Era un caluroso día de verano y en la estación de Paddington, en Londres, había mucha gente que iba camino a la playa. En medio de los taxis que entraban y salían del andén, los esposos Brown esperaban a su hija que volvía de la escuela para pasar las vacaciones. Fue entonces cuando lo vieron, pequeño e inmóvil, sentado sobre una maleta. Llevaba un gracioso sombrero de ala ancha y cuando se acercaron a él, descubrieron, con sorpresa, su vocecita clara y sus buenos modales. “¿De dónde viene usted?”, le preguntó la señora Brown y él respondió, con cierto orgullo: “De los oscuros bosques de Perú, en realidad nadie sabe que estoy aquí. Soy un polizón”. Luego, se dieron cuenta de un cartel que decía: “Por favor, cuiden de este oso. Muchas gracias”.
Era un caluroso día de verano y en la estación de Paddington, en Londres, había mucha gente que iba camino a la playa. En medio de los taxis que entraban y salían del andén, los esposos Brown esperaban a su hija que volvía de la escuela para pasar las vacaciones. Fue entonces cuando lo vieron, pequeño e inmóvil, sentado sobre una maleta. Llevaba un gracioso sombrero de ala ancha y cuando se acercaron a él, descubrieron, con sorpresa, su vocecita clara y sus buenos modales. “¿De dónde viene usted?”, le preguntó la señora Brown y él respondió, con cierto orgullo: “De los oscuros bosques de Perú, en realidad nadie sabe que estoy aquí. Soy un polizón”. Luego, se dieron cuenta de un cartel que decía: “Por favor, cuiden de este oso. Muchas gracias”.
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Este es el abreviado inicio de “Un oso llamado Paddington”, el primer libro de una de las sagas más famosas de la literatura infantil inglesa. Su autor, Michael Bond, empezó a escribirla en la primavera de 1957, inspirado en un oso de juguete que había visto ‘abandonado’ en una tienda londinense, y que entonces compró para regalárselo a su esposa por Navidad. “No tenía intención de escribir más que las primeras palabras, pero ellas capturaron mi atención y seguí adelante, tratando de imaginar qué podría pasar después”, contó en sus memorias.
Nacido el 13 de enero de 1926, en una cabaña a orillas del canal Kennet y Avon, Bond pasó su infancia en Reading, un condado de Berkshire, donde su padre era empleado de correos. Su vida, como la de muchos de su generación, quedó marcada por la Segunda Guerra Mundial. A los 15 años se salvó de morir cuando una bomba destruyó la emisora de la BBC en Reading, donde ya trabajaba como practicante debido a su afición por los aparatos de radio, y a 17 años se enroló como voluntario en la RAF, la Real Fuerza Aérea británica. Luego, sirvió en el ejército hasta 1947.
Michael Bond falleció en 2017.
/ Nick Ansell
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En esos duros años juveniles, una escena lo marcó para siempre: esos niños huérfanos a causa de la guerra que llegaban solos a la estación de Reading, en busca de un hogar. “Todos llevaban una etiqueta en el cuello con su nombre y dirección, y una pequeña caja o paquete que contenía sus posesiones más preciadas. Así que Paddington, en cierto sentido, era un refugiado, y creo que no hay imagen más triste que la de los refugiados”, contó Bond en una entrevista con “The Guardian”, en el 2014, cuando se estrenó la primera película sobre su célebre personaje.
Para Cindy Torrejón, editora de Planeta, que hasta hace un tiempo publicó algunos de los libros de Bond, el éxito de Paddington podría explicarse por varios motivos: “Es un inmigrante –dice– que llega a un lugar nuevo y no entiende del todo las normas sociales, es curioso y comete errores, y de esta manera nos enseña a convivir con quien es distinto. Al mismo tiempo, logra convertir situaciones cotidianas en hechos memorables. Eso engancha muchísimo”.
Y para nosotros está el plus de su peruanidad. “A mí siempre me quedó la duda –comenta la especialista– de si Michael eligió el Perú solo porque lo veía como un lugar exótico o había algo más”. Se sabe que, en el primer borrador de su historia, Bond escribió que su pequeño personaje provenía de África, pero su agente le hizo notar que en ese continente no existían osos, entonces trasladó su origen a los oscuros bosques del Perú.
“Elegí Perú porque era el lugar más remoto que se me ocurría”, le contó Bond al bloguero Roger Ryan. Incluso a inicios de la década del 2000, estuvo a punto de venir a nuestro país para grabar un documental, pero le cayeron tan mal las vacunas antes del viaje que decidió quedarse en casa. Quien sí pudo regresar fue su querido personaje, a través de la película “Paddington en Perú”, en el 2024, aunque para entonces Bond ya había fallecido.
Además…
El oso Paddington no solo es un clásico infantil, sino una marca global multimillonaria con un alcance masivo en cine y literatura.
Según el “Daily Mail”, desde su lanzamiento en 1958 hasta la fecha, los libros del oso Paddington llevan vendidos más de 35 millones de copias en todo el mundo.



