sábado, marzo 14

En la década del veinte del siglo pasado, ya Hollywood vivía, respiraba, se agitaba únicamente por y para el cine. En sus calles, todo era transitorio y artificial; y, sin embargo, dotado de una intensa vitalidad. Sus habitantes parecían haber salido de una pantalla: no era raro ver a un caballero con armadura fumando un cigarrillo en la puerta de una cafetería, o a una odalisca esperando el tranvía. En aquel Hollywood naciente, lo extraordinario era lo cotidiano.

En la década del veinte del siglo pasado, ya Hollywood vivía, respiraba, se agitaba únicamente por y para el cine. En sus calles, todo era transitorio y artificial; y, sin embargo, dotado de una intensa vitalidad. Sus habitantes parecían haber salido de una pantalla: no era raro ver a un caballero con armadura fumando un cigarrillo en la puerta de una cafetería, o a una odalisca esperando el tranvía. En aquel Hollywood naciente, lo extraordinario era lo cotidiano.

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Pero tras ese decorado de cartón piedra y luces de magnesio, había una realidad muy dura. La llamada Fábrica de los sueños exigía a sus empleados una disciplina de hierro. Se habla mucho de sueldos fabulosos y de vidas de lujo, pero por cada artista que alcanzaba el triunfo, miles de llegados a Hollywood arrastraban una existencia miserable, esperando una oportunidad que nunca llegaría. Aquí algunas historias publicadas en las páginas de “El Comercio” entre 1922 y 1929, año en que se entrega la primera estatuilla en la ceremonia de la Academia en el Hollywood Roosevelt Hotel.

13 de junio de 1923. Se denuncia que muchas jóvenes, engañadas por las promesas de directores de segundo orden, abandonaban sus hogares para llegar a Los Ángeles atraídas por el deseo de ser estrellas de cine. Después de haber gastado sus escasos ahorros, muchas de ellas se encontraban en la miseria. Los empresarios cinematográficos “cansados de ver sus oficinas llenas de cocineras, mecanógrafas e institutrices”, pusieron en la puerta de sus estudios el lacónico aviso: “No se necesitan artistas”. Una sociedad de auxilio se encargó de buscarles colocación laboral “como sirvientas u obreras en las fábricas”, o facilitándoles los medios para que regresaran a sus hogares. “La triste situación de estas jóvenes debe servir de lección a las que se creen con aptitudes para el cinematógrafo, y que, sin más bagaje que una cara bonita, se lanzan a una aventura que termina en el mayor de los fracasos”, escribe el redactor.

¿Reconoces a estas estrellas del Hollywood clásico?

Algunas de ellas: Rita Hayworth, Theda Bara, Marlene Dietrich, Hedy Lamarr, Mae West, Lillian Gish, Dorothy Gish, Gloria Swanson, Mary Pickford, Douglas Fairbanks, Katharine Hepburn, Shirley Temple, Norma Shearer, Erich von Stroheim, Jean Harlow, Rudolph Valentino, Bette Davis, Greta Garbo, Harold Lloyd, Clara Bow, Ben Turpin, William S Hart, Ingrid Bergman, Gary Cooper, Warner Oland, Lon Chaney, Charles Laughton, Edward G Robinson, Peter Lorre, Bela Lugosi, Joan Crawford, Alec Guinness, Anna Magnani, Maurice Chevalier, Charlie Chaplin, Harold Lloyd, Buster Keaton, Oliver Hardy, Stan Laurel, Mickey Rooney, WC Fields, Jimmy Durante, Bing Crosby, Judy Garland, Bob Hope, Adolphe Menjou, Spencer Tracy, Clark Gable, Boris Karloff, John Gilbert, Lionel Barrymore, Jean Gabin, Louis Jouvet, Charles Boyer, Fernandel, Michele Morgan, Mickey Mouse, Chico Marx, George Arliss, Marilyn Monroe, Stepin Fetchit, Fred Astaire, William Powell, Myrna Loy, Vivien Leigh, Laurence Olivier, Raimu, Michel Simon, Gina Lollobrigida, Gerard Philipe, Harpo Marx, Groucho Marx, Wallace Beery, Marie Dressler y Orson Welles. (Foto: The Al Hirschfeld Foundation/Getty Images)

/ The Al Hirschfeld Foundation

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21 de noviembre de 1923. La Corporación Famous Players-Lasky de Nueva York ponía fin a su producción de otoño y recortaba la de sus estudios en Long Island y Hollywood. No reanudaría sus rodajes hasta que los costos de producción se reduzcan, se informa. Igual actitud fue asumida por otras 15 compañías. Miles de empleados de la industria, entre actores y actrices, fotógrafos, técnicos, escritores, publicistas, electricistas o carpinteros se hallaban cesantes.

