Para muchos peruanos ver a Michael Jackson en Lima era como un recompensa a tanto sufrimiento, dolor y muerte que habíamos vivido en esos primeros años de la década de 1990, debido al terrorismo homicida, a la inflación y a los paquetazos el gobierno autogolpista de Alberto Fujimori. El milagro lo iban a hacer realidad las empresas Pepsico Internacional y Prodin Perú.
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Un Michael Jackson de 35 años, en su esplendor físico y creativo, aunque con graves problemas con las drogas y acusaciones de pedofilia, era el que todos soñaban ver. No importaba nada más. Él era o iba a ser el escape que todos necesitaban, el sumergirse en el agua o el volar a las estrellas.

Los empresarios aprovecharon que el “Rey del pop” estaría en una gira por Brasil, Argentina y Chile, donde ofrecería su espectáculo “Dangerous World Tour”, para que hiciera una parada en Lima, que hasta ese momento solo sabía de atentados, paros y choques con trabajadores con Policía.
Los diarios, las revistas, la radio y la televisión locales daban los detalles de cómo sería el esperado concierto. La “fiebre Jackson” inundó los medios, la voz de un niño Michael nos llevaba a los “Jackson 5″, y los imitadores en las calles aumentaron exponencialmente.
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Dijeron que los boletos para el concierto iban a ser impresos en Suiza, eso daba garantía al comprador, que siempre temía ser estafado. Michael Jackson, en tanto, andaba ya enloqueciendo Buenos Aires con su música y bailes.
MICHAEL JACKSON: PREPARATIVOS DE SU “LLEGADA”
El mes de octubre de 1993 pasará a la historia como el mes en que Lima olvidó (un poco al menos) al Señor de los Milagros, y solo pensaba en la figura del pop agigantada en el coloso de José Díaz ese 26 de octubre.
Se habilitaron ocho localidades en el Nacional, cuyos precios iban desde S/.45 a S/.320. El Instituto Peruano del Deporte (IPD) cobraría 100 mil dólares por alquilar el estadio. Se calculaba que solo con el concierto se recaudaría $$ 3´800,000, aproximadamente.
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Panamericana Televisión se encargaría de grabar su llegada, el concierto y las entrevistas con sus fanáticos. Además, transmitiría en diferido su presentación estelar. Nada hacía presagiar una cancelación. Incluso, dos semanas antes, en la primera semana de octubre, El Comercio titulaba: “¡A esperar y no desesperar!”.
El Perú esperaba ver llegar a Michael Jackson aterrizar en su avión privado, el domingo 24 de octubre de 1993, y vendría de Chile. Incluso se sabía la hora: las 4 de la tarde. Su producción ya había reservado 220 habitaciones en el Hotel Sheraton. El escenario y los 10 camerinos estaban casi listos. Solo faltaba colocar una alfombra roja en la campo del Nacional.
En Sao Paulo, Brasil, Michael Jackson había sufrido un desgarro muscular. De allí debió dar otros conciertos en Santiago de Chile, pero el 21 de octubre se conoció que de los tres que debió dar solo hizo uno.
La cosa pintaba bien, sin embargo, aquí en Lima la empresa productora aseguraba que el cantante norteamericano se presentaría de todas maneras el martes 26 de octubre en el Estadio Nacional.
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Pero, el 24 de octubre, fecha en que debía aterrizar en Lima, su avión solo la sobrevoló, y fue con dirección a México, a donde debería haber llegado el 27, luego de su show entre nosotros (en México solo dio un concierto de cuatro pactados). Hablando en criollo: nos puentearon.
Entonces, ese mismo lunes 24 de octubre de 1993, no hubo más salida para los organizadores que anunciar la suspensión del soñado concierto del cantante de “Thriller“. Pese a todo, ese día numerosos admiradores esperaron vanamente a su ídolo del pop en el Grupo Aéreo N° 8 desde muy temprano.
Y, por supuesto, los rumores cundieron por todos lados: se decía que el músico habían llegado al Cusco, que todavía podía venir a Lima, porque la avenida Faucett aún tenía a toda la seguridad policial alerta. Pero, nada era verdad. A las 4.30 de la tarde, Prodin Perú confirmó que el avión del famoso cantante iba rumbo a México.
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Pese a tanta expectativa, y quizás debido a la crisis económica del país, solo se habían vendido el 60% de las entradas, pero se esperaba una avalancha de compradores en las últimas horas ante del frustrado concierto. Si ese fue otro motivo para no bajar en Lima, hoy es imposible confirmarlo.
La cancelación definitiva del “Concierto del Año” (aunque los de Prodin Perú aun guardaban esperanzas de hacerlo en una fecha posterior) originó, días después, unas largas colas de los frustrados fanáticos de Michael Jackson en las tiendas Hogar. Al menos, ellos recuperaron sus sufridos soles.




