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Parece el comienzo de una película de espías situada en la Guerra Fría. El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó sin anuncio a Moscú a bordo de un avión de carga militar para reunirse con sus homólogos rusos en una visita de la que poco se ha dado a conocer a la prensa y la esfera pública. Como telón de fondo están las tensiones entre ambos países por la invasión rusa a Ucrania y la relación ambigua entre el presidente estadounidense Donald Trump y su par eslavo, Vladimir Putin.
Pero no es el guión de la película, sino la realidad. La visita se dió el martes 25 de agosto y duró alrededor de 8 horas que se desarrollaron en el mayor hermetismo posible, con la agencia estadounidense declinando a ofrecer comentarios.
El lado ruso fue un poco más abierto, con el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, revelando que Ratcliffe no se reunió con el presidente Putin, sino con sus equivalentes en las agencias de inteligencia, llamando al encuentro “un fenómeno positivo”. Sin embargo, subrayó que las relaciones entre ambos países siguen en una “crisis profunda” y que es “demasiado pronto para decir” qué impacto tendrá el encuentro.
El presidente Donald Trump, también buscó restarle importancia al viaje. En una entrevista con el presentador conservador Glenn Beck, el mandatario calificó la visita de Ratcliffe como una misión de “semi rutina” y, al ser preguntado, negó que esté relacionada a las tensiones de Moscú y la OTAN o a la situación en Irán.
“No estaba allí por ninguna de esas cosas que usted menciona”, afirmó el mandatario. Fue una especie de semi rutina. Lamento decepcionar a la gente. Nos gustaría ver el fin de la guerra de Ucrania», declaró en otro momento de la entrevista Trump.
Expertos consultados por El Comercio estuvieron en desacuerdo con la calificación utilizada por el mandatario para describir la visita.
“Algo rutinario no es”, afirmó el internacionalista Enrique Banús, quien recordó que la última vez que el máximo jefe de la agencia espía estadounidense viajó a Moscú fue en el 2021, cuando William Burns – a encargo del entonces presidente Joseph Biden – se reunió con funcionarios rusos para advertirles que no tomaran medidas extremas en Ucrania, amenaza que evidentemente cayó en oídos sordos con la invasión rusa a ese país en febrero del 2022.
El otro encuentro reciente de similar magnitud ocurrió en noviembre del 2022, aunque con algunas diferencias significativas. La principal es que no ocurrió en suelo ruso sino en Turquía, cuando Burns se reunió con Sergei Naryshkin, jefe de la agencia de inteligencia exterior de Rusia, para advertir a Moscú que no desplegara armas nucleares en Ucrania tras sus reveses militares.
Los jefes de inteligencia de Rusia, Sergéi Naryshkin (I), y Estados Unidos, William Burns (D). (Fotos de Kirill Kudryavtsev / Brendan Smialowski / AFP)
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Pero la visita tampoco se trata de algo inaudito, indicó el experto en relaciones internacionales Jorge Antonio Chávez Mazuelos, quien notó que los encuentros entre servicios de inteligencia siguen manteniéndose vigentes incluso entre países cuyas relaciones diplomáticas han sido quebradas.
“Cuando las relaciones diplomáticas están rotas o gravemente debilitadas, los servicios de inteligencia suelen convertirse en canales alternos o paradiplomáticos para mantener conversaciones”, indicó el experto. “Cuando los demás canales se rompen, estos son los que suelen permanecer abiertos.”
La principal incógnita es qué llevó exactamente a Ratcliffe a Moscú. No existe una versión oficial sobre los asuntos discutidos y las autoridades estadounidenses se han limitado a guardar silencio, mientras que Moscú tampoco ha revelado muchos detalles.
La guerra en Ucrania aparece como la primera posibilidad, a pesar de las negaciones de Trump. Y lo cierto es que los esfuerzos del republicano para conseguir un acuerdo entre Moscú y Kiev permanecen estancados a pesar de ufanarse de que terminaría el conflicto en el primer día en que asumiera la presidencia, con Putin y Volodymyr Zelenski lejos de hacer las paces mientras el conflicto se está extendiendo a la población civil rusa.
Lo que se puede vislumbrar es que Washington parece tener más motivos para buscar el encuentro que Moscú. “Parece que es más Estados Unidos que quiere algo, porque es el que va a visitar al otro país”, consideró Banús. También hay que señalar que una posibilidad no excluye a otra.
Ataque ucraniano a una refinería de Lukoil y un aeródromo militar en Rusia con drones de largo alcance. En los últimos meses, el país se ha visto más confiado en atacar a blancos dentro de territorio ruso. Foto: Captura de video/EFE
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Otra opción es que Estados Unidos esté intentando contener una eventual intensificación de la guerra híbrida rusa contra Europa. Hay que notar que en los últimos meses se han registrado preocupaciones por drones, perturbaciones de sistemas informáticos y otras operaciones atribuidas a Moscú o vinculadas a sus intereses.
