Laly Goyzueta vuelve al teatro con “Feliz cumpleaños, doña Zoila”, una obra que combina humor y emoción. Y es allí, sobre un escenario sin cortes ni segundas tomas, donde admite sentirse más vulnerable que nunca.
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Desde niña, el arte motivó a Laly Goyzueta, aunque su timidez muchas veces la frenaba. “Siempre me gustó lo artístico, pero no decía lo que quería. Quería bailar ballet y me decían que no… y me quedaba callada”, recuerda.
Ya en la universidad, mientras estudiaba Comunicaciones, la vida la fue llevando hacia otro escenario. Empezó modelando en televisión casi por casualidad, en programas como “Casino 4”, junto a Johnny López, y en “El Baúl de la Felicidad”.
“Trabajaba allí para pagar mis estudios. Cuando terminé la carrera me propusieron actuar en una obra de teatro y, sin saber nada de actuación, acepté”, confiesa. Luego llegarían nuevas oportunidades, un viaje a México para formarse en Televisa y, a su regreso, su primera telenovela: “Torbellino”.
Pero el verdadero punto de quiebre llegaría después, con “1000 oficios”, la serie que la convirtió en un rostro popular y la instaló definitivamente en la televisión peruana como Doris Beltrán, ‘La Innombrable’.
“Fue un antes y un después. Recibí muchísimo cariño. Hasta hoy, cuando hago un live, me dicen ‘La Innombrable’. Ese personaje sigue vivo, pese a los años y a que ya he participado en más de 20 producciones”, comenta.
Sin embargo antes de ese reconocimiento actoral hubo otro título que marcó su imagen pública: el de “las piernas más lindas de la televisión”. La distinción llegó cuando formaba parte de “Casino 4” y la premiación se realizó en “Triki Trak”, donde el popular astrólogo Zandrox fue el encargado de entregarle el premio.

La actriz debutó en el programa Casino 4, en 1988 vía América Televisión. (Foto: archivo personal)
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Ese título, que reforzó su exposición mediática, también la colocó bajo una lupa constante. Durante un tiempo sintió que aquella corona simbólica pesaba más de lo que parecía.
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“En algún momento ese título me incomodó, porque sentía que solo veían una parte física en mí”. Hubo comentarios malintencionados —“tú solo eres un par de piernas”— que le dolieron más de lo que admitía en público.
“Me dolía en el fondo de mi corazón, pero hoy me río y hasta me pongo más minifalda. No me gusta vestirme como señora mayor, me gusta vestirme achibolada. Creo que debieron elegir unas segundas piernas más lindas y tener una sucesora”, dice entre risas.

Una foto del recuerdo de 1992, cuando Goyzueta fue reconocida como Miss Perú USA. (Foto: archivo personal)
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En aquel momento, sin embargo, no había espacio para la ironía. Mientras el público celebraba el título, la presión estética comenzaba a instalarse peligrosamente en ella. La exigencia por el cuerpo perfecto se intensificó cuando participó en un concurso de belleza y le pidieron bajar de peso porque “la cámara engorda”.
“Fue una etapa en la que sentía mucha presión por el físico. Empecé a hacer esfuerzos extremos por reducir medidas, pero luego no podía sostenerlo. Tomé pastillas que no eran las adecuadas y opté por una solución que no fue la mejor y que terminó haciéndome muchísimo daño”, reconoce.
Paradójicamente, la etapa más dura —marcada por su lucha contra la bulimia— coincidió con uno de los mayores éxitos de su carrera: “1000 oficios”. Mientras el público la celebraba y la convertía en un rostro popular, por dentro atravesaba su momento más frágil.
“Donde tenía más éxito, más miradas sobre mí, ahí es donde estuve más enferma. Salía a escena, sonreía, cumplía con el personaje. Pero no estaba bien”, revela.
El giro decisivo llegó con el respaldo de su familia y, sobre todo, de su esposo, quien fue claro: la amaba y seguirían juntos, pero no podían formar una familia si ella no sanaba. Esa conversación marcó el inicio de un proceso profundo para enfrentar la enfermedad, una batalla silenciosa que se extendió durante casi una década.
“El deseo de ser mamá se convirtió en mi motor. Busqué ayuda terapéutica, enfrenté el problema y entendí que la verdadera belleza no estaba en la talla, sino en la armonía”, resume.
En el presente, su energía se reparte entre el teatro, la televisión y nuevas búsquedas personales. Tras su reciente paso por “Al fondo hay sitio”, continúa formándose como astróloga con enfoque terapéutico y como coach, además de dictar clases de pilates.
“A mis 57 años estoy en búsqueda de mi esencia”, dice. Ya no corre detrás de validaciones ni títulos. Se permite la minifalda, la risa, la madurez y la vulnerabilidad. Y mientras vuelve al escenario con “Feliz cumpleaños, doña Zoila” , lo hace con la seguridad de que hay mucho más por disfrutar.
El dato
«Feliz cumpleaños, doña Zoila» va desde el 7 de mayo al 30 de mayo en el Centro Cultural de la Universidad de Lima. Las entradas están a la venta en Joinnus.













