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El Reino Unido anunció este lunes 6 la imposición de sanciones contra dos centros de investigación y siete ciudadanos rusos por su participación en el desarrollo de los químicos novichok y epibatidina, empleados en atentados contra figuras incómodas para el Kremlin.
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La titular de la cartera de Exteriores británica, Yvette Cooper, declaró que el uso de armas químicas constituye una “repugnante violación del derecho internacional por parte de Rusia”, calificando a dicho país como una “amenaza directa para la seguridad global”.
Las acusaciones contra el gobierno de Rusia por el presunto uso de sustancias tóxicas o incluso radioactivas han sido frecuentes en los últimos años, siendo los casos citados por las actuales sanciones del Reino Unido los de perfil más alto.
Lo sucedido con Alexei Navalny es uno de los puntos de referencia más notables del tiempo reciente, debido a que el político opositor fue víctima de envenenamiento en reiteradas ocasiones, siendo el último de estos incidentes el que llevó a su muerte, según varios países de Europa occidental.

Velas y una foto del líder opositor ruso Alexei Navalny en un monumento improvisado en Alemania tras su muerte en prisión, el 16 de febrero de 2024. (Foto de AFP).
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Navalny, activista democrático y uno de los rostros más notables de la oposición al régimen de Vladimir Putin, falleció el 16 de febrero del 2024 durante su detención en una remota prisión del Ártico ruso en sospechosas circunstancias.
En febrero de este año, Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia formularon una acusación conjunta contra Rusia afirmando que tenían la seguridad de que Navalny había “sido envenenado con una toxina letal” y que los análisis del cuerpo del fallecido “confirmaban de forma concluyente la presencia de epibatidina”.
Dicha sustancia es un compuesto extraído de la rana Epipedobates anthonyi, oriunda de Ecuador y el norte del Perú, conocida por ser muy venenosa. Esta especie habita en terrenos selváticos y llanuras con alta humedad, siendo llamada “rana dardo” porque las toxinas de la mucosa de su piel son usadas por comunidades indígenas en proyectiles de caza.

Epipedobates anthonyi, la rana de la que se extrae la epibatidina. (Foto: Wikimedia Commons / CC / Pra kan)
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La denuncia europea indicaba que el origen tan remoto de la rana dardo con respecto al territorio ruso indicaba la extracción y manipulación intencional de la sustancia contra Navalny. Las conjeturas también apuntan a la rareza de la toxina, debido a que los anfibios solo la producen bajo condiciones específicas ligadas a su dieta.
La peligrosidad de esta sustancia radica en que actúa sobre el sistema nervioso central y periférico, siendo capaz de modificar funciones esenciales del organismo. Los reportes de envenenamiento por este compuesto aislado indican que puede provocar daño no solo a través del tacto, sino también por vía respiratoria.
La exposición a epibatidina altera la transmisión de los impulsos nerviosos y está ligada a convulsiones y pérdida del conocimiento. Cuando se sobrepasa el umbral de tolerancia, la sustancia puede conllevar colapso cardiovascular, bloqueo completo de la función neuromuscular y fallo respiratorio.
Adicionalmente, esta toxina es particularmente nociva porque su tratamiento con antídotos requiere entornos sumamente controlados y una administración inmediata. Sin asistencias de cuidados intensivos en el acto, es extremadamente difícil revertir el daño causado por la epibatidina.
Los atentados sufridos por Navalny tuvieron su primer episodio en Moscú en el 2017. Individuos desconocidos le rociaron el rostro con un antiséptico verde mezclado con una sustancia ácida.
El ataque afectó con severidad la visión de uno de sus ojos, aunque no constituyó un envenenamiento en sentido estricto.

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El primer caso de envenenamiento confirmado contra el líder opositor ruso se remonta a julio del 2019 cuando este se encontraba en prisión acusado de encabezar protestas no autorizadas por el gobierno en Moscú. Durante ese arresto administrativo de 30 días el activista fue trasladado de emergencia a un hospital al padecer una hinchazón severa con erupciones en varias partes del cuerpo.
Pese a que los médicos rusos diagnosticaron el caso como una dermatitis a causa de una reacción alérgica, Navalny y profesionales independientes señalaron que se trató de una intoxicación por una sustancia no identificada que fue introducida a su celda.
Un año más tarde, Navalny sufrió un colapso con fuertes dolores durante una gira política, que requirió el aterrizaje de emergencia del avión en el que se trasladaba. La presión internacional ante el riesgo que corría su vida llevó a que fuera evacuado de urgencia a Alemania para ser tratado.
Laboratorios de la Unión Europea con el aval de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas confirmaron poco después que Navalny había sido envenenado con el agente químico novichok. Meses más tarde, uno de los agentes rusos involucrados admitió de forma no intencional que el compuesto tóxico había sido aplicado en las costuras de la ropa interior del activista durante su estancia en un hotel.
La familia de químicos novichok —que significa “novato” o “recién llegado”, en ruso) fue desarrollada en la extinta Unión Soviética entre las décadas de los años 70 y 80 como parte de un plan militar para desarrollar agentes más efectivos que el gas sarín y que fueran indetectables por los medios técnicos de la OTAN.
La utilización de este grupo de agentes químicos está prohibida por la Convención sobre Armas Químicas; sin embargo, lo que los convierte en una amenaza es su diseño binario, ya que se componen de dos compuestos precursores inofensivos por separado. Estos se vuelven altamente tóxicos únicamente al ser mezclados poco antes de su uso, lo que facilita el transporte y dificulta la detección del veneno.
Los efectos visibles del novichok son un dolor ocular severo y dificultad de visión, espasmos musculares violentos e hipersecreción incontrolable de fluidos como el sudor, mucosidad respiratoria, saliva y lágrimas.
Mucho más peligroso que lo anterior es la parálisis respiratoria que produce la toxina, que bloquea la función pulmonar desde varios frentes, lo que se suma al fallo cardiovascular. Quienes logran sobrevivir al envenenamiento enfrentan secuelas graves como el daño nervioso y la posible afectación de la función cognitiva.
También fueron víctimas del uso de novichok el exagente de inteligencia de dicho país Sergei Skripal y su hija Yulia. Ambos terminaron hospitalizados de emergencia el 4 de marzo del 2018 al ser hallados inconscientes en un banco público en las inmediaciones de su localidad de residencia en Salisbury (Reino Unido).

El desertor ruso Sergei Skripal fue coronel de la inteligencia militar de su país. (Foto de Yuri SENATOROV / Kommersant Photo / AFP)
/ YURI SENATOROV
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La investigación forense reveló que la manija de la puerta de la casa de los Skripal había sido impregnada con novichok. Tres policías que participaron en el caso y las investigaciones también tuvieron que ser internados, mientras que más de una veintena de trabajadores públicos involucrados en la atención del incidente fueron examinados por los servicios sanitarios para descartar cualquier afectación.
Yulia Skripal fue dada de alta a mediados de abril de ese año, mientras que su padre salió del hospital un mes más tarde. El atentado se debió al pasado de Sergei Skripal como doble agente para el Reino Unido.
El incidente tuvo un episodio adicional entre junio y julio de ese mismo año, con dos ciudadanos británicos como víctimas colaterales, uno de los cuales perdió la vida.














