En una conversación con El Comercio, Óscar Zapata, presidente de Perucámaras, explicó cómo están cerrando las economías regionales el 2025, qué sectores impulsaron el crecimiento y cuáles retrocedieron, así como qué regiones serán clave en un año electoral que puede profundizar las brechas. La entrevista se realizó en el marco del primer Desayuno Electoral de Perucámaras que se llevará a cabo el 16 de diciembre y que reunirá a candidatos presidenciales para presentar su visión sobre el desarrollo regional rumbo al 2026.
—¿Qué le espera a las regiones el 2026 en este contexto de incertidumbre política y económica?
Nuestras economías regionales han demostrado una resiliencia extraordinaria. Entre enero y setiembre, las exportaciones regionales, sin contar Lima y Callao, crecieron 18,7%, superando los US$ 53.000 millones, según datos oficiales de Mincetur. Regiones como Arequipa, La Libertad y Piura lideran con la minería y la agroexportación, y en San Martín duplicaron sus envíos de café y cacao.
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De cara al 2026, como se viene diciendo, el Perú crecerá entre 2,9% y 3%, por encima del promedio latinoamericano. Pero la frontera agrícola se va a expandir 5,4%, consolidada por los exportadores de la costa norte y la Amazonía. Esto se traduce en más empleo, más divisas.
—¿Qué factores explican que las regiones sigan siendo el motor económico del país, pese al escenario actual?
Quiero subrayar un mensaje y es que el motor del crecimiento no solo está en Lima. Las regiones están diversificando la economía nacional con productos estrella como arándanos, uvas, paltas y con el turismo que, aunque no se recupera aún del todo, ya da algunas señales.
Entre tantas malas noticias, creemos que las regiones con estabilidad fiscal, baja inflación y descentralización productiva serán nuevamente el motor y el futuro estable.
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—¿Qué temas regionales deberían estar en el centro de las prioridades del próximo gobierno?
Si analizamos el crecimiento de las regiones, hay unas que han crecido muchísimo y otras que muestran una contracción. Tumbes, por ejemplo, Áncash y Cusco, muestran una contracción muy severa. En tanto, hay regiones que muestran crecimiento como Apurímac 27%, Tacna 13%, Junín 11% y Pasco 11%. Entonces, creo que la mirada del gobierno tiene que estar puesta en aquellas regiones que han decaído, porque algo les ha pasado.
En Cusco lo tenemos claro. El caso de Machu Picchu, con las entradas y la deficiente administración, ha tenido como consecuencia una caída del turismo a nivel nacional porque representa el 87% de este.
—Hay regiones golpeadas y regiones al alza, ¿cuáles han mostrado mayor resiliencia y cuáles han quedado rezagadas este año?, ¿qué explican estas diferencias?
En el caso de las que han crecido muchísimo como Apurímac, la minería y el precio del cobre han sido fundamentales, igual en Tacna y otras regiones como Junín con la agroexportación y la Amazonía con el aceite de palma, el cacao y el café.
Los sectores con más resiliencia, sin lugar a dudas, son los agroexportadores y me refiero a la región norte. Lo que pasa en Trujillo, Lambayeque y Piura, es que han sido bendecidas con estas grandes irrigaciones. En el caso específico de La Libertad, la tercera etapa de Chavimóchic empieza ya a mostrar sus frutos. Están agregando a la frontera agrícola 25.000 hectáreas y, cuando se construya la represa de Palo Redondo, ahora llamada Rafael Quevedo, se van a agregar 60.000 hectáreas más. Es evidente que ahí está el progreso.
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—¿Cuál es la expectativa de Perucámaras para ese crecimiento regional este año? ¿Todas las regiones se van a recuperar parejo el próximo año o habrán algunas que crezcan más que otras?
Se nos viene un año muy parecido al 2025, en donde los motores del desarrollo van a estar en la minería y la agroindustria. No veo con claridad una nueva inversión por todos estos problemas que manejamos en temas de inseguridad e inestabilidad jurídica.
No estoy notando una mayor inversión y hay muchos proyectos parados que podrían encaminarse muy rápidamente si hubiera seguridad. Entonces, veo un 2026 en el que vamos a crecer más que la región, pero insuficiente para nosotros, pudiendo crecer 5% o 6%.
—¿Es la inseguridad lo único que está afectando las decisiones de inversión en las regiones del país o existe algún otro elemento?
Es básicamente la inseguridad y, en alguna medida, todas las trabas burocráticas que existen para el establecimiento de nuevos proyectos, nuevas inversiones y nuevos mercados. Este gobierno lo está enfrentando bastante bien, porque no solo está haciendo lo que ha propuesto el presidente, de verificar y crear mesas de trabajo entre la actividad privada y la pública para definir cuáles son esas trabas que obstaculizan la inversión.
—Por lo que dice, el empresariado regional está más cauto que el empresariado en Lima.
Hay una cautela generalizada y una serie de factores que frenan el proceso de inversión y de actividad empresarial. Por ejemplo, el tema de los alcaldes que, cuando se les ocurre, cierran un establecimiento sin dar posibilidad de arreglar problemas que a veces son muy pequeños y que podrían arreglarse sin motivar un efecto tan dramático para las empresas. Y como ese ejemplo, muchos otros. Pero insisto que el tema de la seguridad es muy gravitante.
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—¿Qué señales concretas espera Perucámaras del gobierno central para reducir la incertidumbre y proteger la actividad regional?
