lunes, julio 27

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Cuba lleva meses en un tenso diálogo con Estados Unidos de cara a una posible transición democrática y el fin del régimen castrista, que vive un momento crítico en medio de escasez y protestas.

Cuba lleva meses en un tenso diálogo con Estados Unidos de cara a una posible transición democrática y el fin del régimen castrista, que vive un momento crítico en medio de escasez y protestas.

Esto último ha sido un golpe para la validación del sistema cubano, que pese a ello continúa teniendo defensores. El escritor y académico cubano Frank Zimmerman sostiene que ese apoyo al castrismo se sostiene en buena medida por un aparato de propaganda e inteligencia minuciosamente trabajado a lo largo de décadas, lo cual él ha buscado desmitificar a través de su más reciente publicación, llamada “12 mitos sobre Cuba. Del relato al dato”.

Frank Zimmerman. (Foto: The Adam Smith Center)

Frank Zimmerman. (Foto: The Adam Smith Center)

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Zimmerman vivió dos décadas en la isla antes de partir hacia el exilio, por lo que afirma que “conoce al monstruo por dentro” al haber presenciado la desconfianza que sembró el régimen para sostener su revolución. En diálogo con El Comercio, el autor cubano explicó que su libro no parte de la búsqueda de confrontación ideológica, sino de contrastar la retórica de la dictadura con información, comparando “propaganda con hechos”.

—¿Cuál es su visión general del contexto cubano actual en el que Estados Unidos viene ejerciendo máxima presión al régimen castrista?

Cuba está viviendo una etapa más allá de una crisis, es una descomposición funcional del Estado. Es un sistema que se ha mantenido 67 años con los mismos cuadros al frente del sistema y lo más sorprendente es cómo han sido capaces de crear un mito y exportarlo.

(El régimen) pasó 30 años viviendo del subsidio soviético y después del narcotráfico, de los mercenarios y de Venezuela. Los cubanos llevamos siete décadas denunciando todo esto y nunca nos han hecho caso en ninguna parte, sea Estados Unidos o Latinoamérica, y finalmente en los últimos días el Departamento de Estado de EE.UU. ha emitido un informe que recoge básicamente todas las críticas que venimos argumentando hace 70 años sobre por qué este sistema debe ser afrontado en serio.

¿Qué puede pasar en un futuro? Es incierto, pero se sabe que la dirigencia que fue capaz de llevar adelante y consolidar ese modelo ya no existe. El daño antropológico que ha creado el sistema y su modelo ha generado que los nuevos cuadros no tengan remotamente la capacidad intelectual ni operativa que tuvieron los que los consolidaron y mantuvieron el régimen.

«Hubo un ‘socialismo en colores’ hasta que se acabaron los subsidios soviéticos y cuando esto sucedió el castrismo pasó a vivir de lo que producía: nada»

—En su libro argumenta que el verdadero colonialismo que vivió Cuba se canalizó en las décadas de gobierno castrista a través de países como Rusia o China. ¿El debilitamiento de estos países por conflictos o su simple hartazgo con la administración cubana han contribuido también a que el régimen de la isla se haya hecho mucho más precario?

El sistema se ha debilitado por su propia incapacidad ya que por su naturaleza necesita ser mantenido por un volumen de presupuesto que solamente podía obtener de la Unión Soviética y de Venezuela.

Esta isla de unos cuantos millones de habitantes conquistó y dominó a Venezuela por los últimos 20 años, de donde extraía recursos manejados por su policía, había decenas de miles de militares y de agentes inteligencia cubana en esta neocolonia que Cuba hace de Venezuela.

Este asunto vio su final en enero de este año, cuando Estados Unidos hace la operación de extracción de Nicolás Maduro, y cuando ya era muy poco lo que Cuba podía extraer de Venezuela.

Este sistema cubano desde el principio hizo todo lo posible por destruir la economía, al darse cuenta de forma temprana de que una sociedad próspera era ingobernable desde su óptica. Por eso destruyeron todo espacio de mercado libre e impusieron la economía que ellos necesitaban para gobernar.

Eso vio al poner a frente de la economía de un país a un joven argentino que había ejercido de médico unos meses, el doctor Guevara de La Serna. Si hubieran nombrado a alguien del perfil de (Julio) Velarde, como los había en Cuba con personajes con capacidad como Felipe Pazos, otro hubiera sido el devenir. Eso no sucedió porque había que garantizar la pobreza a través de la destrucción económica.

