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Musk vs Altman: el origen de la disputa multimillonaria entre dos antiguos amigos que puede cambiar el balance de poder en el ‘Big Tech’ | EL COMERCIO PERÚ

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El juicio por la demanda que Elon Musk entabló contra Sam Altman, OpenAI y Microsoft tuvo una primera semana intensa de testificaciones en el tribunal federal de Oakland (California, Estados Unidos). El proceso es considerado el más importante de la industria tecnológica en los últimos tiempos y podría tener un impacto decisivo en el futuro inmediato de la inteligencia artificial.

El juicio por la demanda que Elon Musk entabló contra Sam Altman, OpenAI y Microsoft tuvo una primera semana intensa de testificaciones en el tribunal federal de Oakland (California, Estados Unidos). El proceso es considerado el más importante de la industria tecnológica en los últimos tiempos y podría tener un impacto decisivo en el futuro inmediato de la inteligencia artificial.

El hombre más rico del mundo es cofundador de la empresa de inteligencia artificial responsable de ChatGPT junto a Altman y ahora acusa a su antiguo colega de haberlo engañado para que invirtiera en OpenAI con la promesa de que esta sería una entidad sin fines de lucro y que su tecnología sería de código abierto.

Elon Musk llega ndoal tribunal federal durante el juicio por su demanda contra OpenAI en Oakland, California, el 30 de abril de 2026. (Foto de JOSH EDELSON / AFP)

/ JOSH EDELSON

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El germen de esta disputa se remonta al mismo origen de OpenAI, que nació en diciembre del 2015 como una organización sin ánimo de lucro con un planteamiento loable sobre el papel: asegurar que la inteligencia artificial general fuera beneficiosa para toda la humanidad, tal como señalaba el acta fundacional de la entidad.

Durante el año previo, Google había adquirido DeepMind, una prometedora empresa emergente de Inglaterra dedicada a la inteligencia artificial, adelantándose varios pasos en el desarrollo de esta tecnología. Elon Musk ha admitido que esta adquisición lo alarmó en gran medida, al punto de incluir este hecho como uno de los argumentos de su demanda y mencionarlo directamente ante el juzgado.

El fundador de SpaceX consideraba que Larry Page, hombre fuerte de Google, no era consciente de los riesgos potenciales en el desarrollo de la IA. Musk relató al tribunal que en el 2015 le planteó a Page que se debía trabajar en este campo con cautela para prevenir cualquier riesgo de que la inteligencia artificial destruyera a la humanidad.

(Foto: JACK GUEZ / AFP)

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Según el CEO de Tesla, Page habría desestimado el comentario y presuntamente lo tildó de “especista” (discriminador) y “prohumano” en detrimento de las máquinas. Este episodio y el reclutamiento de Ilya Sutsveker —por entonces en Google— para fundar OpenAI marcó el fin de la amistad entre ambos magnates.

Esta preocupación por evitar que una tecnología tan relevante se convirtiera en un monopolio en manos supuestamente irresponsables fue el germen de la creación de OpenAI, planteada por sus once fundadores como un contrapeso para Google en el sector.

Elon Musk y Sam Altman fueron originalmente designados como copresidentes, pero el primero se marcharía de la junta directiva en el 2018 aduciendo que su presencia podía generar conflictos de interés con los trabajos de inteligencia artificial de sus empresas, particularmente Tesla.

Elon Musk y Sam Altman en 2015, cuando estaban a punto de lanzar OpenAI.

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Sin embargo, reportes posteriores atribuyen el adiós de Musk a un fallido intento por hacerse con el control de OpenAI, encontrando la oposición de Altman y otros miembros del directorio.

El multimillonario nacido en Sudáfrica presentó la demanda contra Altman y OpenAI en marzo del 2024 responsabilizándolos de “incumplimiento de contrato” y de no respetar el acuerdo fundacional de la institución como organización benéfica. Greg Brockman, otro de los fundadores, también fue incluido en la acción.

La causa judicial fue ampliada en diciembre del 2024 para incluir a Microsoft, inversor clave de la compañía presidida por Altman, que era vista por Musk como cómplice, instigadora y beneficiaria de un esquema ilícito.

Tras la marcha de Musk, en el 2019 OpenAI se dividió para operar con un modelo dual: OpenAI Inc seguiría siendo una ONG y mantenía el control general, mientras que OpenAI LP se constituyó como una empresa subsidiaria con fin de lucro que se encargaría de desarrollar la tecnología.

