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Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Respirar por estos segundos en control total del cuerpo parece un ejercicio sencillo para Giovanni Siveroni. El trompetista peruano constituye, en realidad, una forma de entender la música y también la vida. Habla de la respiración como quien describe el motor invisible de un instrumento: ¿serán los pulmones o tal vez un arte marcial? Sus principios, adquiridos en la sabiduría del kung fu, están en su trabajo en los 25 años de escenarios donde se ha presentado principalmente en Francia, Suiza e Inglaterra. En junio, cierra sus presentaciones en Lima y aprovecha para estar con su familia y amigos.
Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Respirar por estos segundos en control total del cuerpo parece un ejercicio sencillo para Giovanni Siveroni. El trompetista peruano constituye, en realidad, una forma de entender la música y también la vida. Habla de la respiración como quien describe el motor invisible de un instrumento: ¿serán los pulmones o tal vez un arte marcial? Sus principios, adquiridos en la sabiduría del kung fu, están en su trabajo en los 25 años de escenarios donde se ha presentado principalmente en Francia, Suiza e Inglaterra. En junio, cierra sus presentaciones en Lima y aprovecha para estar con su familia y amigos.

Giovanni Siveroni entrena tres o cinco veces por semana artes marciales u otros ejercicios. Sin embargo, no tiene un recuerdo de horas de práctica de trompeta de igual forma. (Foto: JOEL ALONZO HUAMANI/EL COMERCIO)
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Grabados en el instrumento de Giovanni Siveroni. (Foto: JOEL ALONZO HUAMANI/EL COMERCIO)
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Su trompeta parece como una extensión de su brazo. Con el instrumento, Giovanni tocó en los festivales Jazz à Vienne en Francia, el Seat Music Session Tour en Suiza, entre otros. De hecho, el músico acaba de cerrar la gira Latinaje Tour, de la cantante argentina Cazzu, junto a su banda. “Ella llegó en un momento importante en mi vida”, explica sobre la referente del trap con cumbia y folklore. “Estoy desligado en eso de escuchar música”, dice, aunque parezca una broma. “Porque donde vivo (Nueva York) estudiamos partituras día a día, pero no conozco a muchos músicos. Yo no la conocía y luego ella me mostró un universo que me cambió la vida”, suspira.
En 2025, el álbum “Alma, corazón y salsa (Live at Gran Teatro Nacional)” consagró a Tony y Mimmy Succar con un Grammy al Mejor Álbum Tropical Latino del año. Ese hito también cambió la vida del solista de jazz (Siveroni), quien había participado en el concierto con un solo de trompeta de 30 segundos. “Estuve tocando con la banda de Tony ya dos años antes de quedar varado en Perú durante la pandemia. Estaba listo para hacer cualquier posición musical. Y es cuando aparece el proyecto con su mamá”, recuerda. Por su participación en el show, recibió un certificado oficial de reconocimiento de la Recording Academy como músico e ingeniero de sonido del proyecto musical con los Succar.
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Su propuesta pedagógica “The Sound of Fitness” y el libro que prepara, “Mastering the Art of Martial Music”, parten de una idea poco habitual entre los músicos. “No enseño trompeta”, afirma. Su metodología reúne el control consciente de la respiración y buena parte de su práctica del kung fu desde los seis años. “Hay una práctica para llegar a la gimnasia musical, que también está en el Chi Kung (tipo de meditación en la práctica china milenaria)”, explica”, explica sobre un método que se implementó como curso especializado en el prestigioso Berklee College of Music, en Boston. “Mediante el suspiro, enseño que el cuerpo sea feliz en cualquier acto artístico”, expresa. Desde estos puntos de vista, no resulta casual que lleve un tatuaje de Bruce Lee en el brazo izquierdo, muy cerca del dibujo de una trompeta o que, incluso, sus alumnos lo llamen “sensei”.
A pesar de poseer dos maestrías y ser docente de música en distintos países, Siveroni observa diferencias en los sistemas de formación artística entre el Perú y el extranjero. “No pueden catalogar a un artista por el diploma que no tiene”, afirma Siveroni en referencia a la creación del Colegio Profesional de Artistas del Perú (CPAP) durante la legislatura unicameral de 2026. Su opinión nace de conversaciones que, según cuenta, sostuvo con colegas y amigos peruanos que cuestionan la postura.
“No estoy en contra de eso por tener diplomas, porque yo los tengo y me han costado las pestañas. Pero tengo derecho a decir que ese colegio defrauda el esfuerzo de muchos que no llegan a poder estudiar en el Conservatorio Nacional de Música, porque las plazas son holgadas, a causa de la, diré obsoleta, educación de esa institución. La enseñanza moderna en música es más fresca. Se necesitan profesores de música que estén tocando en la escena actual, en vez de aceptar personas con 25 años de retraso en las políticas culturales del mundo. Vivimos con normas arcaicas que no hacen que la cultura en el Perú trascienda”, sostiene Siveroni.
Su infancia estuvo llena de arte, pues viene de una familia de padres profesionales en el ballet. Su madre Nilda Azañero fue bailarina y maestra de esa danza en el Ministerio de Cultura; su padre, José Alejandro Siveroni, bailarín y maestro del Conservatorio Municipal Profesional de Danza (CMPD) en Zaragoza, España. Por su parte, los años llevaron a Giovanni a estudiar música en instituciones como el Conservatoire de Perpignan de Francia y la Universidad de las Artes de Berna en Suiza.
Giovanni Siveroni y su madre Nilda Azañero en el bar Dossis de San Isidro. (Foto: JOEL ALONZO HUAMANI/EL COMERCIO)
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“Creo que la falta de tener un padre ‘fijo’ en mi vida hizo que tuviera ganas de desarrollar una fuerza extra”, comenta el trompetista. Como cualquiera, los problemas estaban. Tras un divorcio, años en giras musicales y algunos problemas financieros en la pandemia, todavía está en los escenarios.
La música se convirtió en una profesión hace un tiempo. Sin embargo, para él, la conciencia de un músico está en reconocer quién se “es” antes de tocar una sola nota. De allí, vienen muchas de sus enseñanzas. “No es necesario ser famoso, sino transmitir el mensaje musical: cómo la música puede trascender en otras personas. Para que trascienda, un artista tiene que escucharse a sí mismo”, dice.
¿Quién es Giovanni Siveroni sin su dorada trompeta? Cabe la pregunta, por ejemplo. Antes de contestar, el músico guarda silencio unos segundos. Mira a su madre, presente en la entrevista, y sus ojos se enrojecen. “Hijo de mi madre, la artista. Ese soy yo. Un buen hijo”, responde al final.




