“Sobre vivir” es el poema icónico de Mirko Lauer, poeta mayor de la generación del 60. Personaje secundario lo acaba de reeditar una vez más y eso amerita un acercamiento con este autor agudo, ascético, de periférica imaginación y por lo mismo imprevisible.
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― Esta es la quinta edición de “Sobre vivir”. Eso ya es algo raro para un poemario peruano. ¿Esperabas cuando salió publicado que tuviera tanta repercusión cuarenta años después?
No. De ningún poemario mío esperé nada. Pero, efectivamente, ha llamado la atención. Yo creo que, más que por una cosa intrínseca, es por el momento en que aparece. Es decir, se adelanta un poco a lo que vendría después, ¿no? Yo creo que lo dice muy bien en la contratapa, en su texto, Roberto Echevarren. Y, además, tenía un formato que no se estaba usando. De alguna manera, la poesía conversacional, la coloquial, que estaba en boga todavía, había dejado una idea de que había que trabajar poemas cortos. Y aquí apareció un poema, de pronto, muy extenso. Creo que eso son cosas aleatorias que han sido parte del interés. Y, después, yo creo que también ha pegado por su intensidad. La gente que quiere leer cosas que la muevan, que pueda rechazar o apreciar, pero que tengan que ver consigo mismas.
― Tú publicas con cierta fecundidad desde tu primera plaqueta, “En los cínicos brazos” (1966) hasta “Los asesinos de la última hora” (1976). Luego, hay siete años de estricto silencio poético hacia “Sobre vivir”. ¿Cuál fue el disparador emocional del libro, y cómo se concretó?
Es un libro romántico. Pero también un canto fúnebre sobre mí mismo. Un libro desesperanzado sobre el amor, en el que todo se está derrumbando, en que todo se está incendiando. Y entre ese todo estoy yo. Y eso me lanza a esa profunda autocompasión que de pronto me agarra. La sensación de abandono. Mi esposa de esa época se va, como todas los que se van, se va con otro, evidentemente, como tiene que ser. Y yo me quedo solo y siento que es un tema que debo tocar. Y la primera parte, si te fijas, es un poema de abandono, pero a diferencia de lo que tú ves en el resto, hay esperanza…
― Hay humor incluso.
Hay humor, hay esperanza, y hay esta idea absolutamente loca de que con la poesía puede uno hacer regresar al ser amado. Y esto es lo que hay en el primer poema, un deseo de recuperar y de rescatar. A medida que el libro avanza, el libro desarrolla una de las ideas más estúpidas que existen en las relaciones afectivas humanas, y es esta idea de de, si mi pareja se ha ido, si se da cuenta de lo mal que estoy, regresará. De lo mucho que sufro, regresaría de todas maneras. Por supuesto, eso nunca se cumple.
― Pero la insatisfacción no es solo personal, sino también es formal…
Sí, es cierto. El libro marca una deriva porque me está comenzando a interesar otro tipo de autor, otro tipo de influencia. Ya no los beatniks, ya no Robert Lowell, ya no los poetas académicos. Me comienza a interesar mucho John Berryman.
― Verdad. Es clara aquí la influencia de las “Dream Songs”.
Me comienza a interesar, porque Berryman además está hecho a la medida para esos abandonos. Es una poesía sobre la muerte, el suicidio del padre, el abandono de sus parejas, la desolación, el suicidio. Todo eso. Y entonces hay dos poetas que tienen una enorme influencia en ese momento. Uno es Berryman y el otro es Gary Snyder.
― El discurso entrecortado de Berryman, por ejemplo, te colabora mucho: es un discurso de conmovedor nerviosismo.
Por supuesto que colabora mucho. Y Mario Montalbetti y yo éramos muy berrymanianos. Tanto así, que hemos llegado a escribir un poemario completo de textos que son dream songs. O más bien fake “dream songs”. No son menos de 40, están ahí, pero no hemos pensado en publicarlas.
― Después de “Sobre vivir” hay un silencio de casi quince años, ¿Fue un enmudecimiento involuntario o una decisión personal?
No, yo creo que “Sobre vivir” me… ¿Cómo se llama eso? Me curó.
― O sea, la poesía para ti puede funcionar como psicoanálisis.
Por supuesto, me curó, me alivió, me hizo superar toda una etapa de autocompasión, de dolor. Totalmente. Y entonces, yo dejé de tener la necesidad de escribir. Ahora, en cambio, la tengo, pero tal vez signado por un “late style” que se puede rastrear en mis últimos libros.
― ¿Y no crees que ese “late style” es tal vez eso que te impulsa a escribir con más seguridad y con más frecuencia?
Puede ser. Pero además, ¿sabes con qué tiene que ver? Con el otro personaje de esta historia. Ha aparecido un público. En los sesenta eso no existía tan definido como hoy. La cantidad de poemarios distintos y poetas distintos que aparecen en escena son muchísimos. Parece el coro de una tragedia griega. Pero no todo está a nivel, digamos.No importa: el público irá escogiendo. En eso hay una democracia.
“Sobre vivir”
Autor: Mirko Lauer
Editorial: Personaje Secundario
Año: 2025 ( 1986 )
Páginas: 64














