Para Matías Tolsá (Argentina, 1983), caricaturista profesional, hay rostros que son como un “caramelo”. Facciones y detalles tan únicos en ellos que retratarlos podría parecer sencillo. Hay veces que es así; otras no. Él acaba de ganar el Gran Premio de Caricatura- Málaga Grenet 2025, tercera edición del concurso peruano que este año tuvo como tema al artista pop Andy Warhol. Tolsá, en su rendición visual, destaca lo marcado de los pómulos, los lentes que en este caso son casi un antifaz, y el cabello rubio platino que hicieron del pintor un ícono.
“Mi padre es un humorista gráfico, es dibujante de prensa, entonces desde pequeño siempre mamé mucho de su caricatura”, contó el dibujante en entrevista con este Diario. Él se impuso por sobre 393 caricaturas enviadas desde un total de 48 países. Él se encuentra en España, donde ha vivido desde niño, pero llegará al Perú a recibir el premio, auspiciado por el Centro Cultural Peruano Norteamericano y que toma su nombre del dibujante arequipeño Julio Málaga Grenet, quien dicho sea de paso llegó a colaborar con El Comercio.
—Puedo suponer que el caricaturista es un ser bien observador. ¿Es ese tu caso?
Supongo que sí. Siempre me he fijado mucho y especialmente las caras, las expresiones me han llamado mucho la atención.
—Cuando una persona es famosa y ya se le han hecho varias caricaturas, ¿Es difícil alejarse de lo que ya se ha visto?
Ese es el problema que identificaba con Andy Warhol. Es una de esas caricaturas que casi podría representar sin ponerle ojos, nariz o boca. Algo parecido pasa con Donald Trump, con Woody Allen y otros personajes que se han dibujado mucho. Incluso con una forma medio abstracta ya podrías reconocerlos fácilmente. Quizá por complicarme un poco, por no elegir el camino fácil, estuve mirando bien fotos de Warhol, fijarme bien en sus ojos, que se le ve un lado un poco oscuro, inquietante, y me interesaba entrar por ahí.
—Pienso en las caricaturas de Ronaldinho Gaúcho. Siempre lo ponen con una boca bien particular.
Es que hay algunos personajes que son un caramelo para cualquier caricaturista, tienen rasgos muy divertidos, muy obvios de exagerar. Pero a veces esos personajes se pueden complicar, porque uno comienza creyendo tener muy claro qué hacer, porque identificas una boca y unos dientes muy exagerados, pero en realidad el parecido sobre todo está en los ojos. Y muchas veces no paramos atención ahí.
—¿Existe el rostro que no destaque para nada?
Hay caras que son efectivamente difíciles. En algunos personajes hay que “picar mucha piedra”, ir buscando, pero a la vez son retos interesantes. Con los años de experiencia creo que ya sé identificar cuándo una caricatura me va a costar más o menos antes de empezarla.
—Me llamó mucho la atención la caricatura que hiciste de Franz Kafka. Desde la posición de los ojos hasta la forma de las orejas, parece que todo está milimétricamente pensado.
No sé si tan planeado, porque a veces a veces hay caricaturas que voy construyendo de forma intuitiva, sin tener muy claro para dónde ir. No recuerdo muy bien cómo fue el proceso de Kafka, pero tenía claro qué cosas exagerar y quería hacer a la vez una cosa como loca, que hubiera un desorden casi cubista en los elementos de la cara. Fue uno de esos procesos más orgánicos, no tan planificados, de ir buscando el límite hasta dónde puedo desfigurarlo, hasta dónde puedo subirle un ojo sin perder la esencia del personaje.
—La caricatura ha tenido como espacio tradicional la prensa escrita, impresa. ¿Cómo queda el trabajo del caricaturista ahora que los medios impresos están cada vez en más problemas por todo el mundo?
Esa es la gran duda que tenemos los que nos dedicamos a esto. Yo actualmente estoy publicando en un par de medios, en una revista suiza y otra es una revista literaria argentina que se llama “Orsai”. Esporádicamente, en una catalana que se llama “Catorze”. Si tuviera que vivir solo de eso sería difícil. Y el horizonte, digamos, no pinta mejor. Tengo muchos compañeros que han ido perdiendo sus lugares de trabajo y en algunos casos incluso por la inteligencia artificial; diarios que han empezado a recortar los gastos en colaboraciones gráficas porque han visto que hay una herramienta gratuita que les permite solucionar el tema gráfico y en pocos segundos. Veremos hacia dónde va, pero es un poco complicado, se pone un poco negro.
—Se habla se habla mucho que la inteligencia artificial te podrá hacer una caricatura, pero que no tiene alma, no tiene intencionalidad. ¿Cómo lo ves tú?
Es posible. Tendremos que preguntarnos si valoramos el alma o nos conformamos con cosas más superficiales. Yo imagino que la caricatura o el arte gráfico, de prensa, sobrevivirá, o quiero creer que sobrevivirá, pero a lo mejor como una pieza especial, por el valor añadido que puede tener el hecho de estar dibujado por una mano humana.