El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman (derecha), y Greg Brockman, presidente y cofundador de OpenAI, llegan al tribunal federal durante el juicio. (Foto: JOSH EDELSON / AFP)

/ JOSH EDELSON

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El argumento de la dirección fue que la investigación en IA demandaba una cantidad creciente de recursos que solo se podían obtener mediante inversores privados. Fue así como apareció Microsoft con una inversión inicial de 1.000 millones de dólares.

Sin embargo, la reestructuración más relevante se produjo en el 2025 cuando OpenAI se convirtió de forma definitiva en una entidad de capital privado bajo la denominación de corporación de beneficio público. Por razones de seguridad y también evidentemente comerciales, el código de Open AI dejó de ser completamente abierto.

La modificación supuso la reestructuración de la propiedad y Microsoft se convirtió en el principal accionista externo con un 27% de participación, con un valor aproximado de 230.000 millones de dólares.

Inversión

Cantidad exorbitante

Hasta la fecha, Microsoft ha invertido unos 13.000 millones de dólares en la empresa de Altman.

En líneas generales, Elon Musk solicita una indemnización de 150.000 millones de dólares, el retiro de Altman y de Brockman de la junta directiva y que la compañía vuelva a ser una organización sin fines de lucro, haciendo públicos su código y modelos.

Un elemento clave de la postura de Musk es que si en el juicio se logra demostrar que el modelo de OpenAI ha alcanzado el rango de inteligencia artificial general —equiparable al humano—, la parte demandada tendrá que poner su tecnología a disposición pública, argumentando que esta es una obligación presente en el estatuto original de la compañía. Esta evaluación requiere que los peritos de Musk reciban la autorización del juez para acceder a segmentos confidenciales del código de GPT-4, algo que todavía no ha sucedido.

Qué es la IAG

Una inteligencia artificial general es un tipo —todavía hipotético— de IA que iguala o supera la capacidad humana promedio para cualquier actividad intelectual. Esto implica el aprendizaje, comprensión y adaptación más allá de los parámetros de los modelos actuales, caracterizados por estar orientados a labores específicas.

Asimismo, la defensa legal del director de Tesla responsabiliza a Microsoft de haber presionado a OpenAI para cerrar su tecnología y beneficiarse de una pensada para ser de acceso general, convirtiendo una ONG en su propio “centro de investigación privado” de IA.

“Fui un tonto que les proporcionó financiación gratuita para crear una ‘startup’… Les entregué 38 millones de dólares en financiación esencialmente gratuita para crear lo que se convertiría en una empresa de 800.000 millones de dólares”, declaró Musk este martes 28 de abril en el tribunal.

William Savitt, abogado de la gestora de ChatGPT y de Altman, cuestionó estas afirmaciones y mostró al demandante correos electrónicos y mensajes del 2018 en los que Sam Altman le presentó los planes de la organización para obtener financiamiento a través de Microsoft.

William Savitt, abogado principal de OpenAI, habla con periodistas a las afueras del tribunal federal durante el juicio por la demanda de Elon Musk contra OpenAI en Oakland, California. (Foto: JOSH EDELSON / AFP)

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La defensa de Altman asegura que Musk no busca el beneficio general, sino que actúa por “envidia” y arrepentimiento de abandonar prematuramente OpenAI. Savitt también le recordó al magnate que él mismo tiene una empresa de inteligencia artificial con código cerrado y fines de lucro llamada xAI, por lo que el juicio supone un ataque a su competencia directa.

Musk contestó que su compañía “es técnicamente un competidor, pero uno mucho más pequeño que OpenAI”.

Es de común aceptación entre la prensa estadounidense que la relación de los multimillonarios comenzó a desgastarse en el 2017, porque Musk habría considerado deficientes los resultados de la organización por aquel entonces.

En diciembre del 2024, en medio de la ampliación de la demanda, la propia OpenAI publicó en su blog una cronología detallada con su versión de los hechos, mencionando que desde un inicio Elon Musk cuestionaba el modelo original y se mostraba de acuerdo con la búsqueda de financiamiento.

“(En 2017) nosotros y Elon estuvimos de acuerdo en que una empresa con fines de lucro era el siguiente paso para que OpenAI avanzara en su misión”, señalaba la publicación. El blog añadía que Musk decía que la organización “se encaminaría al fracaso” si no se fusionaba con Tesla, su compañía de autos eléctricos.

