En 1995, cuando un jovencísimo Genaro Gatusso empezaba a coleccionar canillas con la camiseta del Perugia, la ciudad de Sarajevo permanecía sitiada. Bosnia y Herzegovina había declarado su independencia tres años atrás, y su capital soportaba el incansable asedio de nacionalistas exyugoslavos. Las calles que se anegaron de sangre y dolor, el último martes se desbordaron de felicidad luego del triunfo sobre Italia que les dio el pase a su segunda Copa del Mundo.
En 1995, cuando un jovencísimo Genaro Gatusso empezaba a coleccionar canillas con la camiseta del Perugia, la ciudad de Sarajevo permanecía sitiada. Bosnia y Herzegovina había declarado su independencia tres años atrás, y su capital soportaba el incansable asedio de nacionalistas exyugoslavos. Las calles que se anegaron de sangre y dolor, el último martes se desbordaron de felicidad luego del triunfo sobre Italia que les dio el pase a su segunda Copa del Mundo.
LEE: Qué pasa con Girotti en Alianza Lima: ¿Por qué el fichaje más caro de la Liga 1 con U$/ 1.5 millones solo calienta banca con Guede?
Gatusso, quien con los años se asemeja al Bud Spencer de “Me llaman Trinity”, ha pedido disculpas como entrenador de ‘La Nazionale’. Mientras tanto, el resto del planeta futbolístico se pregunta si alguna vez la ‘azzurri’ volverá a jugar en la élite después de este nuevo fracaso, el tercero consecutivo.
La pregunta no es ociosa. La tradición también muere. A inicios de la década del 30, Austria poseía una de las mejores selecciones del mundo, incluyendo su propio Messi: Matías Sindelar. Luego de quedar eliminados por Italia en 1934, solo volvió a llamar la atención medio siglo más tarde, cuando se la acusó de arreglar un empate con Alemania en España 82.
A mediados del siglo pasado, la crítica coincidía con que Hungría jugaba el fútbol más bello y espectacular de la Tierra. Tenía a Ferenc Puskas, un goleador temible que compartía delantera con Kocsis, Budai, Hidegkuti y Czibor. Pero se toparon con la disciplina de hierro de los alemanes en la final del 54 y nunca más volvieron a levantar cabeza.
Este mundial atípico, que por primera vez se jugará en tres países, traerá de regreso a Congo, que en 1974 participó con el nombre de Zaire. De aquella vez se recuerda el 9-0 que sufrieron a manos de Yugoslavia y cómo el dictador del país, Mobutu Sese Seko, amenazó con matar a los jugadores y al técnico si perdían por más de tres goles de diferencia en su último partido, nada menos que ante Brasil. El equipo de Zagallo se apiadó de su suerte y pudieron volver a casa muy asustados, aunque sanos y salvos.
Las casas de apuestas creen que el próximo campeón saldrá entre España, Francia, Inglaterra, Brasil y Argentina. La inclusión de ingleses y brasileños parece estar sesgada por razones históricas antes que deportivas. Tampoco faltan quienes se decantan por un ‘last dance’ de Cristiano Ronaldo. En este pequeño rinconcito hay un caballo al que le jugaremos varios boletos: Japón. Son hábiles, rápidos y sumamente prácticos. Acaban de vencer 1-0 al equipo de Tuchel en el mismísimo Wembley. En estos tiempos en que las plataformas están repletas de versiones ‘live action’ de los mejores dibujos animados, Norteamérica puede ser el escenario de la consagración de los ‘Supercampeones’.




