En la sala de su casa no hay micrófonos ni amplificadores. Hay conversación. Y, en medio de ella, una frase que termina ordenándolo todo. Abrl —sin la “i”, en su versión artística— conversaba con el cantante nicaragüense Luis Enrique sobre su música cuando encontró, sin proponérselo, la definición más clara de su proyecto. “Yo siento que estoy escribiendo mis pensamientos, pero en voz alta”, le dijo. La frase quedó flotando. Después la anotó en un cuaderno. Hoy es el nombre de su primer EP, “En voz alta”, y también la manera más honesta de describir lo que propone: canciones que nacen de lo que antes se quedaba en silencio.
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Esa decisión de abrirse no fue impulsiva, sino progresiva. Canción a canción, Abrl fue perdiéndole el miedo a nombrar lo que antes esquivaba. Entendió que lo que más le costaba decir era, justamente, lo que le daba sentido al proyecto.
“En verdad estoy cantando todo lo que alguna vez escribí en mi diario o lo que le conté a mi terapeuta o a alguien que me ayudó a desahogarme. Son mis pensamientos en voz alta. Cada canción es un punto importante del último año de mi vida, cosas que descubrí, que sentí y que por fin pude poner en palabras. Es mi forma de presentarme tal cual soy, mi primera sacadita de cabeza del agua”, confiesa.
Ser la hija menor de Gian Marco significa crecer en una casa donde la música es rutina. Guitarras afinándose en la sala. Conversaciones sobre melodías en la mesa. Hermanos que también escriben y cantan. La herencia, sin embargo, no resuelve la pregunta más difícil.
“Siempre supe que quería dedicarme a la música. Lo que no sabía era qué quería decir yo”, explica.
En septiembre de 2024, Abrl se mudó a Miami. Pasó un año entero en la escuela de música Art House, sumergida en clases de terapia vocal, composición y teoría musical, en una búsqueda constante por encontrar su identidad sonora. Fue un periodo intenso, sin pausas ni vacaciones.
“Fue un proceso muy emocional, profundamente introspectivo. Me tomó meses descubrir qué tipo de música quería hacer. Necesitaba encontrar mi propia voz, mi identidad fuera de mi papá y de mis hermanos. Los admiro muchísimo, son mis mayores inspiraciones, pero transformar esa admiración en algo verdaderamente mío fue, sin duda, lo más difícil”, confiesa.
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Encontró su sonido —una mezcla de indie con pop y matices folk— a partir de la experimentación. Pasó horas con la guitarra, cambiando afinaciones, probando acordes que la obligaran a salirse de lo aprendido en casa y a cuestionar sus propias referencias. Ese proceso abrió puertas enormes: no solo transformó su manera de componer, también afinó su oído para la producción y la construcción de melodías más personales.
Las seis canciones que componen “En voz alta” funcionan como una bitácora del último año de Abrl. Sin embargo, “Mi lugar favorito” es la que, dice, la representa más.
“Esa canción es la raíz de todo el proyecto. A partir de ella, el resto se acomodó. Hay temas en el EP que hablan de un momento en mi vida en el que la estaba pasando muy mal, un periodo muy depresivo, muy ansioso. Fue un proceso duro. Y hasta ahora, cuando escucho algunas canciones, me pongo nerviosa”, reconoce.
“Pero justamente por eso valió la pena. Ponerle música y melodía a sentimientos que antes eran muy oscuros fue algo que me ayudó muchísimo. Creo que todo este proyecto tiene eso: transformar algo que me dolía en algo que ahora puedo entender y compartir”, añade.
Abrl compone muchas veces en el piso de su cuarto. Literalmente. Ahí se siente libre. Ahí nació “De mi parte”, una de las canciones más movidas del EP. La dejó para el final como cierre simbólico de sus veinte años. El lanzamiento coincidió con su cumpleaños número 21.
“Lancé mi EP el 9 de abril porque quería que fuera mi regalo de cumpleaños. Sentir que le estoy hablando a la Abril del 2025 y decirle que estoy escuchando tu EP, como que verlo desde tercera persona”, narra.
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Sus referentes musicales van desde el indie introspectivo de Lizzie McAlpine y el soul de Yebba, hasta la técnica vocal de Ariana Grande. Pero también están en casa, melodías que escuchó desde niña, estructuras que se le quedaron grabadas sin darse cuenta.
“Recuerdo, cuando tenía 9 años, mirarme en el espejo y analizar mi garganta, mi cara, la forma de los músculos que tengo para aprender a cantar las notas que escuchaba”, dice.
Hoy, Abrl habla de propósito más que de proyección. No menciona cifras ni metas industriales. Habla de comunidad.
“Hace poco vi una entrevista de Timothée Chalamet donde decía que quería estar al lado de la gente que admira y ser alguien dentro de la industria. Yo también tengo esa ambición. Los premios me encantarían, sí, pero lo que más me importa es inspirar. Crear un impacto real en la vida de las personas. Revolucionar, aunque sea un poco, la forma en la que la gente escucha música y generar un espacio nuevo”, señala.
El lanzamiento de “En voz alta” no será un punto final, sino el inicio de un recorrido en vivo. Abrl quiere que las canciones respiren fuera del estudio.
“En los próximos meses me encantaría hacer una temporada en el Cocodrilo Verde y en La Estación de Barranco. Me gustaría que el EP tenga ese espacio, poder tocarlo y sentirlo con la gente después del lanzamiento, porque cada canción es muy personal. Ojalá que, cuando alguien encuentre mi música, sienta que ese es su lugar favorito, su lugar seguro”, detalla.
También se permite imaginar escenarios más amplios. Teatros llenos, luces encendidas. Se ve compartiendo escenario con artistas que admira, como Pablo Alborán o Juan Luis Guerra. Y, en una imagen que la entusiasma especialmente, se ve junto a su papá y a sus hermanos. Eso, dice, sería muy especial.
Pero por ahora, su ambición tiene otra escala: que alguien, en algún lugar, escuche una canción y se reconozca en ella. Que esa persona sienta que no está sola. Que lo que alguna vez fue un pensamiento escrito en silencio, ahora pueda sostenerse, sin miedo, en voz alta.
El dato
“En voz alta” está disponible en todas las plataformas digitales bajo el nombre de Abrl.














