viernes, enero 16

En una gala que prometía brillo, coronas y espectáculo global, Miss Universo 2025 terminó sumergido en una tormenta mediática sin precedentes. Lo que debía ser la celebración máxima de la belleza y la representación cultural terminó convertido en un campo de quejas, denuncias y tensiones internas que hoy sacuden a la organización internacional.

El clima, ya agitado antes de la noche final, estalló tras la coronación de la representante de México, Fátima Bosch, opacada por incidentes en directo, reclamos de transparencia y reacciones airadas que cuestionan la legitimidad del resultado y el manejo institucional del evento.

Polémicas previas

El escándalo estalló antes de la gala cuando Fátima Bosch denunció públicamente que el director local del certamen la había insultado, llamándola “cabeza hueca” y exigiéndole silencio durante un acto oficial. La situación escaló rápidamente, respondiendo Bosh: “No me estás respetando como mujer”, retirándose junto con varias concursantes que se levantaron para apoyarla. En ese momento el director pidió personal de seguridad para contener el altercado. El presidente de la organización anunció posteriormente que el directivo quedaba retirado del evento y que se tomarían medidas internas.

A este incidente se sumaron las quejas de delegaciones que denunciaron desorden logístico, cambios repentinos de horarios, ensayos improvisados y una creciente tensión entre las candidatas. El ambiente se volvió más tenso cuando algunas delegaciones afirmaron que ciertas participantes estaban recibiendo un trato preferencial, mientras otras lidiaban con instrucciones confusas y condiciones desiguales.

Otro punto crítico surgió en la firma de contratos. En algunos países, como la República Democrática del Congo, la candidata fue retirada tras negarse a firmar documentos considerados excesivos por su propia organización nacional. Este tipo de desacuerdos abrió el debate sobre los límites entre disciplina organizativa y abuso de autoridad dentro del sistema de franquicias.

La situación se agravó aún más con la salida de cinco candidatas antes de la final. Aunque varias renuncias se justificaron por motivos personales o logísticos, el número inusual de abandonos reforzó la percepción de un certamen marcado por la inestabilidad y los desacuerdos internos.

Candidatas que se retiraron

Diana Fast (Alemania): renunció para priorizar su vida familiar y el cuidado de su hijo.

Sahar Biniaz (Persia): se retiró tras la detención de su directora nacional y denunció irregularidades en su organización local.

Zoulahatou Amadou (Níger): no pudo llegar al certamen por problemas logísticos con sus vuelos.

Xuhe Hou (China): se retiró alegando motivos personales.

Déborah Djema (República Democrática del Congo): fue retirada tras negarse a firmar el contrato exigido por su organización nacional.

Miss Universo en la mira

La crisis alcanzó un nuevo nivel cuando Omar Harfouch, uno de los jueces oficiales, renunció de forma pública y acusó a la organización de haber realizado una votación secreta para elegir a las 30 semifinalistas sin participación del jurado. Denunció además la existencia de un comité paralelo supuestamente integrado por personas con vínculos directos con determinadas candidatas, lo que, según él, constituía un conflicto de intereses.

Harfouch aseguró también que se le había pedido favorecer a una concursante específica durante una reunión previa al certamen y afirmó que, días antes de la gala final, ya se le había informado quién sería la ganadora. Calificó el proceso de “amañado” y la victoria de Bosch como “predecible y previamente acordada”. La organización negó todas las afirmaciones, calificándolas de infundadas, pero el daño reputacional ya estaba hecho.

A esto se sumaron los incidentes en pleno escenario. La candidata de Jamaica se precipitó más abajo del escenario donde había un espacio, y debido a esta situación tuvo que ser trasladada hasta un recinto hospitalario, lo que generó críticas hacia la producción del evento. El público en redes sociales reaccionó de inmediato, denunciando fallas en el diseño del escenario y cuestionando la seguridad de las participantes. Las imágenes se volvieron virales y alimentaron la idea de que la organización no estaba garantizando condiciones adecuadas.

Una coronación polémica

La victoria de Fátima Bosch despertó más que aplausos: después de su confrontación con el director tailandés Nawat Itsaragrisil, se reforzó la idea de que su triunfo no fue recibido con unanimidad. “Miss México es una falsa ganadora porque el dueño de Miss Universo (que es mexicano) tiene negocios con el padre de Fátima Bosch. El dueño y su hijo en Dubái me instaron a votar por Fátima Bosch por puro negocio”, declaró el exjurado Omar Harfouch en sus redes sociales, abriendo una grieta pública que la organización no logró contener.

Además, su coronación fue calificada como un “gesto de daño controlado”, interpretando que la organización habría aprovechado el episodio del insulto para limpiar su imagen y presentar a Bosch como un símbolo de empoderamiento. Sin embargo, esta narrativa chocó con las reacciones en redes sociales, donde parte del público cuestionó si realmente fue la candidata más sólida o si el certamen quedó atrapado en decisiones estratégicas más que meritocráticas.

En medio de estas controversias, Miss Universo enfrenta hoy un desafío mayor: reconstruir la confianza en un certamen que, por décadas, se sostuvo en la ilusión de transparencia y competencia justa. De cómo responda la organización en los próximos meses dependerá que este episodio se recuerde como una crisis pasajera o como el inicio del declive definitivo de uno de los concursos de belleza más influyentes del mundo.

Share.
Exit mobile version