Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
En la Amazonía norte de Perú, Zoila Ochoa lidera la lucha por salvar una lengua que se resiste a desaparecer. En la Comunidad Nativa Centro Arenal, en la región amazónica de Loreto, hasta hace pocos años solo una persona hablaba murui-bue. Ella tampoco lo hablaba. Hoy, gracias a su impulso, ya son más de 30 quienes lo han recuperado.
Para Ochoa, rescatar su lengua no es solo un acto cultural: es una forma de resistencia y sanación colectiva tras siglos de violencia contra su pueblo. Su trabajo se centra en las infancias, por ello fundó la Escuela Autónoma Murui-bue de Centro Arenal, donde niños y niñas aprenden a cantar, cocinar y hablar su lengua.

En la Escuela Autónoma Murui-bue de Centro Arenal se enseñan las danzas, platos típicos y tradiciones de la cultura murui-bue. Foto: cortesía Sebastián Castañeda para Mongabay Latam
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
En ese espacio también impulsa algo clave: el liderazgo de las niñas en un mundo que —dice— sigue estando moldeado por y para los hombres. “Me gustaría que lleguen a ser líderes, primero de nuestra comunidad, defendiendo el territorio y la cultura, levantando sus voces contra las malas leyes”, agrega.
Su enseñanza, sin embargo, va más allá del aula. Con las infancias recorre el bosque y les habla de los “árboles abuelos”, de plantas medicinales y de la selva como un espacio vivo donde también se cuida el espíritu.
En conversación con Mongabay Latam, Zoila Ochoa reflexiona sobre la urgencia de fortalecer una educación indígena que nazca desde las comunidades y sus saberes, y sobre el rescate de las lenguas originarias como una forma de conservar la memoria, la identidad y la dignidad.
Leer más: Amazonía peruana: 215 concesiones mineras afectan ríos y comunidades indígenas de Madre de Dios
Zoila Ochoa, lideresa indígena murui-bue. Ochoa utiliza las hojas de la “pava sacha” para envolver los pescados que cocinará a la parrilla. Foto: cortesía Conservación Internacional Perú para Mongabay Latam
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
—Hace algunos años, en su comunidad solo una persona hablaba murui-bue. ¿Qué la llevó a decidir que recuperar esta lengua debía convertirse en una prioridad?
—En principio solo había un hablante: Arturo Garay, mi tío. El interés por recuperar la lengua nace en la defensa del territorio. Centro Arenal, en 1975, fue reconocida como comunidad nativa por el jefe don Octavio Ruiz Silva, también murui, y por el Estado. Con los años surge un conflicto interno: personas migrantes que habíamos acogido ya no querían ser nativos.
Había una debilidad en la comunidad: no se practicaba nuestra cultura ni la lengua murui-bue. Nos identificábamos como comunidad nativa, pero no había hablantes. Solo uno.
Estas personas solicitaron al Ministerio de Agricultura que se anule el título de propiedad, argumentando que ya no había cultura ni nativos. Nos dimos cuenta. En ese tiempo, Arturo Garay era jefe y yo su secretaria.
Para nosotros fue un impacto muy fuerte. En una asamblea general del pueblo, Arturo Garay dijo: “Yo les voy a enseñar mi lengua, que es el bue”.
Desde el año 2000 empezamos a trabajar para recuperarla. Nos reuníamos en su casa; la población iba, algunos a aprender y otros a escuchar lo que se cantaba.
Vista aérea de la Comunidad Nativa Centro Arenal, donde vive Zoila Ochoa y se encuentra la Escuela Autónoma Murui-bue. Foto: cortesía Sebastián Castañeda para Mongabay Latam
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
—¿Así empieza oficialmente la Escuela Autónoma?
—La escuela empezó ese año con cantos y cuentos. Luego, como familia —mis hijos y nosotros— nos unimos y decidimos trabajar el registro: ya no queríamos solo transmitir verbalmente, sino que queríamos trabajar con la escritura.
