En pleno debate en torno a la inteligencia artificial, alimentada ahora por visiones críticas como la encíclica del papa León XIV o el apoyo de un cineasta como Martin Scorsese a un proyecto de sistematización de storyboards, vale la pena volver a ver lo que hace 100 años ya nos advertía Fritz Lang, el mayor representante del expresionismo alemán. Su filme “Metrópolis” imaginó un futuro con fecha, un 2026 marcado por la desigualdad y la rebelión frente a máquinas incapaces de detenerse.
MIRA: El primer accidente sobre dos ruedas en Lima y otros caóticos relatos del primer ‘boom’ ciclista en el Perú
“¡Que las máquinas pasen hambre, idiotas! ¡Déjenlas morir!”, dice uno de los personajes de la cinta, donde el jefe de la ciudad, Joh Fredersen, al ver que su hijo Freder está enamorado de la activista María, le pide al inventor Rotwang separarlos. El hombre de ciencias, que en el pasado perdió al amor de su vida contra el amo capitalista, secuestra a la muchacha y clona su imagen para hacer que un robot, la “Máquina humana”, desate una rebelión para destruir Metrópolis. Thea von Harbou, entonces esposa de Lang, adaptó su propia novela para convertirla en el guion de la cinta. Curiosamente, la autora de “Ciudad Madre”, que detalló en su ficción la rebelión de los oprimidos, terminó uniéndose al partido nazi como colaboradora filmando cine de propaganda.
Estrenada en 1927, la película llegó al Perú dos años después. “Pasará mucho tiempo antes de que Lima salga del estupor que ha de producirle la más asombrosa creación de la cinematografía. ‘Metrópolis’ es lo que sería el triunfo del cerebro sin el corazón”, decía un anuncio a media página en “El Comercio” de la época. Por su puesta en escena y efectos visuales fue una película colosal. Su promoción hablaba de 37.000 extras, pero en una Alemania marcada por la crisis económica y la inflación, tal despliegue resulta absurdo. Más tarde, Lang daría cifras más sinceras al sostener que su rodaje no contó con más de 300 actores contratados. Sin embargo, aquellas exageraciones no evitarían su fracaso en la taquilla.
“Lo primero que impresiona es su concepción de modernidad, siendo una película que se hizo a inicios del siglo XX”, señala la crítica Leny Fernández, destacando además la ambición de Lang: “El cine comercial actual nos tiene acostumbrados a las grandes multitudes, los sets y decorados hechos por computadora. Pero en esa época hacer cine era una proeza épica”.
“Metrópolis” es también una película mutilada. Por décadas se lamentaron sus escenas suprimidas, incluyendo una muy violenta que involucraba a niños rescatados del agua. Se entiende que la lectura ideológica de la rebelión de las masas que habitaban el subsuelo inquietó al público más conservador. Recién en el 2008, una copia íntegra apareció en archivos de Argentina, que recuperó para la memoria 25 minutos de metraje dado por perdido. Aunque dañada por el tiempo, la copia porteña ayudó a esclarecer la trama. Llaman la atención detalles que Lang incluyó en la cinta, incluyendo la relación cercana (casi homoerótica) de Freder (Gustav Fröhlich) y Josaphat (Theodor Loos), despedido por el líder de la ciudad; o el baile de la mujer-máquina, de carácter opuesto al de la verdadera María, interpretada por Brigitte Helm.
Además…
A saber
“Metrópolis” es una película libre de derechos. Está disponible gratis en YouTube.