Elon Musk y Sam Altman se distanciaron por sus diferencias sobre el manejo de OpenAI. (Foto: John MACDOUGALL and SAUL LOEB / AFP)

/ JOHN MACDOUGALL SAUL LOEB

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Esta información ha sido mencionada en el actual proceso judicial y se leyeron correos electrónicos para reforzar la versión de que Musk y su presunto intento de acaparar el control de OpenAI no eran bien vistos por sus antiguos compañeros.

“Nos has demostrado que el control absoluto es extremadamente importante para ti”, decía un mensaje que Ilya Sutskever envió en el 2017 a su viejo amigo.

Musk respondió el miércoles 29 que esos textos confirmaban que ya había una revuelta contra él al interior del proyecto. El empresario añadió, durante la audiencia. que estaba de acuerdo con la creación de una división que buscara el rédito económico, aunque con la condición de que esta no tuviera más peso que la entidad sin lucro original.

La parte demandante ha contestado citando que a pesar de que Altman aseguró por mucho tiempo que no tenía acciones en OpenAI, como muestra de que no obraba con interés propio, terminó haciéndose con el 7% de esta tras su transformación en compañía de beneficio público. Estas acciones tienen un valor superior a los 60.000 millones de dólares.

En el tiempo reciente Elon Musk se ha presentado como una suerte de protector de la humanidad que pone a esta como prioridad absoluta ante el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial.

Un cartel de Elon Musk en un arbusto frente al tribunal federal de Oakland, California. (Foto: JOSH EDELSON / AFP)

/ JOSH EDELSON

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También ha cuestionado lo que considera sesgos progresistas y políticamente correctos en esta tecnología, visión con la que adquirió Twitter para convertirla en X y hacerla subsidiaria de xAI. El empresario de origen sudafricano no ha dudado en calificar a ChatGPT como “woke”.

Pese a ello, tanto xAI como su Grok, su asistente de IA, han recibido duros cuestionamientos en el tiempo reciente. Los críticos señalan que este sistema ha terminado teniendo los propios sesgos ideológicos de su creador, a lo que se suma que el afán de Musk por tener una IA que se remita a decir “la verdad” aunque sea ofensiva dio lugar a la difusión de contenidos extremistas, negacionistas y teorías conspirativas.

Esta falta de filtro tuvo todavía más polémicas por delante, pues se reportó que Grok fue empleado para generar desnudos no autorizados e incluso material pornográfico de menores.

Si Musk tiene una reputación de ser efusivo y extrovertido, Sam Altman es conocido por ser mucho más reservado que su excompañero. El director ejecutivo de OpenAI es visto como un estratega frío y de un perfil más humilde, pero sus detractores consideran que puede ser tan o más inescrupuloso al moverse dentro de la política para obtener beneficio.

El viraje empresarial de OpenAI y su apertura a colaborar con los esfuerzos militares de Washington han sido una fuente de crítica contra Altman, quien asegura que ha puesto límites al uso que el Pentágono puede hacer de su tecnología.

Fotografía de archivo del director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman (i). EFE/ Aurelien Morissard

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El empresario de 41 años es célebre por su fijación con el fin del mundo y la prensa frecuentemente le recuerda las declaraciones que hiciera durante una conferencia en el 2015 vaticinando el fin del planeta a causa de la propia tecnología en la que trabaja.

“Creo que la IA probablemente, casi con toda seguridad, conducirá al fin del mundo. Mientras tanto, se crearán grandes empresas gracias al aprendizaje automático avanzado”, señaló Altman meses antes de fundar OpenAI.

A pesar de que muchos consideran que estas palabras pueden interpretarse como una forma de desarrollar tecnología sin ética y solo pensando en el éxito empresarial, el magnate ha matizado este mensaje. Altman ha señalado que la única forma de evitar un escenario de este tipo es “ser los primeros” en desarrollar la IA, a la vez que dijo estar convencido de que habrá personas que encontrarán una solución a dicho problema y que era necesario que este progreso estuviera en manos de “buenas personas”.

Más allá de esta consideración más positiva, el mismo Altman no ha ocultado que vive preparándose para el fin del mundo y ha admitido haber alistado una serie de medidas ante el apocalipsis, entre ellas tener refugios subterráneos en Estados Unidos y Nueva Zelanda.