“Podría tratarse de algún tema relacionado con la guerra de Ucrania y también con las perspectivas de que Rusia vaya más allá en la confrontación con países europeos en la guerra híbrida”, sostuvo Banús.
Una tercera opción es que el viaje esté relacionado a Irán y que la presencia de Ratcliffe sea una advertencia de no meterse en el conflicto. Esto es debido a que Rusia mantiene una estrecha relación con Teherán y ambos países firmaron en enero del 2025 un tratado de “asociación estratégica integral”. Moscú también ha sido señalado por proporcionar información de inteligencia a Irán que podría servir para atacar buques, aeronaves y bases estadounidenses en Medio Oriente.
Dándelo pie a esta posibilidad está el hecho que el representante ruso, Soldatov, consideró posible que durante la reunión se haya discutido la protección del personal, las bases o las instalaciones estadounidenses en Medio Oriente y que Ratcliffe haya intentado influir sobre la relación entre Moscú y Teherán.
En opinión de Chávez Mazuelos, es poco probable que Rusia tenga intenciones de involucrarse directamente en el conflicto en el Medio Oriente. “No veo a una Rusia que sea capaz de involucrarse directamente en contra de los Estados Unidos arriesgando una conflagración bélica de mayor entidad entre dos potencias que además son nucleares”, afirma.
Eso no significa que Moscú no pueda ayudar a Irán. El especialista señala que Rusia tiene capacidad para proporcionar inteligencia satelital y otro tipo de asistencia indirecta. “Rusia sí tiene la capacidad de darle asistencia a Irán en ciertos campos como el campo de la inteligencia”, explica.
Una última hipótesis que se baraja es que la visita tiene caracter humanitario, buscando liberar a uno de las decenas de estadounidenses actualmente recluidos en prisiones rusas. En este caso existen varios candidatos, como Charles Zimmerman, un veterano de la Marina estadounidense de 58 años condenado en Rusia a cinco años de prisión por tenencia y tráfico ilegal de armas que ha sido citado por algunos medios rusos como el motivo de la visita, o Stephen Hubbard, un maestro de escuela retirado de 74 años, detenido desde 2022 y condenado a seis años y 10 meses de prisión acusado de haberse unido a las fuerzas militares ucranianas.
El ciudadano estadounidense Stephen Hubbard dentro de una jaula de cristal durante el anuncio del veredicto, en el tribunal de la ciudad de Moscú, en Moscú, Rusia, el 7 de octubre de 2024. (Foto de EFE/EPA/MOSCOW CITY COURT PRESS SERVICE)
/ MOSCOW CITY COURT PRESS SERVICE
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Lo que gana Moscú de la comunicación es un poco más fácil de vislumbrar, señaló el Chávez Mazuelos.
“Para Rusia es importante mantener cierto nivel de interlocución con Estados Unidos”, indicó. “Desde el punto de vista reputacional, le permite demostrar que no está completamente aislada y que Washington mantiene la voluntad de comunicarse con ella a un nivel elevado.”
Adicionalmente, esta comunicación les permite transmitir al gobierno estadounidense sus preocupaciones e intereses, entre ellos sus exigencias de que Washington reduzca su apoyo a Kiev y que presione a las naciones europeas a seguirles el paso, algo que sirva para facilitar el conflicto en condiciones favorables a Moscú.
Hasta el momento las reacciones en torno a la visita de Ratcliffe a Moscú, y sus posibles resultados, han sido cautelosas por todas las partes. Desde el lado del Kremlin, Peskov describió los contactos entre los servicios secretos como “un proceso positivo”, pero consideró prematuro determinar si la visita permitirá mejorar las relaciones bilaterales.
Por el lado de Ucrania, se sabe que esta fue informada previamente por Washington, que le solicitó detener temporalmente determinados ataques a bases de su oponente durante la permanencia de Ratcliffe en Moscú, pero por el momento no hay un comunicado oficial de la reacción de Kiev ante el encuentro de su aliado y su enemigo. Igual postura han tenido los países europeos, quienes a la fecha no han comentado sobre el visita.
Una reacción probablemente relacionada al secretismo en que se desarrolló, consideró Banús, quien sin embargo notó que la existencia de este canal entre Washington y Moscú resulta positiva en sí misma. Trump y Putin habían mantenido conversaciones telefónicas frecuentes después del regreso del republicano a la Casa Blanca, pero esos contactos se redujeron después de que el mandatario estadounidense considerara que no estaban produciendo resultados. La visita demuestra, sin embargo, que todavía existen vías de comunicación discretas.
“Es positivo que por lo menos haya un canal abierto, aunque sea así medio misterioso”, sostiene Banús. Aunque inmediatamente notó que “con Trump no se sabe si el contenido del contacto” será beneficioso para otros países.
Como ejemplo, Banús considera que Trump podría estar intentando encontrar una salida a una guerra que no ha logrado terminar como había prometido. “Trump se va dando cuenta de que se ha metido en unos líos de los que no sabe salir”, indicó. En ese contexto, el presidente podría buscar un acuerdo más rápido, aunque no necesariamente favorable a Ucrania o a Europa.