Hubo un “socialismo en colores” hasta el año 90 a causa de los subsidios soviéticos, pero cuando esto dejó de suceder el castrismo cae en lo que llama el “período especial”, en el que pasó a vivir de lo que producía, o sea nada porque se destruyeron todas las vías de producción.

No creo que la presencia china, rusa o iraní tengan mucho que ver con el descalabro que hay actualmente. Indudablemente todos ellos tienen problemas directos en sus propios países y los están enfrentando, pero no quieren soltar Cuba porque su ubicación geográfica la convierte en un espacio perfecto para los enemigos de Occidente, que necesitan mantener ahí a un gobierno afín.

El problema es que el gobierno cubano desaparece cualquier ayuda externa a su pueblo y devora ese dinero para beneficio de la casta gobernante estructurada a través de GAESA, el complejo militar que maneja toda la economía.

—Usted señala que su libro surge de una necesidad de desmitificación de la propaganda del régimen cubano. ¿Cómo cubano en el exterior ha visto la pérdida progresiva de idealización del castrismo en otros países?

El reino de esa percepción se ha deteriorado los últimos años; sin embargo, hay fuerzas renuentes a las que no importa cuánto se le explique o cuánto entiendan, necesitan la supervivencia de este sistema. Con el libro no busco ganar una discusión emocional, sino sobre todo desmontar un mecanismo que está muy arraigado en el pensamiento y la visión contemporánea de este hemisferio.

Estos mitos han funcionado como un blindaje. Hacia fuera compra influencia e indulgencia y hacia dentro lo justifican con vigilancia, escasez y censura. Básicamente, la obra se trata de comparar promesas con resultados, épica con archivo y propaganda con hechos.

La idea es identificar un sistema que ha exportado un método de control político y social durante siete décadas. Siendo cubano, viajando donde sea que llegas, enseguida te atacan y te sueltan tres o cuatro de estos mitos. Me dicen cosas como “eres de Cuba, qué interesante, mi sobrino fue allá a tratarse porque la medicina cubana es extraordinaria” y otras por el estilo.

Cuando he hecho presentaciones del libro en Argentina, Chile e India me puse a investigar por qué a estos países debe importarles cómo funciona este modelo. En el caso de Perú hay una relación histórica con la revolución cubana desde los años 60, cuando el castrismo influyó en la izquierda peruana, movimientos juveniles, cuadros políticos y luego en grupos guerrilleros como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Esto no habría podido existir sin el apoyo logístico y simbólico de La Habana. Cuba no solamente exporta una ideología, sino también una metodología de crear un relato, formar cuadros, legitimar la violencia revolucionaria y presentar la toma de poder con una redención moral. Eso lo hizo Cuba con el MIR y el ELN hace 50 años, pero está vigente con personajes como Carlos Zamora, ‘El Gallo’, que fungía como embajador y es un agente de inteligencia.

El sistema tiene varios tentáculos y los más importantes son las embajadas, pues a pesar del estado paupérrimo en que se encuentra el país Cuba tiene más de 120 embajadas repartidas por el mundo, más que muchos países latinoamericanos y europeos. Cualquier funcionario, desde el que limpia el recinto, es un agente de la inteligencia cubana.

Tienen varios métodos de infiltración, como por ejemplo las brigadas médicas, que son soldados ideológicos. Por ejemplo, en Perú estas personas serían enviadas a lugares a los que ningún médico local quisiera ir, pero eso no es altruismo ya que el gobierno peruano le paga al gobierno cubano, por cada uno de esos médicos, entre 2.000 y 4.000 dólares mensuales.

Esos médicos cubanos reciben, si acaso, unos 100 dólares mensuales y en Estados Unidos hay una orden ejecutiva que penaliza a cualquier país que entre en negociaciones con Cuba por brigadas médicas, debido a que eso es apoyar la esclavitud en el siglo XXI.

Es un modelo totalmente ilegal, disfrazado de filantropía en el que los médicos que van al extranjero tienen que dejar a su familia en Cuba como rehenes. Estos profesionales no pueden interactuar con los locales, que son atendidos por un oficial de inteligencia por cada diez médicos.

Lo mismo sucede en las “casas de la amistad” y las embajadas cubanas donde se pueden enviar 30 o 40 personas si se necesita organizar protestas, como pude ver en Argentina, donde he vivido. Todo esto bajo el discurso del imperialismo, la injerencia y rodo lo demás.

