martes, marzo 24

Cada marzo, en más de 170 países, ocurre algo transformador: millones de niños y jóvenes hablan de dinero. No de riqueza fácil ni de especulación, sino de decisiones, hábitos y futuro. Es la Global Money Week (GMW), una iniciativa impulsada por la OCDE desde 2012 que busca algo tan simple —y urgente— como impulsar que las nuevas generaciones desarrollen una relación sana, informada y segura con el sistema financiero.

Desde su creación, la GMW ha alcanzado a más de 60 millones de jóvenes en el mundo, articulando esfuerzos entre gobiernos, bancos, fintechs, colegios y organizaciones. Su objetivo es claro: construir capacidades financieras, con decisiones económicas que comienzan cada vez más temprano —desde el primer ingreso, el uso de billeteras digitales o la exposición a inversiones y fraudes online–.

El Perú ha sido parte de esta agenda global a través de iniciativas impulsadas por el sector público y privado. La SBS, el Banco Central y diversas entidades han promovido contenidos orientados a fortalecer la educación financiera. Hoy, ese camino continúa evolucionando, con nuevas oportunidades para conectar mejor con una generación cada vez más digital.

La edición 2026, bajo el lema “Smart Money Talks”, pone el foco en hablar de dinero. Conversaciones abiertas sobre ahorro, gasto, inversión, deuda y riesgos digitales. Países de Europa, Asia y África están integrando la educación financiera en currículos escolares, utilizando plataformas digitales, simuladores y hasta videojuegos para acercar estos conceptos de forma práctica y relevante.

¿Y en el Perú? Existen señales positivas. Hoy se vienen impulsando esfuerzos de educación e inclusión financiera en canales digitales, redes sociales y una mayor adopción de las billeteras móviles, lo que abre una oportunidad única para conectar educación financiera con uso. Pero falta articulación, escala y, sobre todo, una narrativa país que vuelva a poner este tema en el centro. Para el sector financiero, además, esta es una apuesta de largo plazo: contribuir a formar ciudadanos y futuros clientes más informados y responsables.

Una iniciativa que quiero resaltar y que me llena de ilusión, es la que estamos desarrollando entre Innova Schools e Interbank, para incorporar de manera progresiva competencias de educación financiera en el currículo escolar, con la aspiración de llegar a todos los docentes, alumnos y ampliar su alcance a más colegios.

La educación financiera no es un ‘nice to have’, es infraestructura social. Un joven que entiende cómo presupuestar, ahorrar o evitar un fraude no solo toma mejores decisiones; construye resiliencia y aporta a una economía más sólida e inclusiva. En resumen, competencias para la vida.

En un país como el Perú, apostar por la educación financiera es apostar por desarrollo. No se trata solo de enseñar números, sino de formar ciudadanía, criterio, confianza y autonomía.

La Global Money Week nos recuerda que el futuro financiero de un país no empieza en los mercados, sino en las conversaciones que tenemos —o dejamos de tener— con nuestros jóvenes hoy.

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