundador de Oracle y uno de los hombres más ricos del mundo, es amigo personal de Trump.
LA ‘PUERTA GIRATORIA’
El reciente nombramiento de Dina Powell McCormick también tuvo un antecedente, pues en enero del año pasado Meta incluyó en su junta directiva a Dana White, presidente de la UFC y aliado cercano del presidente estadounidense.
La relación entre el sector tecnológico y el gobierno se ha hecho bastante profunda desde el inicio de la actual gestión de Donald Trump. En ese contexto, las figuras de personalidades como Elon Musk y Peter Thiell han adquirido enorme relevancia.
El mismo Musk fue directamente nombrado jefe del recién creado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) desde el inicio del gobierno de Trump, aunque acabó dejando su cargo meses después debido a discrepancias con el mandatario.

El gobierno ha confiado a empresas de Thiel como Palantir y Anduril proyectos ambiciosos de seguridad nacional como la creación de la llamada Cúpula Dorada, un enorme escudo antimisiles inspirado en la Cúpula de Hierro de Israel. Ambas compañías son creadoras de complejísimos sistemas que son considerados clave para la inteligencia global y vigilancia interna. SpaceX, la firma aeroespacial de Musk, también está involucrada en proyectos de este tipo.
Antiguos ejecutivos de estas firmas han sido nombrados en cargos gubernamentales importantes en la actual gestión republicana. Entre ellos se encuentra Michael Obadal, militar retirado y exdirector senior de Anduril que fue nominado como subsecretario del Ejército. Un caso similar es el de Gregory Barbaccia, quien vela por la implementación de las políticas relacionadas a la IA en el estado y fue designado como director federal de Información tras su paso por Palantir.
A estos casos se suman los de otros exejecutivos de firmas tecnológicas como Meta y Open AI que han llegado a áreas del gobierno estadounidense ligadas a la defensa. La Reserva del Ejército de Estados Unidos cuenta con el llamado Destacamento 201, dedicado a la innovación tecnológica y en el que han ingresado a laborar varios exempleados de todas estas empresas.













