El reciente cambio en la PCM constituye un hecho inédito en la historia política peruana, pues el aún breve mandato presidencial, en menos de un mes, ha anunciado a tres personas al frente del segundo cargo político más importante del país.
En ese sentido, si para efectos contables se suma la nonata gestión de Hernando de Soto, son tres los primeros ministros que ha tenido el mandatario José Balcázar, además de la recientemente defenestrada Denisse Miralles. A ese ritmo, se ha tenido un premier cada diez días.
El de Miralles, por lo demás, es un caso muy similar al de Pedro Cateriano respecto de Martín Vizcarra, tanto en su duración (21 y 22 días, respectivamente) como en el abandono (¿traición?) que experimentaron. Como resulta evidente, Vizcarra ayer y hoy Balcázar se desentendieron de sus cercanos colaboradores por intereses ajenos a la gestión gubernamental: en un caso, para evitar un premierato que le hiciera sombra; en otro, para congraciarse con la mayoría parlamentaria que lo sostiene.
Es más, en ambas situaciones resalta la fuerza de actores parlamentarios con poder de veto, casi todos con candidatos presidenciales en contienda y algunos hasta con serias denuncias de favorecimiento de distinta naturaleza.
¿Cuándo se gestó la remoción de Miralles? Se sabe de presiones de variada intensidad, al menos desde el cambio de la semana pasada en el Minsa. Por otra parte, el rumor persistente en predios políticos era que los grupos que apoyaron la elección de Balcázar porfiaban por más cuotas.
Pero no fue hasta el sábado que el malestar se hizo verbo. El congresista, candidato presidencial y cabeza de lista al Senado por Podemos, José Luna, lo dijo sin ambages a RPP: “Nosotros estamos evaluando no darle el voto de confianza… Yo creo que el presidente tiene ya su escenario posible, porque las bancadas están anunciando que la señora no da la talla” (14/3/2026). Al final, todo se terminó desmoronando en pocas horas, durante la accidentada mañana del martes 17.
Visto el origen del nombramiento de Balcázar (un tumulto de intereses y clientelas de diverso pelaje), su umbilical dependencia de la coalición congresal parece coherente. Pero no era el único desenlace posible. De hecho, dos antecesores suyos, en circunstancias similares (Valentín Paniagua, en 2000-2001, y Francisco Sagasti, en 2020-2021), supieron lidiar con congresos adversos y presiones.
Paniagua, en los hechos, gobernó teniendo al frente a una poderosa bancada fujimorista y al poder y las redes de Vladimiro Montesinos aún latentes. Sagasti, por su parte, tuvo que encarar a los grupos que vacaron a Vizcarra y que estaban listos para hacer lo propio.
Hoy, en cambio, el arroyo de aguas mansas en que pudo discurrir la gestión Balcázar parece estarse convirtiendo en un peligroso pantano.
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