Hay algo en común en las expresiones de casi todos los concurrentes del concierto que acaba de finalizar en la cuadra 8 de la avenida Arequipa. No son rostros agotados, pese a que el reloj se acerca a la medianoche. Tampoco es preocupación por el calvario de encontrar un medio de transporte que los retorne a casa. Lo que se repite en este desfile involuntario de semblantes son sonrisas cómplices, propias de testigos que acaban de experimentar uno de esos días raros en las que la música consigue que el caos de la vida limeña se haga pequeño, minúsculo, al menos por un rato.
Si hubo testigos, también hubo un culpable. Su nombre es No Te Va Gustar (NTVG). La banda uruguaya carga con inoculables 32 años de carrera que se pusieron en evidencia en su visita a la capital del Perú con el motivo de la presentación de su nuevo álbum “Florece en el Caos”, duodécimo disco de estudio que los pone en gira internacional a lo largo de 17 países. Y si decimos que su trayectoria se nota en escena es justamente porque la agrupación ha encontrado en su vasto tiempo en actividad aquella fórmula mágica que lo conecta con su público más allá de las ausencias, la sombra de lo hecho en el pasado, y lo convierte en un reto de cara a lo imprevisible.
En esta noche templada, clima inusual para finales de mayo, las cercanías al Centro de Convenciones Leguía registraron temperaturas mucho más altas a las del resto de la ciudad. Al interior del local, los cientos de fanáticos del grupo liderado por el argentino-uruguayo Emiliano Brancciari llegaron temprano y encendieron el ambiente, en un primer momento, junto al telonero Nico Politano. El extrovertido artista se adueñó del escenario por poco más de media hora, haciendo participar activamente al público y consiguiendo cálidas impresiones.
Finalizado el preámbulo, fue posible notar a algunos fans exponiendo la dimensión futbolera que ha logrado la banda y que, como comentábamos días atrás, la hizo rebasar el perímetro de lo estrictamente musical. No fue sorpresivo, por lo tanto, ver personas con camisetas de Nacional, de Peñarol y de Universitario de Deportes coexistiendo sin incomodidad y, hasta creería, con simpatía, toda vez que todos estuvieron destinados a cantar las mismas canciones aunque sea por dos horas y media.
A las 9:30 p.m., el recinto quedó en oscuridad. Los gritos ocuparon cada rincón del C.C. Leguía y, durante algunos segundos, el entusiasmo colectivo pareció sostener el techo del lugar. Entonces aparecieron. Sin artificios innecesarios ni extensas introducciones, NTVG salió a su cancha para confirmar que tres décadas de carrera no solo se contabilizan en discos publicados, sino también en la capacidad de generar expectativa antes de tocar una sola nota.
Días atrás, el baterista Diego Bartaburu había adelantado a este Diario que el concierto no solo serviría para presentar “Florece en el Caos”, sino que también denotaba un reencuentro con una ciudad a la que no acudían desde julio del 2024. Y la banda cumplió la promesa. El reciente material tuvo espacio y protagonismo, pues el primer tema interpretado fue “Halcones y payasos”, primera canción del nuevo álbum. Grata fue la sorpresa de los ocho integrantes de la agrupación al comprobar que gran parte del público la conocía de memoria, acompañándola desde los primeros compases. Similar curso tuvo “La noche de ayer”: “Hoy se van esos fantasmas que me ahogan/Lo que hay, para vos no es nada/Para mí, es el mundo”.
Pero pronto, pasado y presente empezaron a coexistir.
De las canciones con mayor rodaje resaltó “A las nueve”, que obligó a los fans a extender sus brazos rítmicamente en un acto digno de coreografía. También “Verte reír”, que fue entonada de una forma especialmente desgarradora, con esa carga nostálgica y adolorida que la convierten en una de las favoritas de los fanáticos de la banda ríoplatense.
Sin lucir gestos de fatiga, o tal vez escondiéndolos de forma muy lograda, la banda fue transitando entre éxitos y novedades, haciendo pausas oportunas para introducir algunas canciones, darle momentos de protagonismo a cada uno de sus integrantes e incluso para expresar su cariño por el Perú y su gente.
A causa de la arquitectura del lugar -y a la energía liberada- hubo pasajes en los cuales fue sencillamente imposible distinguir la virtuosidad de los vientos, los golpes secos de la batería de Bartaburu, o las particularidades de la voz barítono-tenor de Brancciari. Y empiezo a dudar sobre si el público fue solo un testigo o si también quiso ser inculpado en la noche de “Florece en el Caos” con sus saltos durante la novísima “En mil pedazos”, o las no pocas lágrimas derramadas durante la archiconocida “Clara”, que es una historia en sí misma y se ha hecho miles, también, cuando cada fan cambia ese nombre y le pone el de la persona que ya no ve, que se fue o que partió de este plano terrenal.
Sin contratiempos
El concierto, que hizo sold out, contó con ingreso y salidas ágiles. Asimismo, estuvo producido por IDOSM.
Lo dicho del calor en el ambiente jamás pasó desapercibido. Tampoco es noticia la fascinación piromaníaca de NTVG. Sonaron la reciente “En llamas”, la ingeniosa “Prendido fuego”, y “Tan lejos”, que tiene como coro “(…) Cantando a pesar de las llamas/La lala la lala la lala la ah”. ¿Cómo sería posible, entonces, no subir la temperatura cuando parecía, momentos cerca al final de la presentación, que no había distancia entre escenario y platea?
Las interpretaciones de “Chau”, “Con el viento” y el cierre con “No era cierto” recibieron un respaldo similar al de la ovación que se desató cuando apareció una bandera peruana. Y así, treinta canciones fueron el testimonio de unos fanáticos que se permitieron florecer en el caos, y de los que ahora solo veo, a lo lejos, la ropa formal de quienes salieron tarde del trabajo, pero que igual se hicieron presentes en el concierto, las prendas holgadas, las camisetas de la banda, de la gira, del álbum, de Peñarol, de Nacional y de Universitario. Y aunque la oscuridad de la noche ya no me permite distinguir sus semblantes, acabo de notar que la sonrisa cómplice ahora la llevo yo.













