De Alonso Mesía Macher (Lima, 1989) conocíamos un libro de cuentos, “Días bellos, pero no tanto”, cuyos textos apelaban al humor, a cierta ternura lúdica y al paseo por la agridulce memoria de la infancia. No eran relatos del todo convincentes: la prosa pecaba de desmañada y varias piezas no excedían el rango de viñetas ingeniosas. Sin embargo, podía vislumbrarse un derrotero personal en medio de ese aprendizaje inacabado: el interés por los vínculos entre hermanos, las visiones que se rescatan del olvido, las dificultades del afecto común. Todo eso estaba ahí, solo que el trazo grueso del concepto general no dejaba que se desarrollara como debía.
Mesía ha regresado con una novela breve, “Rirpu”, que es una ficción bella e imperfecta. Su principal mérito consiste en que su delicadeza y una sensibilidad desusada consiguen superar las insuficiencias que exhibe. Hay una evolución palpable en la prosa, bastante más cuidada y afiatada; en la edificación del mundo donde los personajes se relacionan y sobrellevan su dolor, y, sobre todo, en la formulación de reflexiones que no solo resultan atractivas en sí mismas, sino que levantan a un protagonista válido y contradictorio, y sostienen una melancolía con la que empatizamos desde un comienzo.
“Rirpu” cuenta la historia de Javier Vargas, un destacado mecánico de los circuitos internacionales de carreras a quien, en lo mejor de su vida, se le descubre una grave enfermedad. La amenaza de la muerte lo traslada al pequeño pueblo donde creció. Mientras realiza el viaje somos partícipes de un largo ‘flashback’ que nos conduce a los años de su infancia. En ese tramo, que constituye el grueso de la novela, se nos presenta una dualidad interesante: la del padre, un hombre curtido que ha hecho del trabajo duro y la adustez emotiva una forma de vida, y la de su fantasiosa y tierna madre, figura notable, capaz de inventarse una historia aparentemente infantil y disparatada que esconde una indagación en la trascendencia; Javier evocará ese cuento redentor en el momento en que más lo necesita.
La novela quiere abarcar diversos aspectos y meditaciones de su protagonista: el entrañable vínculo con su hermano menor, la difícil impronta de los progenitores, las resonancias de la literatura en su existencia, el miedo a viajar, la religión y sus espejismos, etcétera. Varias veces estos acercamientos derivan en aforismos o imágenes afortunadas, pero al mismo tiempo la pretensión de cubrir tantas dimensiones en tan poco espacio hace que casi ninguna llegue a plasmarse con la contundencia esperable. Hay brotes prometedores que esa voluntad siega antes de tiempo. Algo parecido sucede con el final: el autor, que había conducido su narración con autoridad y prestancia, muestra dubitaciones al concluirla, y la situación del reencuentro con los familiares resulta confusa y hasta cierto punto inverosímil.
Pero ninguna de estas objeciones nos quita la impresión de estar ante un libro escrito desde un lugar luminoso, donde el conocimiento es posible y puede proyectar su claridad sobre la incertidumbre que signa nuestra inestable condición. Hay luz en el desamparo, nos dice Mesía Macher, y nosotros le creemos. Solo con eso ya puede estar tranquilo.
“Rirpu”
Autor: Alonso Mespia Macher
Editorial: Narrar
Año: 2026
Páginas: 86
Relación con el autor: ninguna