El esfuerzo que está haciendo el presidente, lamentablemente, es insuficiente. Imagino que estará pensando también en mejorar el tema de inversión en seguridad. Los presupuestos ahí están muy mal orientados. El Ministerio del Interior sigue sin tomar decisiones respecto a la adquisición de equipos rápidamente. Este tipo de medidas tienen que darse con mucho más impulso porque si no, nos van a ganar la batalla.
No obstante, recordemos que el 2026 es un año electoral. Es importante también exigir a los candidatos compromisos claros y medibles para impulsar la infraestructura, la logística, la conectividad y los proyectos público-privados, que son elementos esenciales para cerrar las brechas que vivimos.
—¿Qué sectores y regiones podrían liderar el crecimiento el próximo año y qué condiciones necesitan para hacerlo?
La región norte del país va a liderar el crecimiento como fruto de su esfuerzo y expertise en materia de agroexportaciones porque hay un incremento de la frontera agrícola. Las exportaciones regionales crecen en el orden del 20% anual. Sobre la base de los US$ 53.000 mil millones y considerando el dinamismo de la minería, agroindustria, pesca y manufactura, es razonable estimar que en el 2026 ese bloque supere los US$ 60.000 millones. Es muy probable que por ahí venga el factor de crecimiento regional.
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—¿Qué tan determinante va a ser la inversión pública regional el próximo año para sostener el crecimiento?
La inversión pública normalmente es menos importante que la privada, pero hay tal brecha de infraestructura que, en este momento, la inversión pública es fundamental para el crecimiento y el desarrollo de la actividad privada, para satisfacer las zonas alejadas del país y poner en valor máximo todos estos activos que se han ido desarrollando en el camino, como el Puerto de Chancay y la comunicabilidad con las zonas norte y sur del puerto. Lo mismo es la inversión en materia de trenes hacia Pucallpa.
Hay muchos proyectos que están muy avanzados para llevar a cabo obras de infraestructura y muy probablemente varios de ellos empiecen el próximo año. En ese sentido, esas grandes obras van a impulsar mucho el crecimiento del país y el desarrollo del mismo.
—¿Cuáles son estas brechas que siguen afectando la ejecución de obras públicas en gobiernos regionales y locales?
Una de las grandes necesidades del país es la infraestructura local, la inversión en Lima, por ejemplo. El número de horas perdidas en el transporte público y privado durante el día hacen notar con claridad que cualquier obra que se enfrente a hacer, resulta barata, porque habría que contrastar esas horas de esfuerzo perdido versus cuánto cuestan las obras.
Lo mismo ocurre con las rutas de acceso al Puerto de Chancay, o el puente que se desplomó en Chancay, que sigue siendo un atoro y hasta ahora no se repone. También el aeropuerto Jorge Chávez y el tráfico en Faucett y la necesidad de la ampliación; el aeropuerto de Chinchero y cuántas otras inversiones que están en proceso sumamente depuradas.
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—Por otro lado, ¿qué impacto está teniendo el consumo interno en las economías regionales?
Es mucho, porque en la zona norte quienes más exportan hoy son las agroexportadoras, y los recursos que generan no dependen del Tesoro Público. El canon significa productividad, que significa éxito en las empresas regionales y se traduce inmediatamente en una bonanza económica de las propias regiones.
—¿Qué impacto están teniendo el sector pesca y construcción en las regiones que dependen de ellos?
La construcción de carreteras y sistemas de riego están muy demoradas. Se viene haciendo a marcha forzada, pero no es suficiente. Tenemos tal nivel de atraso que cualquier esfuerzo pasa desapercibido. Me consta el esfuerzo que se está haciendo en la zona norte del país en temas de riego y en todo el país con pequeñas obras que, de alguna manera, están siendo conducidas por las direcciones regionales, algunas mejor que otras porque son más eficientes.
También hay que considerar la corrupción.
En tanto, la pesca ha tenido un buen desempeño en el 2025 y esperamos que lo siga teniendo en el 2026. Ese buen desempeño podría aumentar fácilmente un punto porcentual en el PBI.
—¿Qué regiones o sectores están más expuestas a la volatilidad política y económica actual que podríamos ver de cara a las elecciones?
Tiene que ver con el tipo de candidatos que están postulando. Me parece que una de las regiones más expuestas a esa inestabilidad es justamente la zona sur, fundamentalmente Puno, con un candidato radical y, generalmente, el radicalismo, sea de extrema izquierda o derecha, siempre trae sus efectos.
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—En cuanto al entorno internacional, hablando del tipo de cambio, precios de exportación y de los minerales, ¿todo esto está afectando a los sectores clave en las regiones?
El entorno internacional viene muy bien desde la perspectiva del Perú. Una de las bases de nuestra actividad exportadora y generación de riqueza es la minería; el oro, el cobre, mantienen precios altos. Por ejemplo, el cobre con el tema de los autos eléctricos, da sostenibilidad, porque la demanda va a ser continua y progresiva. Lo mismo con el oro, que es un valor refugio y en este momento exige precios fantásticos.
Sin embargo, ahí tenemos un gran reto con la minería informal, pero en la medida que se corrija ese tema, como creo que de hecho pasará. Se va a poder generar un sustancial incremento de los ingresos del Estado por los impuestos que implica la producción ilegal que hoy día no abona. Se habla de US$ 12.000 millones. El 30% del impuesto a la renta son US$ 3.000 millones o US$ 4.000 millones. Hay una gran cantidad de dinero desperdiciado ahí.














