Más de la mitad de las empresas de Latinoamérica detectó intentos de ataques contra sus sistemas informáticos en el último año, de acuerdo con el ESET Security Report 2026. Entre las organizaciones que no registraron incidentes, una de cada cuatro admite que estos pudieron ocurrir sin ser descubiertos por falta de tecnología suficiente.
Más de la mitad de las empresas de Latinoamérica detectó intentos de ataques contra sus sistemas informáticos en el último año, de acuerdo con el ESET Security Report 2026. Entre las organizaciones que no registraron incidentes, una de cada cuatro admite que estos pudieron ocurrir sin ser descubiertos por falta de tecnología suficiente.
El estudio identificó que el 52,7 % de las empresas encuestadas detectó al menos un intento de ataque. A ello se suma que el 15,4 % no pudo confirmar si había sido blanco de estas amenazas, una señal de las brechas de visibilidad y detección que persisten en la región.
“Que más de la mitad de las empresas haya detectado intentos de ataque demuestra que las amenazas están presentes de forma constante. Sin embargo, el hecho de que una proporción significativa de las organizaciones que no reportaron incidentes considere posible haber sido atacada sin detectarlo evidencia que todavía existen brechas importantes en capacidades de monitoreo, análisis y detección”, señala a El Comercio David Gonzales, especialista de seguridad informática de ESET Latinoamérica.
“En otras palabras, no siempre la diferencia está en quién es atacado, sino en quién tiene la capacidad de identificarlo y responder adecuadamente”, añade.

El monitoreo constante ayuda a identificar amenazas antes de que comprometan los sistemas empresariales. (Foto: Freestocks)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Los principales vectores de ataque
El informe también revela los vectores de ataque más frecuentes en la región: phishing o ingeniería social (73 %), accesos no autorizados (40 %), infecciones por malware (31,6 %), explotación de vulnerabilidades (29,2 %) y secuestro o filtración de información (8,4 %).
El phishing, el vector más recurrente, consiste en suplantar a empresas, entidades públicas u otras instituciones legítimas para obtener información sensible, como tarjetas, cuentas o credenciales. Mediante correos, aplicaciones de mensajería o llamadas —generalmente acompañados de mensajes de urgencia— los atacantes buscan que sus víctimas compartan datos confidenciales o descarguen archivos maliciosos.
Su antigüedad no lo ha vuelto menos efectivo. Los ciberdelincuentes continúan obteniendo resultados con esta técnica y, con ayuda de la inteligencia artificial, pueden generar mensajes cada vez más creíbles y cercanos a las potenciales víctimas.
“Las tecnologías emergentes permiten generar mensajes cada vez más creíbles, reduciendo las señales tradicionales que permitían identificar intentos de fraude. Por ello, su persistencia no puede atribuirse únicamente a una falta de controles internos; también responde a la evolución constante de las tácticas utilizadas por los ciberdelincuentes”, señala Gonzales.
Los accesos no autorizados pueden producirse de diversas formas: desde ataques de fuerza bruta hasta el secuestro de sesiones o el uso de credenciales expuestas. Estas intrusiones pueden explotar debilidades en la infraestructura de seguridad o recurrir a estrategias para engañar a usuarios y obtener sus claves de acceso.
En tanto, el malware, la explotación de vulnerabilidades y la filtración o secuestro de información suelen estar vinculados con archivos maliciosos, sistemas desactualizados o fallas no corregidas en los programas que utilizan las compañías.
La detección de incidentes requiere herramientas y capacidades de análisis especializadas. (Foto: Boitumelo)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
La pieza clave: el factor humano
En cualquier entorno empresarial, la tecnología es un componente esencial de la estrategia de ciberseguridad, pero Gonzales explica que por sí sola no basta. “Los ataques más frecuentes identificados en el informe, como el phishing y los accesos no autorizados, tienen un fuerte componente asociado al comportamiento de los usuarios. Lo que demuestra que la seguridad depende del equilibrio entre personas, procesos y tecnología”.
Por más que una organización cuente con herramientas avanzadas de protección, si los colaboradores y usuarios no adoptan buenas prácticas de seguridad o desconocen los riesgos a los que están expuestos, la defensa no está completa.
La brecha también se refleja en las prácticas de los usuarios. Aunque el 81,4 % de los empleados no técnicos utiliza antivirus en sus equipos de trabajo, solo el 52,2 % activa la doble autenticación en sus cuentas laborales. El informe advierte que esta capa adicional de protección sigue siendo insuficiente frente al riesgo de robo o filtración de credenciales.
Los teléfonos corporativos, por su parte, aparecen como otro punto débil: uno de cada cuatro empleados (26,9 %) reconoce no utilizar ninguna medida de seguridad en su dispositivo móvil de trabajo.
“El phishing sigue siendo una de las técnicas más exitosas porque explota el factor humano, que continúa siendo uno de los elementos más difíciles de proteger dentro de cualquier organización. Aunque se trata de una modalidad conocida desde hace años, los atacantes han perfeccionado considerablemente sus métodos mediante campañas más personalizadas, convincentes y escalables”, comenta el especialista de ESET.
Para Gonzales, la formación continua y el fortalecimiento de la cultura de seguridad son tan importantes como la inversión en soluciones tecnológicas.
Los sistemas desactualizados y las vulnerabilidades sin corregir pueden abrir la puerta a intrusiones. (Foto: Shahadat Rahman)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Pequeñas empresas, grandes riesgos
El reporte de ESET se elaboró con respuestas de 1.563 profesionales del sector, vinculados a 962 empresas de distintos rubros en América Latina. Aunque suele pensarse que este tipo de ataques se dirige principalmente a las grandes organizaciones, las pequeñas empresas también están expuestas y, en algunos casos, pueden ser más vulnerables.
“Existe la percepción de que los ciberdelincuentes se enfocan únicamente en grandes corporaciones, pero en la práctica muchas campañas de ataque son automatizadas y buscan objetivos vulnerables sin importar su tamaño”, señala el ejecutivo de ESET a este Diario.
El problema se agrava porque las pymes suelen contar con menos recursos especializados, menor capacidad de monitoreo y procesos de seguridad menos maduros. Todo ello dificulta tanto la prevención como la detección de incidentes.
Para Gonzales, el factor diferenciador no es tanto el tamaño de una organización, sino su nivel de preparación y consciencia sobre los riesgos que enfrenta.
Otro elemento que concierne a todo tipo de empresa es el rol reactivo que muchas mantienen: actúan principalmente después de que ocurre un ataque. Esta estrategia, aunque necesaria, resulta insuficiente frente a la necesidad de prevenir y anticiparse a las amenazas.
La estrategia debe virar de un modelo centrado en reaccionar ante incidentes hacia otro basado en la anticipación y la gestión continua del riesgo. Esto implica fortalecer la capacidad de monitoreo, identificar oportunamente vulnerabilidades, comprender el panorama de amenazas, capacitar de forma permanente a los colaboradores y desarrollar capacidades efectivas de respuesta.
“La prevención no elimina por completo la posibilidad de sufrir un incidente, pero sí permite reducir significativamente su probabilidad y minimizar su impacto. Las organizaciones más maduras son aquellas que asumen que los ataques ocurrirán y se preparan para detectarlos y contenerlos de la forma más rápida posible”, dice Gonzales.