Dos sacos de boxeo inflables con las caras de Elon Musk y Sam Altman a las afueras del tribunal en Oakland, California.

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Para Ramiro Escobar, internacionalista y docente de la PUCP, más allá de las proclamas éticas de Altman o Musk, el proceso judicial en curso difícilmente sea “una cuestión de ética” y lo considera, más bien, como “una pelea corporativa”.

“En teoría crearon OpenAI con fines benéficos y para que todo el mundo pueda acceder a ella, pero en el camino se dan cuenta de que eso es imposible porque es un negocio gigantesco, y que se mantuviera en términos abiertos supondría perder miles de millones de dólares”, comenta el especialista.

“Parece un drama shakespeariano en el sentido de que son dos socios que hoy parecen odiarse y traicionarse, teniendo la codicia como fondo. En el último cajón del escritorio digital podría estar el bien de la humanidad, aunque no creo que ese sea el propósito”, añade el profesor universitario.

Escobar asegura que en la disputa también hay un potencial impacto en la política, debido a que los magnates tecnológicos influyen cada vez más en este terreno.

Un ejemplo de ello son los puentes que tendieron los jefes ‘Big Tech’ con el gobierno estadounidense desde que Trump asumió su segunda presidencia. Compañías como Meta, Google o la misma OpenAI dejaron atrás sus antiguas restricciones al uso de su tecnología con fines militares y firmaron sendos acuerdos para evitar que el presidente de EE.UU. las castigara con leyes antimonopolio.

Elon Musk tiene su propio asistente de inteligencia artificial, llamado Grok. (Foto: Pablo VERA / AFP)

El hecho de que personalidades como Peter Thiel o el mismo Elon Musk se involucraran cada vez más en el gobierno da una idea de que la línea entre el mundo corporativo y el político se está haciendo más difusa.

“El mismo Musk sabe que esto le puede servir para tener control político. La prueba palmaria de que él no tiene propósitos humanitarios o éticos fue su desempeño en el gobierno de Trump y la influencia que trató de ejercer en elecciones europeas como la alemana, en la que apoyó la candidatura de extrema derecha”, indica el especialista de la PUCP.

A juicio de Ramiro Escobar, si bien la influencia de la inteligencia artificial es creciente, todavía no se puede hablar de un control total de la política por quienes dirigen esta industria.

No obstante, el internacionalista explica que Estados Unidos no es solo el país militarmente más poderoso del mundo, sino que es también el que tiene el mayor poder digital. En la correlación directa entre el poder económico y político, no es un dato menor que ocho de las diez más grandes fortunas de la potencia norteamericana provengan de los gigantes tecnológicos.

“La idea inicial de Altman y Musk fue que esto fuera abierto al público para que no hubiera ningún tipo de regulación, lo que es una propuesta de doble filo. Desde una lógica de la sociología política, las personas que tienen más poder económico también tendrán más poder en ese mundo digitalizado no regulado”, apunta Escobar.

“El poder que tienen los magnates digitales es el mayor riesgo, no solamente el uso de la inteligencia artificial en sí, sino el mando creciente y casi desbordado de estos personajes. Es una oligarquía mucho más fuerte que otras, aunque todavía podríamos discutir que sea el único poder paralelo”, agrega el especialista.

En el marco de la presente disputa legal entre Musk y Altman, Escobar considera que, si es peligroso que alguno de los dos empresarios se haga más poderoso, el primero supone un riesgo más grande para la estabilidad política.

El profesor de la PUCP argumenta que todavía es incierta la influencia directa que podría tener Sam Altman más allá de sus contratos con el gobierno, pero explica que el papel de Elon Musk en la política ya se ha visto.

“De momento Musk es más peligroso, porque parece más irracional e infantil. Ya lo vimos protagonizando una pelea casi adolescente con Donald Trump, y no hemos presenciado todavía a Altman en ese papel. Elon Musk ya ha demostrado lo que puede hacer en el escenario política y me parece que este juicio no tiene propósitos santos”, sostiene Escobar.

“Ese Elon Musk promotor del auto eléctrico y de Tesla creo que ya no existe, es un recuerdo”, finaliza.

Un ataque bomba el sábado 25 de abril dejó al menos una decena de muertos y una docena de heridos de gravedad en una zona con fuerte presencia guerrillera en Colombia, en medio de una seguidilla de atentados a poco más de un mes de las elecciones presidenciales, informó el cuerpo de bomberos local. (AFP)

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