La muerte de Alex Pretti, enfermero de una unidad de cuidados intensivos de 37 años, ocurrió tres semanas después de que Renee Good fuera abatida por un agente federal en circunstancias aún controvertidas. Aunque el caso Pretti quedó formalmente en manos de la Policía de Minneapolis, el gobernador de Minnesota, Tim Walz, anunció el sábado que el estado liderará la investigación al expresar su falta de confianza en las autoridades federales. La tensión aumentó cuando el superintendente de la Oficina de Aprehensión Criminal de Minnesota, Drew Evans, denunció que agentes federales impidieron a su equipo acceder a la escena del crimen pese a contar con una orden judicial.
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El conflicto se trasladó rápidamente a Washington. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, anunció que su bancada bloqueará la asignación de fondos adicionales para el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) —responsable de la política migratoria y de supervisar a ICE— en respuesta a las muertes ocurridas durante las redadas en Minneapolis. La decisión reavivó el riesgo de un nuevo cierre del gobierno federal a partir del 31 de enero, cuando vence la actual financiación provisional.
Aunque la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, ya aprobó un paquete de financiamiento hasta setiembre, la iniciativa aún requiere el aval del Senado, donde el partido del presidente Donald Trump no cuenta con los votos necesarios sin apoyo demócrata. Schumer advirtió que no permitirá avanzar con el proyecto mientras se mantenga intacta la financiación del DHS, al calificar como “espantosa e inaceptable” la actuación de los agentes en Minnesota.
Otros senadores demócratas, como Elizabeth Warren y Catherine Cortez Masto, también anunciaron su voto en contra, elevando la posibilidad de que Estados Unidos enfrente otro shutdown, apenas meses después del más prolongado de su historia.
«ICE en el centro de la tormenta»
La actuación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha pasado de ser una herramienta de control migratorio a convertirse, según los analistas, en un actor político central con métodos cuestionables.
Ramiro Escobar, internacionalista y profesor de la PUCP, destaca la ruptura que este comportamiento representa frente al pasado: “El jefe de la ICE es un señor llamado Bovino… un tipo que antes del gobierno Trump era opaco y de pronto le dan poder. Él es el que está impulsando esta cuasi cacería de inmigrantes que se diferencia de la represión de gobiernos anteriores, incluso de Obama y Biden, porque es especialmente cruel. No solo están golpeando a la gente en los hogares, la están yendo a buscar en los colegios, en las iglesias, sino que la están matando. Esto está saliéndose de control”, le dice a El Comercio.
Para Francesco Tucci, analista internacional y profesor de la UPC y de la PUCP, el problema radica en la naturaleza misma de la agencia y su falta de filtros profesionales en los últimos años.
“Más que un hecho aislado, es parte de una tendencia… se cuestiona la competencia de estos agentes de ICE. Ya en otras ocasiones hemos tenido un uso desmedido de la fuerza y asesinatos, porque simplemente estos agentes han desenfundado las armas de fuego y disparado a civiles. Se está cuestionando la reducción de los requisitos para ingresar a ICE y el reclutamiento; algunos la consideran como la agencia de los policías de Trump”, sostiene.

Desde una perspectiva sociopolítica, el internacionalista Juan Velit sostiene que existe una intención deliberada detrás de esta violencia, vinculada directamente con el calendario electoral [elecciones legislativas o middle-part] y la demografía del país.
“Yo no creo que sea una situación aislada, creo que es un episodio sistémico producto de la arbitrariedad y la brutalidad con que ICE está reprimiendo no solamente a los migrantes, sino también a latinos que pueden tener nacionalidad norteamericana. El principal componente responde a la suerte de racismo que se ha instalado en el gobierno del presidente Trump… apunta a ahuyentar sustantivamente a la población de votación para las próximas elecciones de noviembre”, señala el excongresista.
