Perros, gatos, tortugas y hasta un chivo… cientos de mascotas rescatadas de los escombros tras el doble terremoto en Venezuela permanecen en refugios temporales, a la espera de reencontrarse con sus antiguos dueños o sus nuevos amos adoptivos.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Astrid Ugas, de 17 años, llegó con la intención de adoptar un gato para que le haga compañía al que tiene en casa, que se quedó solo después de que su pareja desapareció con los sismos.
“Quiero ayudar a todos los que lo necesitan”, expresa Ugas, quien terminó llevándose a cuatro mininos.
Casi un mes después de los potentes terremotos, los socorristas venezolanos rescataron a un gato de las ruinas de un edificio, lo que para ellos mantiene la esperanza de encontrar a otros con vida.
El pequeño felino de pelaje negro fue hallado en la llamada zona cero de La Guaira, donde seis torres de viviendas de interés social de entre 12 y 17 pisos se desplomaron por completo.
El animal fue atendido por veterinarios en el lugar y luego trasladado a un improvisado refugio instalado en un McDonald’s, que en las primeras semanas de la tragedia funcionó como centro ambulatorio.
LEE TAMBIÉN: Palacio legislativo de Venezuela “sufrió daños” por sismos y diputados sesionan en sede alterna
“Hemos atendido 50 diarios, entre perros, gatos, tortugas, también trajeron un chivo”, enumeró Yanier Veliz, estudiante de veterinaria y voluntario de 20 años. En este hospital provisional también reciben a las mascotas que sus dueños llevan a consulta.
En el refugio de la Misión Nevado, a unas pocas calles de distancia, incluso algunas gatas parieron y ahora cuidan a sus recién nacidos dentro de sus pequeñas jaulas.
En este refugio han sido más las personas que han encontrado a sus animales que las que no después del doble sismo, explica Amanda González, estudiante de veterinaria de 25 años.
“Han sido muy emotivos los reencuentros”, cuenta González. “Todo el mundo termina llorando aquí, porque son animales que a lo mejor daban por desaparecidos y, al ver que están acá, son felices ellos y nosotros” también.