26 de mayo de 1923. Concurso promovido por “El Demócrata” de México alborota a las muchachas al proponerles, si eran elegidas por sus lectores, alcanzar un lugar como actriz de cine en Hollywood, con estudios artísticos financiados por el diario. Según este medio, si antes esas muchachas agraciadas se desvivían por un lugar en el teatro, “que les exigía singulares aptitudes vocales e intelectuales”, en el cine mudo había más oportunidades porque bastaba con ser bonita: “Una silueta grácil, una figura elástica, unos ojos hondos y expresivos, unos labios suaves y armoniosos, garantizan más de la mitad del triunfo”, prometía el diario norteño con ingenuo entusiasmo.

26 de diciembre de 1923. A diario, una “romería” de chicas buscan cumplir sus sueños de actuar en Hollywood. Se informa que, de cada mil “girls” (como se les llamaba a las aspirantes a actriz), solo una alcanzaba un puesto de preeminencia en los estudios. Además de la afortunada, solo diez conseguían ocasionales trabajos de “extra”, ganando de 3 a 7.50 dólares por día. Del resto, quinientas eran completamente desairadas (“Ni siquiera se les brinda la oportunidad de ver el interior de un estudio”, se informa). Cien encontraban empleo en cafeterías, puestos de comunicación telefónica, restaurantes, bares, cabarets y otros sitios “que valoraran su atractivo”, mientras que otro centenar desaparecía “en el torbellino de las grandes pasiones de la carne, habiéndose consumado su naufragio de cuerpos”, apunta el redactor. El resto, al no poder quedarse en California por falta de recursos, regresaba a sus casas.

11 de febrero de 1924. La cirugía plástica está estrechamente vinculada a las figuras de Hollywood. “Viejas caras hechas de nuevo”, reza el título de la nota. “La noticia de una actriz americana cuya cara ha sido totalmente remodelada por un especialista de París, con un perfil escogido por ella misma, ha causado sensación”, dice la nota. “No existe razón que obligue a una mujer a conservar una fisonomía que no le satisfaga”, dicen los especialistas. Habiendo terminado su tarea en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial atendiendo desfigurados y mutilados por la metralla, los cirujanos plásticos buscaban en Hollywood nuevos campos de trabajo. Y las estrellas eran sus nuevos clientes.

18 de agosto de 1925. El presidente de una compañía cinematográfica da cuenta de la razón de la enorme diferencia entre los sueldos de los diferentes directores en Hollywood. Mientras unos pocos ganaban hasta dos mil dólares por semana, otros recibían apenas 5 dólares: “Los hombres que no conocen a fondo los secretos del arte de la pantalla resultan caros siempre, por modestas que sean sus aspiraciones de sueldo. Mientras que el que conoce bien su oficio no tan solo le ahorran varias veces su sueldo a la compañía, sino también tiempo y materiales”, afirmaba.

19 de agosto de 1925. Miles de personas se agolpan a diario a las puertas de los grandes estudios californianos. Desde 1917, se habían inscrito más de 150,000 aspirantes a un puesto como extra, con solo quince mil laboralmente ocupados. La nota pone énfasis en la diversidad de los postulantes: En el registro constaban trescientos calvos, cien hombres con una sola pierna, diez bizcos, doce enanos, además de comedores de vidrio y tragasables. “En un solo día es posible reunir 5,000 personas para interpretar a una multitud”, dice la nota. La tarifa a pagar era uniforme: 3 dólares diarios, aunque si poseían experiencia y llevaban su propio vestuario, podía alcanzar los 7.50 dólares al día. Un profesional dispuesto a recibir golpes, podía ganar cien dólares por escena. Y por cuatrocientos un vaquero podía simular la caída de un caballo en un precipicio.

