Tony Succar ha dicho que merece un monumento. Celia Cruz, cuando necesitaba levantar el ánimo, le pedía que le contara chistes. Compartió escenarios con Willie Colón, Tito Puente, Óscar D’León y Cheo Feliciano, se presentó ante multitudes y llegó hasta la Casa Blanca para ser reconocido por una trayectoria construida entre la música y el humor. A punto de cumplir 90 años, Pablo Villanueva mira hacia atrás y todavía le cuesta creer que toda esa historia le pertenezca.
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Éxito internacional
Su música lo llevó a escenarios que aquel niño de seis años difícilmente habría imaginado. Cantó ante unas 60 mil personas en el Estadio Olímpico Pascual Guerrero de Cali y recuerda una convocatoria similar en Ámsterdam. También apareció ante millones de espectadores en el programa de David Letterman, donde incluso le ofrecieron quedarse a trabajar.
“Me ofrecieron 6 mil dólares semanales para ser su asistente, pero tenía que hablar inglés. No me entró el idioma y por eso no me quedé”, cuenta.
El reconocimiento internacional convivió, sin embargo, con una deuda que todavía siente en casa. Grabó discos, trabajó con grandes músicos y siguió defendiendo su faceta de sonero, pero considera que las radios peruanas nunca le dieron a su obra musical el espacio que merecía.
“El disco más bravo que grabé fue con Johnny Pacheco, “La estrella del son”. Tengo como diez discos, pero acá nunca los pasaron por la radio. Ya cuando me muera los pasarán”, ironiza.
Oportunidad perdida
Melcochita asegura que, a estas alturas, ya cumplió los grandes sueños que alguna vez tuvo. Cantó junto a sus referentes, recorrió el mundo y construyó una carrera que superó todo lo que imaginó. Pero entre tantos logros rememora una gran oportunidad que perdió.
“Roberto Torres me estaba buscando para que cantara ‘Caballo viejo’. Yo estaba en Lima porque estaba enamorado. Mira la oportunidad que perdí por amor (ríe). Qué iba a imaginar que se trataba de esa canción, porque cuando él me buscaba generalmente era para ofrecerme algún tema que no le gustaba, como una cumbia”, recuerda.
No lo dice con amargura. Cuando se le pregunta si cambiaría algo de su vida, responde que no. A los 90 parece haber hecho las paces incluso con aquello que pudo ser y no fue.
La otra cara
La risa no lo libró del dolor. Cuando murió su madre, Melcochita tuvo que subir al escenario, cumplir con una presentación y recién después ir a despedirla.
“Mi mamá murió y yo tuve que ir a trabajar nomás, porque soy profesional. Luego de la presentación fui a su velorio”, recuerda.
Noventa
El próximo 26 de septiembre celebrará sus nueve décadas de vida con “Los 90 de Melcochita: La despedida del sonero”. El nombre sugiere un adiós, pero él todavía está lejos de bajar el telón: sigue grabando, mantiene la guitarra cerca y conserva intactas las ganas de volver al escenario.
“Mis neuronas están bien. Pienso, me acuerdo de mi infancia de mis chistes y tengo buenos reflejos”, asegura.
Después de nueve décadas, podría enumerar estadios, viajes, discos, artistas célebres y reconocimientos. Sin embargo, cuando se le pregunta de qué se siente realmente orgulloso, la respuesta abandona los escenarios. “De mis hijos”, dice.
Tiene nueve y suma 24 nietos.
Después de todo ese camino, hacer reír a Celia Cruz, cantar ante multitudes, dormir alguna vez en una estación de tren y llegar mucho más lejos de lo que imaginó, Melcochita mira hoy su historia desde otro lugar. A los 90, el balance ya no pasa solo por lo que conquistó, sino por aquello que, después de tantos escenarios y viajes, todavía conserva cerca.
El dato
«Los 90 de Melcochita, la despedida del sonero» este 26 de septiembre a las 8:00 p.m., en el Parque de la Amistad de Surco. Entradas en Teleticket.