Entre 2014 y 2015 decidí hacer la escuela autónoma en mi casa y con mis propios medios. Porque cuando una solicita al Estado te piden muchos requisitos y eso me hacía sentir como una méndiga; si no cumples, no te atienden. Por eso decidí trabajar para construir y ser la directora. Cuando tú misma formas una institución, haces tu propio diseño de cómo quieres enseñar.
El colegio del Estado tiene una gran debilidad en educación bilingüe y tuve conflictos con los profesores. Yo quería revitalizar la lengua al 100 %, pero su currícula viene diseñada desde el Estado que decide cómo ellos van a trabajar. Entonces decidí no entrar en conflicto y hacer mi propia escuela.
Ahí empezamos a recuperar. Con mi familia empezamos a escribir y hacer abecedarios porque para aprender una lengua lo necesitas, como en el castellano.
Actualmente son 15 niños; la profesora es María de Jesús Gatica. En la escuela les enseña a cantar, a escribir, a salir al campo a recolectar basura, a venir a la parcela demostrativa de la asociación, a hacer cultivos y sembrar plantas. Ahora somos unos 30 hablantes que hablamos murui-bue, entre niños, adolescentes y algunos mayores.
La Escuela Autónoma construida por Zoila Ochoa, es un espacio donde se está recuperando la lengua de su gente, así como la cultura y tradición murui-bue. Foto: cortesía Sebastián Castañeda para Mongabay Latam.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
—Usted ha dicho que rescatar el murui-bue no es solo un acto cultural, sino también una forma de sanación. ¿Qué heridas históricas cree que una lengua puede ayudar a sanar dentro de un pueblo?
—Es sanar y recuperar para preservar. Sabemos que muchos idiomas han desaparecido por el maltrato que han vivido los pueblos. Yo aprendí mi lengua más a fondo con mi tío, en la defensa del territorio, porque aunque yo oía a mis padres hablar el idioma, nunca nos enseñaron. Entre ellos había resentimiento.
Mi papá decía: “¿Para qué les voy a enseñar, si a mí me costó aprender el castellano?”. Él contaba que en el Putumayo hablaban murui, pero en la época de la cauchería sus padres trabajaban en la cosecha y los niños se quedaban solos en el pueblo. El patrón llevó a una profesora de Iquitos para enseñarles castellano en la escuela. Esos niños fueron muy maltratados porque no podían aprender rápido.
Una vez los castigaron. Mi papá cuenta que la maestra se enojó fuertemente y los llevó a cavar un hueco en un humedal con sus propias manos, desde la mañana hasta el anochecer, hasta que a algunos se les salieron las uñas, solo porque no podían hablar castellano. Para nuestros padres, no enseñarnos el murui-bue significaba protegernos a nosotros de la crueldad que habían vivido, pero llegó el momento de recuperar esa lengua porque es importante.
Zoila Ochoa lleva más de 30 años luchando por los derechos de su territorio, amenazado por el crecimiento de la ciudad de Iquitos. Foto: cortesía Conservación Internacional/Leslie Searles para Mongabay Latam
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
—¿Cómo sería una educación verdaderamente indígena y qué diferencias tiene con la educación oficial que llega desde fuera?
—El Estado no va a enseñar la cultura indígena porque no le interesa. En las comunidades debemos crear nuestras instituciones, donde enseñemos todo lo nuestro: cómo cazabas, cómo hacías tu comida, como curabas a las personas, qué sembrábamos. Es muy diferente a la currícula oficial; por experiencia, no se puede incluir ahí, tiene que ser aparte.
Los maestros del Estado trabajan por horas: vienen y se van. Yo les preguntaba por qué no enseñaban la lengua materna y me decían: “El Estado no me paga por eso, me paga por comunicación y matemáticas”.
