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Un café fue el punto de partida. Vanessa Vizcarra había leído “Migrantes”, el libro álbum de Issa Watanabe, y quería hablar con su autora. La invitó a conversar y de aquel encuentro empezó a tomar forma una pregunta: ¿cómo llevar al escenario una historia contada únicamente con imágenes? La respuesta fue tomando cuerpo entre actores, música, máscaras y títeres, hasta convertirse en la adaptación teatral que se estrenará el 20 de setiembre en el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico.
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El mayor desafío estaba justamente en aquello que hace particular a “Migrantes”: su silencio. El libro álbum de Watanabe cuenta el viaje exclusivamente mediante ilustraciones, por lo que el lector puede detenerse en cada página y descubrir detalles que no necesitan explicación. En el teatro, en cambio, una imagen tiene que respirar en tiempo real. Un gesto puede durar unos segundos; una pausa puede convertirse en parte de la acción. “Lo más complicado fueron aquellos silencios necesarios en el libro, fue importante comprenderlos y saber cómo integrarlos a una narrativa que se entienda a sí misma”, cuenta Vizcarra.
Por eso, la adaptación no intenta resolver con diálogos lo que el libro decidió contar con imágenes. Los cuerpos de los actores, las máscaras, los títeres y la música ocupan ese espacio. El movimiento reemplaza muchas veces a la palabra y permite que el público siga el viaje a través de acciones, encuentros y gestos. La apuesta es conservar la naturaleza visual del álbum sin convertir el escenario en una simple reproducción de sus páginas.

Una de las ilustraciones de “Migrantes”, el libro álbum de Issa Watanabe que narra, sin palabras, el viaje de un grupo de animales que abandona un bosque en busca de un nuevo destino.
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Para Watanabe, además, la migración nunca fue el único asunto del libro. El desplazamiento permite hablar de aquello que ocurre entre las personas cuando deben enfrentar una situación que no eligieron. “La empatía, el trabajo en equipo, el sentimiento de pertenencia, todos son parte de lo que trata, las migraciones pasan a ser más una suerte de excusa para hablar de aquellas cosas”, sostiene. La obra teatral recoge esa mirada y desplaza el centro de la historia: no se trata únicamente de quiénes se van, sino de qué sucede con quienes comparten el camino.
Ese punto también explica por qué la puesta en escena no busca suavizar la historia para el público infantil. El libro original contiene imágenes de pérdida, hambre, tragedia y desplazamiento, pero nunca deja de lado la posibilidad de encontrar compañía. Para Vizcarra, el desafío está en confiar en la capacidad de los niños para enfrentarse a esas emociones. “Los adultos no subestimamos a los niños, en ese sentido, sino que tenemos miedo de su sensibilidad y de la vulnerabilidad que nosotros no tenemos. Vivimos con corazas protectoras y sumamos cada vez más para evitar tener esa mirada”, afirma.
Watanabe siguió de cerca el proceso y, al comienzo, también tuvo sus reparos. “Tuve miedo de que se alterara la visión de la obra, pero al ver que podemos mostrar cosas tan humanas, es reconfortante”, afirma. Ahora aquel viaje que comenzó en las páginas de un libro continúa sobre el escenario, con otros cuerpos y otros lenguajes, pero con la misma pregunta de fondo: ¿Qué hacemos cuando nos toca empezar de nuevo?
DATO
«Migrantes»de Issa Watanabe
Desde el 20 de septiembre.
Sábados y domingos a las 4:00 p.m.
Precios:
Preventa adultos: S/40.00
Estudiantes y niños: S/20.00
La preventa aplica solo para las siete primeras funciones. Stock limitado.
Entradas a la venta en Joinnus