—¿El control tan férreo de GAESA sobre la economía cubana puede permitir un futuro para la isla en caso de una transición, como se negocia actualmente?

La transición no puede incluir a ningún miembro de la alta nomenclatura castrista. Las figuras como ‘El Cangrejo’ (Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro) y su entorno inmediato deben ser excluidas.

Estamos hablando de quizás 100 personas principales repartiéndose el control, además de unos 2.000 o 3.000 individuos conectados a ellos, pero en la cima de todo todavía está Raúl Castro con su nieto.

Hay que fijarse en Alemania y su proceso de desnazificación, donde las personas que tenían un historial criminal eran directamente descartadas. En Cuba necesariamente hay que sacar del proceso de transición a las figuras más altas, los 40 o 50 generales y personas que manejan GAESA.

Este conglomerado maneja el 80% de toda la economía desde la industria hotelera, el comercio, las brigadas médicas —que en un momento aportaban un 30% del PIB—y las tropas mercenarias.

El entonces presidente cubano Raúl Castro, junto a su nieto y guardaespaldas, Raúl Rodríguez Castro, en la Plaza de la Revolución de La Habana, el 1 de mayo de 2017. (ADALBERTO ROQUE / AFP)

/ ADALBERTO ROQUE

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Abrir el país a la inversión es un proceso en el que podríamos fijarnos en lo que sucedió con los países bálticos en el paso del comunismo al libre mercado. No obstante, no ha existido país socialista que haya terminado con el estado tan deteriorado como Cuba hoy en día, ni siquiera Albania, la isla está casi como Haití. Es un reto enorme.

Curiosamente, a 90 millas de Cuba hay más de un millón de cubanos que se han marchado a lo largo de décadas y muchos están listos para tomar el relevo y volver. El tiempo de conexión entre Miami y La Habana son 20 minutos por vuelo y 140 kilómetros náuticos de distancia. Miami y el exilio van a ser clave en la transición de Cuba, que necesita por lo menos 200.000 millones de dólares para salir adelante y ya hay compromisos de muchas entidades que están dispuestas a invertir en la isla.

Estados Unidos debe ser un garante y tiene que suceder lo mismo que se hizo con la Alemania nazi. Fue un acto de injerencia que se haya luchado contra Hitler y nadie estaba en desacuerdo con eso, por lo que para sacar a este tipo de sistemas se debe hacer algo similar.

Sin embargo, el relato que se ha armado en Cuba es demasiado fuerte. Latinoamérica jamás se ha interesado por la causa cubana, se ha desconectado e incluso ha sido cómplice de que el régimen esté en el poder todavía.

—¿Hay temor de que una respuesta drástica y maximalista de Estados Unidos contra el gobierno castrista se traduzca en una afectación más grande de la vida de los cubanos que permanecen en la isla?

Nada de lo que haga Estados Unidos en este momento es peor que lo que los cubanos han tenido que padecer por casi 70 años. Ante todo, Cuba nunca ha sido un país antinorteamericano, ni con las retóricas que el sistema ha impuesto.

Por el contrario, el comunismo ha hecho de Cuba aún más proamericana y ese sentimiento ‘antiyanqui’ nunca se sintió. Se incorporó en el discurso, pero nunca en el corazón de la gente porque todavía se recuerda que los mejores tiempos se vivieron en otra época. Además, con la presencia soviética los imperialistas rusos fueron tan negativos y soberbios, que Estados Unidos parecía menos malo.

Creemos que es necesario que haya un empujón para salir del estado en el que estamos y el pueblo cubano en ese momento sigue pensando qué espera Estados Unidos para hacer lo que tiene que hacer. Washington lleva casi un año dando opciones de una salida negociada y al régimen no le interesa.

¿Y por qué Estados Unidos tiene que estar negociando el futuro de Cuba? Pues porque es de interés nacional para ellos. La isla alberga bases de inteligencia china y por culpa de Castro el mundo estuvo a punto de una guerra atómica hace décadas con la crisis de los misiles, pero finalmente Nikita Krushchov y Kennedy terminaron negociando.

La intención de la Revolución Cubana desde el principio fue enfrentarse a Estados Unidos y ser su enemigo, y ahí no hay posibilidad de negociación o de ajuste y con lo que queda, menos.

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