19 de agosto de 1925. “Los 14 puntos hacen una película de éxito”, se titula la nota que recoge las declaraciones de Irvin Willat, entonces productor de la Paramount, que decía haber descubierto el secreto para saber si una película tendía o no éxito. Según él, una película taquillera debía combinar estos ingredientes: Conflicto, intriga, lealtad, rivalidad, remordimiento, codicia, conspiración, amor, abnegación maternal, líos de parejas, premios, reconciliación, sacrificio y seducción femenina.

2 de diciembre de 1926. En solo veinte años, el crecimiento de Hollywood es notable. De ser una desierta aldea rodeada de granjas y naranjales, se había convertido en una ciudad por entero dedicada a la producción cinematográfica. Los números daban cuenta de ese crecimiento: En 1900, Hollywood tenía 500 habitantes; en 1910, eran 10 mil; en 1925, 150 mil habitantes. En 1901 poseía un solo teléfono; en 1925 había 38,886 abonados. La explicación de tal crecimiento lo explican esta cifra contundente: en 1911 solo había un estudio cinematográfico; en 1925 la ciudad poseía 19 estudios y 250 compañías productoras.

Los estudios de Paramount Pictures en los años 20.

Los estudios de Paramount Pictures en los años 20.

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13 de octubre de 1928. Florecen los cursos de inglés en Hollywood como consecuencia de la aparición del cine parlante. Con ello, dice el cronista, van desapareciendo los días regidos por los artistas extranjeros en medio de una babilonia de lenguas. “Los rusos, los húngaros, los hispanos y los franceses, se vieron obligados a aprender un inglés fluido y sin acento, para conservar sus puestos en la industria”, apunta. “Entonces alrededor de los estudios se oía poquísimo inglés. Los tiempos cambian”, añade. Por otro lado, actores de teatro locales, antes despreciados por no ser “fotogénicos”, eran buscados ávidamente por los directores debido a su perfecta dicción.

9 de noviembre de 1928. La actriz Pola Negri “se sumió en un patatús”, cuando se le preguntó qué pensaba del cine hablado. La cuestión es muy seria para los artistas extranjeros. Camila Horn, artista notable por su habilidad dramática, no conseguía papeles por su tono de voz, demasiado agudo para mantener la ilusión de diva romántica. Y la celebrada mexicana Lupe Vélez no sabía inglés, por lo que estaba desesperada. “En cambio, los artistas norteamericanos, que suspiraban decepcionados cada vez que un barco o tren aparecía con su carga de estrellas importadas, ahora experimentan alivio”, escribe el cronista. “Hollywood se ha convertido en una inmensa escuela de idiomas, donde las estrellas de ayer vuelven a estudiar como colegiales, temerosas de que la pantalla parlante las arroje al olvido”.

9 de septiembre de 1929. Es conocido el desprecio que sentía Charles Chaplin por el cine sonoro, para quien la voz rompía la fantasía, la poesía, la belleza del cinematógrafo y de sus personajes. Sin embargo, algunas razones recogidas del diario “La Nación” caen en lo que hoy consideraríamos abierta misoginia: “¿Se imagina usted a cualquiera de las actrices que conocemos hablando en la pantalla?”, pregunta Chaplin a su entrevistador “¡Qué desastre, mi Dios! Las actrices no deben hablar, deben ser bellas, nada más, y callarse la boca. Porque las actrices sirven cuando no son inteligentes. O cuando son muy inteligentes. Pero es ésa una excepción rarísima y, además, poco deseable. La belleza es la única gran cualidad de la mujer en el cinematógrafo. Ser bella y hacer lo que se le manda. He ahí la gran “estrella”, declaraba.

12 de agosto de 1929. La técnica también se transforma con la llegada del sonido. Un problema de difícil solución se plantea en Hollywood con la llegada del cinema parlante: el ruido ambiental. Los estudios debían ser herméticos para evitar que los ruidos de la calle interrumpan la grabación. “El silencio que antes reinaba en la sala de proyección se ha trasladado ahora al “set” de filmación, donde un estornudo o el vuelo de una mosca pueden costar miles de dólares”, se señala.

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