Aunque la ley dice que en primaria debería enseñarse, igual se prioriza la currícula y las maestras a veces no tienen interés. El interés debe ser de la comunidad para que no se pierda nuestra cultura.
En la escuela autónoma lo hacemos a voluntad propia, no tenemos pago. No tenemos límites de edad: enseñamos a todos los que quieren aprender.
Abecedario murui-bue, colgado en la Escuela Autónoma. Foto: cortesía Conservación Internacional para Mongabay Latam
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
—¿Qué enseñanzas sobre el respeto por la naturaleza transmite la Escuela Autónoma a las nuevas generaciones?
—Enseñamos que a las plantas hay que respetarlas; muchas son medicinales. Si las deforestamos y no las volvemos a sembrar, ¿cómo nos vamos a curar? Los niños y jóvenes a veces no lo saben, pero toda medicina —incluso la de las farmacias— sale de la selva.
También les transmitimos el respeto a la ayahuasca y la coca. Para el pueblo murui, la coca, el tabaco y la yuca dulce son tres componentes muy sagrados en las ceremonias de enseñanza de la espiritualidad. Pero eso se hace en la maloca [espacio ceremonial] y todavía es algo que tengo que hacer. Eso está en mi proyecto de visión para la escuela.
En la vida que vivimos todos se van a la universidad y ahí deciden si quieren ser profesor, enfermero o doctor. Así es también el mundo indígena: las personas van a la maloca, donde cada uno tenemos nuestras particularidades por aprender. Los pueblos originarios vivimos en nuestra universidad de la selva y las plantas.
La cahuana es una bebida ancestral y energética elaborada a base de almidón de yuca brava, piña y panela. Foto: cortesía Sebastián Castañeda para Mongabay Latam
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
También trabajamos en rescatar las semillas ancestrales que, como estamos cerca de la ciudad, ya no existían en Centro Arenal. Así formé la Asociación Cultural Ambiental IDO R+ÑO —“Mujer Semilla”—, que representa una rama más, una ampliación de la escuela.
Estamos recuperando suelos que han sido deforestados y degradados, pero siempre con la visión cultural. En mi pueblo no hay cedro, no hay caoba, no hay árboles. No tenemos para hacer la maloca porque no hay palos adecuados. Con todas esas semillas ya estamos reforestando.
También estamos trabajando con frutas: sembrando guaba, caimito y uvilla para que coman las aves y los animales. Siempre se habla de nosotros, pero no se habla del alimento que los animales también necesitan. Puedes tener muchos bosques, pero si no hay plantas con frutas que puedan comer, se vuelve un bosque estéril. Pero si tú tienes un área con frutas, plantas y semillas, los animales vienen libremente y viven ahí.
En este vivero se recuperan las plantas medicinales y saberes ancestrales murui-bue. Además, aquí cuentan con las plantas con las que están restaurando los bosques de la comunidad. Foto: cortesía Sebastián Castañeda para Mongabay Latam
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
—¿Qué logros de la Escuela Autónoma la hacen sentir más orgullosa?
—Tengo dos personas. Uno es Alex Zambrano: él maneja la espiritualidad y visibiliza el respeto a las iconografías. Y María de Jesús Gatica, una lideresa joven que ha asumido con responsabilidad y respeto a nuestra cultura.
También tengo un caso que me marcó dentro de mi familia. Tengo ocho hijos y a uno, de adolescente, no le gustaba la cultura. Cuando nos reuníamos, pasaba y se notaba su desinterés. Pero con el tiempo, al compartir la palabra —como dicen los ancestros— empezó a aprender, sin estar en clase, solo escuchando. Ahora está involucrado en la recuperación: habla y canta el bue. Es un logro personal que me llena de alegría; se ve ese fruto. Como decían nuestros sabios murui, al compartir la palabra, sin darte cuenta, algunos darán más frutos en el futuro. Ahora está muy involucrado, sin exigencia, como trabajamos en la escuela.
