En el Perú, millones de personas pierden horas cada día en el tráfico. Es tiempo, productividad perdida y calidad de vida que se deteriora. Aun así, en cada proceso electoral, la movilidad urbana se trata como un tema secundario. Es un error.
En el Perú, millones de personas pierden horas cada día en el tráfico. Es tiempo, productividad perdida y calidad de vida que se deteriora. Aun así, en cada proceso electoral, la movilidad urbana se trata como un tema secundario. Es un error.
La movilidad define qué oportunidades tenemos, qué aire respiramos y cuán competitivas pueden ser nuestras ciudades. Sin un sistema eficiente, no hay desarrollo sostenible posible.
En un encuentro sobre movilidad en la PUCP, en el que coincidimos actores del sector público y privado, hubo una conclusión transversal: el Perú ha crecido sin planificación. Durante décadas, priorizamos el vehículo particular, construimos infraestructura fragmentada y tomamos decisiones de corto plazo. El resultado lo vivimos todos los días.
El próximo gobierno tiene la oportunidad y la responsabilidad de corregir ese rumbo. Hay, al menos, cinco prioridades que no pueden quedar fuera del debate.
Primero, planificación de largo plazo. Los sistemas modernos requieren coherencia entre infraestructura, regulación e institucionalidad. No bastan proyectos aislados.
Segundo, priorizar el transporte público. Ninguna ciudad sostenible ha resuelto su movilidad incentivando el uso del vehículo privado. Apostar por sistemas integrados mejora la equidad y reduce la congestión.
Tercero, enfrentar la informalidad con decisión. No se trata de más normas, sino de hacerlas cumplir, junto con una oferta formal suficiente y de calidad.
Cuarto, mayor foco en la seguridad y la calidad del servicio. Porque la política de movilidad debe medirse por la experiencia diaria de la ciudadanía y poblaciones vulnerables.
Finalmente, cerrar brechas exige fortalecer la colaboración público–privada, con reglas claras y objetivos compartidos. En Lima Expresa, vemos el valor de una infraestructura bien gestionada a diario. Operamos una movilidad urbana crítica en una de las ciudades más complejas de Latinoamérica. Y sabemos que se puede hacer mucho más.
El Perú no puede seguir avanzando sin dirección. La movilidad es una decisión estructural que definirá cómo viviremos en la próxima década.













