lunes, abril 20

La culpa la tiene Barbie, la muñeca. Sus películas animadas, como aquellas inspiradas en “El Lago de los Cines” y “El Cascanueces” sembraron algo en Micaela Simons cuando solo tenía cuatro años de edad. Hoy, con 23, ya es bailarina profesional de ballet. Es además la primera peruana en integrar el Grand Kyiv Ballet de Ucrania, que ahora se encuentra de gira. El conflicto bélico en Europa evita que se presenten en su país de origen.

“Normalmente las compañías ensayan durante meses”, declaró Simons a El Comercio vía Zoom, horas antes de presentar “El Lago de los Cisnes” en Florida. La compañía ha estado de gira por Estados Unidos con esta obra y la peruana, cuando tuvo que prepararse para su primera función en octubre último, solo tuvo tres días. Una muestra de la exigencia que se tiene con las bailarinas en este nivel de profesionalidad.

“El ballet es una profesión sumamente demandante, requiere de una gran vocación. Es de corte, yo diría que hasta militar. Uno realmente tiene que tener un llamado porque es muy difícil técnicamente y tiene que haber mucho compromiso de trabajo. Micaela es una chica que siempre estuvo muy comprometida con ser bailarina y tiene lo que yo llamaría ángel, una manera de expresarse que es muy sincera, muy artística”, contó a este Diario Mamie Raguz, quien fue su profesora en el Estudio de Ballet Lucy Telge. En marco de sus estudios en Lima llegó a bailar con en el Ballet Municipal de Lima a los 13 años de edad.

“Es una profesora muy estricta”, dijo Simons a El Comercio al escuchar las palabras de Raguz. “Pero eso es lo que se necesita en el mundo del ballet, la verdad. Y yo estoy muy agradecida con Mamie, porque no solamente me ayudó mucho a mejorar mi técnica, pero también me apoyó mucho en el tema de las audiciones para la Joffrey Ballet School de Nueva York”.

La peruana se mudó a Nueva York al cumplir 18 años. Allí solo se dedicó a perfeccionar sus habilidades de baile; la ayuda de sus padres fue fundamental en esto, por lo cual ella se sabe afortunada. Entrar en este ambiente representó un choque para ella, porque se dio cuenta que el mundo del ballet era más grande de lo que imaginó. “Hay muchísima gente talentosa de diferentes países que conocí. No solamente las alumnas, sino las profesoras rusas que habían estudiado en escuelas como el Vaganova, que es la mejor escuela de ballet en el mundo y era un nivel de exigencia diferente”.

Ahora que su carrera profesional ya está encaminada, Simons se proyecta al futuro, lo cual es significativo en esta disciplina, donde el desgaste físico, al exigirle al cuerpo humano cosas para las que no está hecho, fuerza al retiro en la juventud. “A mí me gustaría bailar la mayor cantidad de tiempo que pueda. Si puedo llegar a los 40 y tantos como mi bailarina favorita, Marianela Núñez (Argentina), que ya tiene 43 y todavía está en el tope, me encantaría”.

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