Zoila Ochoa y su hija menor, María, quien desde pequeña ha acompañado a su madre en todas sus travesías y aprendizajes. Foto: cortesía Conservación Internacional/Leslie Searles para Mongabay Latam
En la Escuela Autónoma no hay notas ni diplomas: el aprendizaje es el diploma. Cada uno hace su propio diploma para avanzar en su camino de vida. María de Jesús lo ha hecho avanzando, Alex Zambrano como médico reconoce lo aprendido, y mi hijo también se da su propio diploma al practicar y aprender. Esa es la meta de la Escuela Autónoma.
Trabajando en la escuela, una siempre se encuentra con amigos y amigas. Una de ellas fue la ingeniera Elva Marina Gaslac. Yo le conté mis planes de trabajo y mis ideas. Ella me dijo que yo ya tenía una base y que la organización Conservación Internacional tenía distintas convocatorias. Al principio dudé porque yo no tengo esa educación para hacer proyectos, pero se ofreció a ayudarme. En 2023 fui seleccionada como becaria. Ese fue otro logro para mejorar la escuela: hicimos una guía pedagógica, compramos mobiliario, panel solar, laptop y otras cosas más. Logramos la primera promoción de 25 estudiantes.
Zoila Ochoa siendo maquillada con la pintura facial murui-bue. Foto: cortesía Sebastián Castañeda para Mongabay Latam
—Muchos pueblos indígenas enfrentan la pérdida de lengua y territorio al mismo tiempo. ¿Cómo se relacionan, en su experiencia, la defensa de la lengua murui-bue y la defensa del territorio amazónico?
—Nosotros tenemos un lema en la escuela: “Ser, saber y hacer”. Como líder, debes investigar quién eres, de dónde vienes, hacer tu historia y visibilizarla. Tenemos que visibilizar lo nuestro: hablar la lengua y practicar la cultura, si no el Estado o las empresas te desaparecen. Siempre transmito ser, saber y hacer, sin vergüenza, luciendo nuestras ropas típicas e iconografías que son muy bonitas.
Muchos creen que los pueblos originarios no tienen historia porque la transmitimos oralmente. Antes no había problema, pero hoy una cultura desaparece si no se registra.
Gracias a la escuela, el Ministerio de Cultura nos reconoce como comunidad nativa y reconoce nuestras variantes del murui [otra lengua]: en Perú y la Amazonía solo se reconocía al murui muinani, pero el murui es una nación con varias variantes, como nosotros, que somos murui-bue.
Yo investigué mi origen bue y he enfrentado discriminación. Algunos profesores decían que no existía el bue y que yo estaba engañando. Sentí desprecio y bajó mi autoestima, pero seguí trabajando y lo logré visibilizar.
Ochoa y su hija María preparan la cena para toda la familia. Foto: cortesía Conservación Internacional / Leslie Searles para Mongabay Latam
—¿Cómo le gustaría que fuera el futuro de las nuevas generaciones murui-bue?
—Que los jóvenes salgan a estudiar y sean profesionales. Que vuelvan a su pueblo. Yo sé que a veces se estudia y se sale de la comunidad por no tener economía, pero sí hay formas de buscar alianzas y hacer empresas comunitarias. Yo tengo esa visión y eso es lo que comparto con los jóvenes.
Los pueblos originarios tenemos que surgir. No queremos seguir siendo los pobrecitos. Queremos que, a lo largo de la historia, ahora digan: “Los pueblos originarios han trabajado de esta forma”. Demostrando que hemos mejorado nuestras familias con trabajo, cultura y economía.
El artículo original fue publicado por Astrid Arellano Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.
Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica, puedes revisar nuestra colección de artículos. Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam, puedes suscribirte al boletín aquí, unirte a nuestro canal de WhatsApp o seguirnos en Facebook, X, Instagram, Tiktok y Youtube.
Últimas noticias
Lo último en Ecología
Más sobre Mujeres