Escobar refuerza esta idea de una “aplanadora” política que ignora cualquier protocolo de derechos humanos: “Incluso han arrestado a un chico de origen ecuatoriano llamado Leon de 5 años. En ningún momento ha habido la vocación de decir ‘vamos a investigar’ o ‘de pronto nos hemos excedido’; nada, todo lo contrario. Esto está avanzando como una aplanadora y son parte de esto no solo Trump, sino también J.D. Vance y la línea dura del Partido Republicano”.
Finalmente, Tucci advierte que esta falta de supervisión podría ser el mayor error político de la actual administración. “Defender a ICE así, no supervisar, no favorecer investigaciones o una reforma interna con una selección más rigurosa del personal, le puede jugar en contra [a Trump]. La conducta de los agentes debería ser más fiscalizada; hay una sombra aterradora sobre esta agencia por los episodios grises donde hubo un uso excesivo o innecesario de la fuerza”, puntualiza.
«Choque entre poderes»
El despliegue de la Guardia Nacional por orden estatal frente a las fuerzas federales ha reabierto un debate histórico. Juan Velit advierte sobre la gravedad de este careo de fuerzas armadas en las calles de la ciudad más grande de Minnesota.
“La Guardia Nacional que responde a los estados podría estar enfrentando al grupo de ICE, lo mismo que la policía. Se ha añadido a estos defensores el grupo de los Black Power [Panteras Negras], que ya están operando especialmente en Minneapolis. Al no ponerle coto a esta escalada de arbitrariedad de ICE, el conflicto podría dejar una marca muy profunda en el tejido social, político y económico de los Estados Unidos”, indica.
La posibilidad de un desborde violento es una preocupación que Ramiro Escobar no descarta, señalando la proliferación de armas en la sociedad civil. “Hay razones para pensar que incluso nos aproximamos a un riesgo de guerra civil. Todavía parece lejos, pero hay más de un pronóstico en ese sentido y pareciera que Minnesota es el laboratorio o el epicentro de algo que podría crecer. Si la gente armada se empieza a organizar y a formar grupos, eso puede complicar todavía más el panorama porque en Estados Unidos hay gente armada por todos lados”, manifiesta.

Sin embargo, Francesco Tucci aporta un matiz de cautela frente a estas proyecciones. “Escenarios de guerra civil o secesión de estados por ahora no son escenarios realistas de ninguna manera. Pero sí lo es la rendición de cuentas de ICE y un control más estricto de la agencia que ya se está viviendo en varios estados. Hay un enfrentamiento institucional, un choque entre poderes: autoridad estatal versus autoridad federal. El gobernador tiene la posibilidad de movilizar a la Guardia Nacional y eso va tensando la situación”, afirma.
Velit enfatiza que la situación actual no tiene precedentes en la historia moderna del país, ni siquiera en los periodos más conservadores. “Yo soy un hombre muy mayor y he estudiado en Estados Unidos. Nunca se había visto esto, ni en los gobiernos más duros. Nadie había hecho las cosas que ha hecho Donald Trump. Estamos ante una situación muy reservada y muy grave; si no se detiene, se encamina a un conflicto interno de grandes proporciones”, revela.
Escobar concluye que el desenlace dependerá de la resistencia interna en los estados y de la llegada de las elecciones. “Las crisis políticas se pueden resolver en el Parlamento, pero cuando las calles se desbordan, es mucho más difícil controlarlas. Hasta las elecciones de noviembre, la posibilidad de neutralizar esta deriva va a depender de la actitud de algunos miembros del Partido Republicano y de los gobernadores de los estados que están resistiendo”, asevera.
Por último, Tucci recalca que el Congreso tiene una herramienta clave, aunque arriesgada. “Los demócratas quieren bloquear el presupuesto para ICE y eso puede conllevar a un nuevo cierre del gobierno federal. Trump debe tener mucho cuidado; si no hay espíritu crítico hacia ICE, esto le podría restar impulso para obtener otra vez la mayoría en el Congreso y transformarse en lo que en ciencia política se define como un ‘presidente pato cojo’ (lame duck)”, concluye.














